Columna: Sobre la mesa

Corrupción a la hidalguense: compra de terrenos en Zapotlán

. En 2004, el entonces gobernador de Hidalgo, Manuel Angel Núñez Soto, compró el terreno donde proyectaba construir el aeropuerto, a 125 ejidatarios de Zapotlán de Juárez, al fabuloso precio de 15 pesos el metro cuadrado. Para lograrlo echo mano a todo tipo de engaños, uso ilegal de programas del gobierno federal, desvío de recursos y, sobre todo, corrupción.

Por Elsa Angeles / Desde Abajo

En 2004, el entonces gobernador de Hidalgo, Manuel Angel Núñez Soto, compró el terreno donde proyectaba construir el aeropuerto, a 125 ejidatarios de Zapotlán de Juárez, al fabuloso precio de 15 pesos el metro cuadrado. Para lograrlo echo mano a todo tipo de engaños, uso ilegal de programas del gobierno federal, desvío de recursos y, sobre todo, corrupción.

A casi tres años de distancia, los campesinos despojados por el gobierno estatal, siguen padeciendo las consecuencias sociales y patrimoniales del engaño, sobre todo porque el actual mandatario, Miguel Angel Osorio Chong, ha dado continuidad a la misma política: no cumplir acuerdos, engañar y permitir que unos cuantos funcionarios y legisladores se aprovechen del negocio en ese municipio, tan cercano a la capital y al Distrito Federal, pero tan lejos de la legalidad y la modernidad.

Fue complejo el proceso de compra que realizó el gobierno de Hidalgo de más de 500 hectáreas de terreno, pero al mismo tiempo vergonzoso. Primero, convencieron a los ejidatarios de que serían partícipes de un gran proyecto de desarrollo económico y que sus tierras de cultivo eran improductivas, que sólo valían cinco pesos el metro cuadrado, pero serían generosos y pagarían quince.

Lograron que 91 de ellos entregaran sus tierras heredadas por sus antecesores. El resto resistió y lograron negociar un “mejor precio»: a 49 pesos. Pero el gobierno los hizo firmar recibos por la cantidad de 15 pesos y les prometió el resto en “especie», no en efectivo.

Su pago fue con más de 30 placas para taxi sin darles el título de la concesión. A otros les dio 30 borregas y un semental para ser explotados, pero como no tuvieron recursos para su manutención, terminaron en barbacoas. Existen altas posibilidades que los animales hayan sido parte de un programa federal que tiene otros fines.

Los que menos protestaron les tocó material para construcción, herramientas de labranza y tractores, qué ironía, ¿para qué se las daban si ya no tenían tierras qué cultivar? Pero, el colmo del cinismo fue cuando a 20 de los ejidatarios, el gobierno los convenció de que invirtieran casi la mitad de lo que habían recibido como pago (recibieron menos de 700 mil pesos cada uno) en la compra de un camión de volteo “porque habría mucho trabajo para los habitantes de Zapotlán con la construcción de la carretera arco norte».

Los camiones les costaron alrededor de 300 mil pesos y están guardados porque “los sindicatos», todos afiliados a la CTM, no los dejan trabajar, a menos que se alineen “como borregos» a todas sus prácticas corporativas. En su empeño por aprovechar su inversión, por trabajar porque la mayoría ya se acabó sus recursos, han sido objetos de todo tipo de amenazas y cada vez que buscan al gobernador para exponerle su problema, son interceptados por funcionarios menores que sólo prometen sin resolver.

Los primeros campesinos que cayeron en el engaño del gobierno, protestaron y a cambio recibieron otro jugoso proyecto económico que les permitiría recibir ingresos superiores a los 10 mil pesos mensuales, la puesta en marcha de un “pabellón turístico» en el cruce de la carretera Pachuca-México y el próximo arco norte.

Pero, donde sólo existía una vieja gasolinera, la rehabilitaron. Construyeron un hotel que está sin acabar ni funcionar, una gran bodega para locales comerciales, abandonado y una tienda desierta de clientes. Eso sí, quien la administra, el ex ejidatario Alejandro Vázquez Mendoza, es muy amigo del gobierno y asegura que aún no hay ganancias.

El despojo del que fueron víctimas 125 familias hidalguenses por el propio gobierno, es vergonzoso. La mayoría se ha comido el poco dinero que les dieron. Los que recibieron otras compensaciones, por debajo del agua, no tienen certeza. Todos perdieron menos el gobierno, sobre todo, aquellos funcionarios beneficiados porque también aprovecharon la especulación de la tierra -generada por las propias autoridades por un aeropuerto que tiene muy remotas posibilidades de construirse- y compraron terrenos a precio de “ganga» sobre la carretera y al otro lado del polígono para la terminal aérea.

Es difícil encontrar pruebas de sus compras porque utilizaron prestanombres para sus transacciones, pero no hay mejor constancia de la verdad que la propia palabra de los pobladores de Zapotlán. Nombres como Jesús Murillo Karam, de quien aseguran compró terrenos de hasta un peso el metro cuadrado, el propio Manuel ÿngel Núñez Soto y el diputado federal Joel Guerrero, que en ese entonces, era el responsable de Obras Públicas.

Si se construye o no el aeropuerto, ya es lo de menos. El despojo ya se ejecutó, el daño a la población del municipio de Zapotlán de Juárez ya se hizo, la especulación de sus tierras despertó el hambre de todo tipo de coyotes y el exterminio de tierras de cultivo en Hidalgo es irreversible. ¿Qué sigue? Por lo menos la denuncia, la exigencia del cumplimiento de los pocos acuerdos que lograron los ejidatarios y la aplicación de auditorías a la administración del ex gobernador Núñez Soto. Este mínimo de acciones le amarrarían las manos al actual ejecutivo local y sus amigos que están en los puestos clave para continuar con estos negocios al puritito estilo hidalguense. (Desde Abajo)

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