Columna: Sobre la mesa

Por Elsa Angeles / Desde Abajo

En el año 2003, el entonces gobernador Manuel Angel Núñez Soto, autorizó el levantamiento de la Encuesta Estatal de Nutrición, en la cual se midieron, pesaron y tomaron muestras de sangre a cinco mil 500 niños y niñas, menores de 5 años de edad, de cada uno de los 84 municipios de Hidalgo.

La encuesta tuvo un costo de cinco millones de pesos que fueron solventados con recursos federales y estatales. En ese tiempo, Laura Vargas de Osorio, esposa del actual gobernador, era la directora del DIF, institución que impulsó el proyecto.

De acuerdo a la versión del doctor Joel Rodríguez, director del área de investigación de la Secretaría de Salud estatal, la organización de los datos obtenidos en la encuesta fue concluido hasta 2004 y casualmente fue hasta octubre del año pasado, cuando Osorio Chong, ya como gobernador y su esposa, presidenta del DIF, cuando deciden impulsar un proyecto piloto titulado “La nutrición materno-infantil, tarea de todos».

El concentrado de todas las cifras puntuales por municipio, comunidad, pero sobre todo, los resultados de los exámenes de laboratorio de cinco mil 500 muestras de sangre de niños menores de 5 años, son celosamente resguardados por el DIF estatal. Ni la Secretaría de Salud, ni la Universidad Autónoma de Hidalgo (UAEH), de donde participaron un grupo de investigadores para diseñar la encuesta, ni ninguna otra autoridad, posee una copia de los resultados.

La encuesta estatal de nutrición es una base importante para impulsar proyectos que logren abatir el octavo lugar que ocupa Hidalgo, en el contexto nacional, por el número tan alto de desnutrición entre su población infantil.

Algunos datos (de los pocos que han permitido que se conozcan) para ilustrar la trascendencia del estudio: a nivel estatal reportó una prevalencia de 19.4{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} de niños con peso bajo muy por debajo del índice normal, 7.6{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} con peso bajo, 2.6{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} con desnutrición severa y 6.2{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} con sobrepeso.

Pero Hidalgo es sumamente desigual, sobre todo el abandono de sus comunidades indígenas se ve reflejada en los resultados. Son muy dispares las cifras entre cada una de las cinco regiones en que fue dividido el estado para la aplicación de la encuesta.

Por ejemplo, mientras en zonas urbanas como Pachuca, Tulancingo, Tizayuca, se registró peso bajo importante en 14.1{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} de su población menor de 5 años y desnutrición severa en el 2.4{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd}; en regiones con mayor población indígena, 8.1{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} tiene índices severos y 26.8{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} de sus niños tienen talla y peso muy por debajo de la media nacional. Un contraste más de preocupación y contradicción, así como hay pequeñitos desnutridos, hay niños obesos. Por ejemplo, en la región III con población principalmente indígena, por cada niño desnutrido hay cuatro obesos, de acuerdo a los resultados de la encuesta. Además, 16.1{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} de todos los pequeños encuestados en el estado, presentaron anemia.

Lo más grave de este asunto son dos aspectos. Por un lado, por qué dejaron pasar tres años para tomar en cuenta los resultados de la Encuesta Estatal de Nutrición e iniciar programas para revertir la realidad. Segundo, por qué el DIF estatal resguarda el vaciado de la información y no lo ha entregado a instituciones como la UAEH o el área de investigación de la Secretaría de Salud para que inicien un análisis de los resultados y aprovechar la riqueza de información (que debe tener) para nuevos proyectos de atención a la salud pública.

Las autoridades de Hidalgo desconocen el significado de la función pública y hacen caso omiso de su obligación de rendir cuentas, de transparentar procesos, sobre todo, de hablar de frente a la sociedad. No pueden afirmar “con bombo y platillo» que en Hidalgo se atiende la salud de su población cuando más de una cuarta parte de los niños indígenas sobreviven con peso y talla muy por debajo de la media nacional. No pueden hablar bien de los desayunos escolares, reparto de despensas y otros programas, cuando no están articulados, coordinados y fundamentados en un estudio como la encuesta de nutrición.

A través de este medio de comunicación, exhortamos a la señora Laura Vargas de Osorio, presidenta del DIF estatal, entregue los resultados de la Encuesta Estatal de Nutrición, Hidalgo 2003, a la UAEH y a la Secretaría de Salud, para que investigadores y científicos se pongan a trabajar en la información que contiene y puedan presentar un proyecto único de atención a este grave problema, ¿o esperará a que sea una realidad la ley de transparencia en la entidad para verse obligada a hacerlo?

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