Columna: Tiempo Nuevo

Cambiar la Politica: Desde Abajo

El 2006 fue un “parte aguas» político nacional. La creencia y credibilidad por nuestras instituciones políticas fue quebrada por un “legalismo» implantado por los poderosos (La derecha política, los dueños de Televisa y Tv Azteca y los grandes empresarios), mostraron quien gobierna este país y su desprecio por los ciudadanos y los pobres. La elección presidencial del 2 de julio quedará como un referente nefasto de imposición contra toda la voluntad popular, la limpieza y el cambio por la vía de las urnas.

Por Pablo Vargas González / Desde Abajo 

El debilitamiento a las instituciones republicanas, no fue causado por “opositores» ni por “radicales» sino justamente por un “gobierno del cambio» que se fue separando de las normas y paulatinamente divorciándose con la sociedad y la ciudadanía. El ejemplo más notorio fue la calificación de la elección presidencial: una gran fiesta de los mexicanos que terminó en farsa.

Que hacen falta otras instituciones de y para la democracia es más que una perogrullada, una necesidad imperiosa. Las encargadas de la seguridad y el orden nacieron podridas por la corrupción o la impunidad para defender la única pieza importarte: el poder presidencial. Otras, de apariencia vetusta y respetable, son feudos burocráticos sin vínculos con las necesidades de los ciudadanos. Hay que transformar el poder mismo, comenzando por la Presidencia de la República y hacer de la división de poderes un ejercicio de Estado democrático. Requerimos formas representativas parlamentarias, legisladores con verdaderas funciones de control sobre el gobierno.

Cambiar la Constitución, remodelar el Estado en sentido democrático es obra de una gran reforma, no ocurrencia presidencial. Pero ese cambio no vendrá de los arreglos entre los chicos del Head Hunters, ni de los nuevos tecnócratas de ocasión o los llamados pragmáticos que se suben adonde los lleven. Hará falta la presencia activa de una fuerza y movilización política de la sociedad, sin compromisos con los grupos de interés que mueven los hilos bajo cuerda, pero capaz de tejer amplias coaliciones sin sectarismos, siempre y cuando se den como resultado de una verdadera deliberación de cara a la sociedad.

Necesitamos un nuevo orden jurídico y político que refleje las pluralidad de la sociedad mexicana en los inicios del siglo XXI, pero nada podrá lograrse si el círculo que hoy gobierna para reproducirse, como se hizo en el pasado, sigue enfrentando con la misma desidia intelectual y menosprecio los problemas que hacen de México un país de ciudadanos pobres, cuyo destino escapa a la camisa de fuerza moral, laboral e ideológica que se le ha querido imponer al viejo estilo.

Necesitamos cambiar las prácticas políticas que hoy corroen a todos los partidos políticos, gobiernos locales y federal: cooptación política la coerción, la intimidación, el corporativismo y el clientelismo. Estás han sido las prácticas políticas sobre las que se ha mantenido el sistema político mexicano durante el siglo XX. Y el estado de Hidalgo no escapa a ese marco, por el contrario han sido mas agudos los métodos de control, que sin embargo ya vienen en decadencia.

Hemos avanzado muy lentamente como nación independiente y con mucho pesar vemos que en solo 30 años se han presentado graves retrocesos. En México no podemos hablar de nación plenamente independiente mientras existan notorios rezagos de pobreza, marginación, discriminación social y política. Mientras no se reconozcan los derechos indígenas que representan el carácter del Estado multiétnico, que se basa en el respeto y preservación de la sociedad plural que ha existido siempre. Y no podrá haber independencia plena mientras la educación, la ciencia y tecnología no sea un motor de desarrollo real.

En este momento se inicia una nueva lucha por la nación. Pero no por una sola, a la que estuvimos acostumbrados en el siglo XX, cuyo costo fue el rezago y el atraso para millones de mexicanos. Y la paulatina debilidad ante las potencias extranjeras. Los diferentes proyectos que hoy presenciamos representan la verdadera disputa por la nación. De este gran debate saldrá el México del futuro. Preservemos lo mejor de nuestra historia para diseñar una nación donde quepamos todos sin distingo de raza, género, ideología o religión. Pasar de un país de los sueños y las fantasías a un México de las múltiples realidades y diferencias y contrastes.

Serán los nuevos movimientos y organizaciones de la sociedad civil los que impulsen los proyectos de desarrollo más importante en este nuevo siglo. Desde los años 90’s el proceso democratizador en México, aunque se centró en los partidos y en la participación electoral, los proyectos alternativos de acción colectiva (Mujeres, indígenas, jóvenes, derechos humanos) se dirigieron a fortalecer las organizaciones de la sociedad civil, como un espacio innovador de construcción de nuevos poderes frente al Estado teniendo como una demanda creciente la “ciudadanización» de los ámbitos políticos y de las esferas de la toma de decisiones. Todo ello se hará “desde abajo» y desde todas las trincheras.

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