Columna: Memoria Histórica

En la memoria histórica de Pachuca hay hechos que se deben conocer, aquí algunos de ellos. En esta entrega, se recuerda cómo ocurrían asesinatos y demás violaciones a los derechos humanos en Hidalgo, sin que nadie se responsabilizara por esos delitos.

Cuando los Derechos Humanos en Hidalgo estaban ausentes

Por Bonfilio Salazar / Desde Abajo

Los años veintes:

Las andanzas políticas de Adolfo de la Huerta en lo que respecta al Estado de Hidalgo, no se constriñeron a la realización de mítines; cuando pierde las elecciones, de la Huerta decidió por la rebelión y en su aventura lo acompañó Marcial Cavazos. Este último tamaulipeco, según las opiniones externadas en la prensa de la época, era considerado un hombre valiente y caballeroso, dos cosas que se han apreciado mucho en este país. Cuando Cavazos, ya con el grado de Coronel y en su calidad de jefe de operaciones en el estado de Hidalgo, sigue a de la Huerta, se convierte entonces en un general rebelde con el apoyo manifiesto de muchos hidalguenses. El día 10 de enero de 1924, Cavazos tomó Pachuca. Su gente, que no era poca, con mucha confianza rondaba por todas partes, por plazas, calles y jardines. Al día siguiente, ante el anuncio de la llegada de tropas del gobierno, abandona la ciudad; después de batallar intensamente, el día 21 es alcanzado en tierra hñahñu, en la hacienda de Pozuelos en el municipio del Cardonal. Zertuche, capitán de las fuerzas de gobierno, lo mató de dos tiros. A la mañana siguiente el cadáver de Cavazos llega a Pachuca. Contrariando órdenes del presidente Obregón, es expuesto en el pórtico del Teatro Bartolomé de Medina, y un desfile distinto se da en la Plaza de la Independencia, de gentes dolientes o curiosas que quieren ver por última vez a tan famoso general.

De la Huerta dejó de preocupar a las autoridades federales y estatales, sin embargo, el cavacismo sin Cavazos se manifiesta continuamente entre la población, situación que fue aprovechada por los enemigos del régimen. Un domingo 8 de junio de 1924, a las once de la mañana por el Ferrocarril Central llegó a Pachuca el General D. Angel Flores, candidato a Ia presidencia de la república. Fue bien recibido en la estación por un gran número de sus partidarios. Más tarde, un discurso del Lic. Castro López causó gran entusiasmo entre el numeroso auditorio cuando se refirió al extinto General Marcial Cavazos. A medio día hubo un banquete, y regresó el General Flores en el tren de la tarde. Las notas de la prensa de ese acto citan: «No dejó de haber un ligero desorden. Salieron a relucir las pistolas. Dispararon algunos tiros y uno de ellos fue a herir al obrero José Alcántara», (punto).

No había pasado ni un mes de la última balacera política, cuando el Coronel Juvencio Nochebuena Palacios. de largo historial como soldado de la revolución, asesinó el viernes 4 de julio de 1924, al joven Gustavo Silva en el interior de una sastrería ubicada en plena Plaza de la Independencia, Silva no era conocido de Nochebuena, pero éste lo mató con un tiro porque se atrevió a reclamarle «los términos inconvenientes que usaba» al dirigirse a la madre del dueño de la negociación.

Donde sí se ejerció el derecho y la defensa pública de un ciudadano fue un domingo 11 de enero de 1925 cuando llegó a Pachuca el Coronel Matías Rodríguez, candidato a gobernador del Estado por el Partido Laborista Hidalguense. Los balcones del Hotel Grenfell, con vocación cumplida de tribuna política fueron utilizados por el candidato y los señores Aurelio Manrique, gobernador del estado de San Luis Potosí, el Lic. Javier Rojo Gómez y algunos más, quienes generosamente presentan al candidato. Todo caminaba bien hasta que unos gendarmes aprehendieron a uno de los manifestantes, esto dio lugar a que el Coronel Rodríguez y sus seguidores se dirigieran a la Inspección de Policía, poniendo en libertad a su compañero».

(“La Plaza de la Independencia de la Ciudad de Pachuca» de Arturo Herrera Cabañas, 1992. edición especial de la Presidencia Municipal de Pachuca, Hgo.)

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