Opinión: Las mujeres, carne de cañón de los voraces comerciantes.

. Estuve de pasada en Pachuca durante las fiestas navideñas, en una de las avenidas principales me tocó ver a dos jovencitas exhibiendo una manta de una casa comercial que vende zapatos por catálogo y como animadora una persona con botarga de burrito.

Por Sofía de la Peña Soto / Desde Abajo

Estuve de pasada en Pachuca durante las fiestas navideñas, en una de las avenidas principales me tocó ver a dos jovencitas exhibiendo una manta de una casa comercial que vende zapatos por catálogo y como animadora una persona con botarga de burrito.

Me llamó la atención el slogan “¡haz equipo con nosotros!». Si analizamos bien, sólo se podría hacer equipo con la casa comercial si te convirtieran en su socia, con porcentaje igual de ganancias.

Es bien sabido que hay todo un ejército de mujeres que venden productos de casa en casa, de oficina en oficina, de comadre en comadre, ya sea por catálogo o cargando su mercancía de un lado a otro.

Esas miles de mujeres, o bien mantienen directamente a su familia, o sus ganancias se añaden a la quincena del marido para solventar los gastos, con esos centavos que obtienen a través de un esfuerzo extraordinario. Y digo extraordinario porque además no descuidan su casa, ni a sus hijos, le sacan tiempo al tiempo y estiran sus ganancias a más no poder.

Pero resulta que esas casas comerciales se dedican a explotar a estas mujeres, les dan pingues ganancias por vender los productos, no les dan seguro social, no les dan Infonavit, no les dan retiro, ¡negocio redondo!

Y, a parte de eso, se promocionan como si le estuvieran haciendo a las mujeres un enorme favor. ¡Les están haciendo el favor de explotarlas!

¿Ustedes saben perfectamente bien qué pasará cuando estas mujeres ya no le den de ganar tanto a esta casa comercial? claro las mandarán a freír espárragos.

Esto ha ocurrido desde hace decenas de años y el meollo del asunto está en el género, en la concepción que se tiene del trabajo de las mujeres, como trabajo que se hace para ayudar al marido. Es un trabajo que pasa desapercibido, es un trabajo que no tiene el mismo valor que el que hace el dueño de este negocio, en fin, es un trabajo de segunda clase.

Por eso me preocupa mucho que Felipe Calderón esté ahora ocupando la presidencia del país, si ustedes se acuerdan, prometió más cocinas económicas para las mexicanas. Es decir, la concepción que se tiene del trabajo de las mujeres en este país es ése, el de segunda clase y lo peor de todo es que el hombre que decidirá la política económica a seguir, no nos vislumbra como posibles empresarias con nuestro negocio propio, sino encadenadas a las veleidades de los pequeños, medianos y grandes empresarios del país. Esto es, como la carne de cañón para ser utilizado y quemado, ¡que al cabo habrá miles más que ocupen esos puestos!

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