Columna: Espiritualidad de la Cuarta República

El poder en manos del pueblo
(La desobediencia civil pacífica)

. Cuando hay, por ejemplo, un gobierno espurio ordenando la represión del pueblo a manos del mismo pueblo, entonces el gobierno popular legítimo toma el mando y, más tarde o más temprano, a través de sus soldados y policías legítimos, los que obedecen primero a Dios y a su conciencia que a los enemigos del pueblo, hace la guerra de guerrillas, de bloqueo, de burocracia, de disparos y golpes a nada y a nadie, e incluso vuelve sus armas asesinas contra los verdaderos asesinos…

por diácono Alvaro Sierra Máyer / Desde Abajo

Cuando los «representantes» del pueblo en las cámaras o en los organismos judiciales o de gobierno no representan realmente los intereses del pueblo, cuando hay usurpación, cuando hay saqueo a la voluntad popular, cuando hay simulación y mascarada, cuando hay complicidad de los medios y de instituciones privadas en la ilegitimidad, cuando hay represión de las voces que disienten y se expresan contra lo que está sucediendo, entonces… surge una oportunidad: EL PODER EN MANOS DEL PUEBLO. Sin intermediarios comprados o vendidos. Sin representaciones espurias. Sin funcionarios elegidos con el voto del partido en el poder o con el sufragio de unos cuantos o con el voto del dinero o del miedo…

Cuando hay, por ejemplo, «leyes» fiscales o de mercado o de bienes y servicios que no emanan verdaderamente del pueblo, cuando se «mayoritean» en beneficio de unos cuantos y empobrecen más a la gente, entonces nuestro pueblo toma el mando, con decisión y con ingenio, y encuentra la manera de evadir esos indignos e injustos impuestos o cobros o precios… Con plena conciencia en su autoridad y soberanía cuelga su «diablito» en el cable más cercano o manipula el medidor de la luz o del agua o se piratea unos DVD’s o unos libros o procura los debidos equilibrios y las sanas igualdades decomisando «legítimamente» el espejo o el tapón de la llanta de aquel carro del año… Claro, aquellos espurios «representantes» del pueblo cacaréan hasta el cansancio de estos «delitos» y de este «desorden» y persiguen al pueblo con todo el poder usurpado que tienen. Pero el pueblo, sereno y plenamente consciente de la dignidad de su investidura, sigue y seguirá intentando sobrevivir y ser feliz de la única manera que le dejan, pues es un pueblo profundamente espiritual y pacífico y sólo se ha visto obligado a usar el poder armado -que también tiene- cuando de plano lo han acorralado y lo han dejado sin salida…

Cuando hay, por ejemplo, persecución y saña contra delitos menores y hay complacencia y complicidad en delitos mayores, cuando las cárceles están llenas de inocentes y los bancos y las empresas y las instituciones llenas de culpables sin castigo, entonces nuestro pueblo toma el mando y hace el justo y legítimo juicio histórico y de cada día y encarcela a los delincuentes de cuello blanco y a los gobernantes espurios detrás de sus costosos aparatos de seguridad y los condena a la soledad y al repudio y a rodearse únicamente de seres de su misma calaña que en cualquier momento les apuñalarán por la espalda. El pueblo los condena al insomnio y a la vergüenza y a la infelicidad y al miedo y al rechazo de su propia familia y de sus propios hijos. El pueblo vive sonriente y libre, mientras sus opresores viven presos, amenazados y vacíos…

Cuando hay, por ejemplo, medios sobornados y vendidos, el pueblo soberano toma el mando y apaga la radio y la tele y se pone a ver una película pirata –que no se ve tan mal como se ven los paleros del mal «gobierno»- en una VHS o en un DVD que se compró en la fayuca o se pone a oír su música sin la interrupción de los comerciales de los ricos o los comerciales del «desgobierno» en el modular o en la grabadorcita que decomisó «legítimamente»…

Cuando hay, por ejemplo, empresas monopólicas o abusivas o instigadoras y cómplices del fraude, el pueblo patriótico toma el mando y decide con su autoridad legítima sancionar a esas empresas boicoteando sus productos, negándose a comprarlos, destruyéndolos como basura dañina –en operación encubierta por razones de seguridad-, obligando así a estas empresas a definir si están con la gente o contra ella…

Cuando hay, por ejemplo, un gobierno espurio ordenando la represión del pueblo a manos del mismo pueblo, entonces el gobierno popular legítimo toma el mando y, más tarde o más temprano, a través de sus soldados y policías legítimos, los que obedecen primero a Dios y a su conciencia que a los enemigos del pueblo, hace la guerra de guerrillas, de bloqueo, de burocracia, de disparos y golpes a nada y a nadie, e incluso vuelve sus armas asesinas contra los verdaderos asesinos…

No sé ustedes, querid@s compañer@s de lucha, pero yo estoy muy orgulloso del pueblo libre y soberano de México… Me asombran y me inspiran, en cada hora del combate, su ingenio, su fortaleza, su capacidad de resistencia… Me admira cómo, siempre, de la forma más inesperada, termina nuestro pueblo encontrando la forma de ser el verdadero y legítimo gobierno… Pasan partidos y elecciones fraudulentas y gobiernos ilegítimos y el pueblo, a pesar de las apariencias, sigue en el mando, sigue en la Silla… No somos ni seremos jamás del «primer mundo» y ni siquiera del «segundo» porque el pueblo de México, libre y soberano, verdadero y legítimo gobierno, así lo ha venido decidiendo contra los anhelos obsesivos y egoístas de las minorías empresariales, eclesiales y políticas… No somos un país que dé confianza a la «mesiánica» inversión extranjera porque el pueblo de México, verdadero y legítimo gobierno que quiere seguir siendo un pueblo soberano y libre, así lo ha venido eligiendo… No somos ni tan «educados» ni tan «trabajadores» ni tan «mochos» como quisieran las oligarquías que intentan oprimirnos porque al pueblo de México, libre y soberano, verdadero y legítimo gobierno, para decirlo en el lenguaje «deseducado» pero legítimo de este pueblo que sigue y seguirá en la Silla, no se le da su chingada gana…

Así que, háganle como quieran «representantes» y gobernantes traidores y espurios. Sigan con la escalada de alzas y de precios. Sigan reduciendo el poder adquisitivo del obrero. Sigan con la represión y las desapariciones y las torturas y los asesinatos. Síganle con la corrupción y el saqueo. Sigan su guerra y sus guerrillas contra el pueblo. Sigan defendiendo sus cárceles de cuellos negros y sus vergonzosos privilegios. Sigan vendiendo su alma al diablo. Sigan fingiendo y creyendo que son gobierno… La verdad, ustedes la saben y nosotros la sabemos: El poder, el recto poder, el verdadero, está en buenas manos, está en las manos del pueblo…

En todo caso, que el gobierno ilegal e ilegítimo y sus espurios «gobernantes» y el séquito de paleros que convenencieramente les aplauden se queden con la pequeñísima porción de México a la que sirven y a la que representan. Que se queden con sus viejas y podridas instituciones. Que se queden con sus medios de comunicación sobornados y vendidos. Que se queden con su ejército y su policía represores y sin sentido ético. Que se queden con su dinero sucio aunque lo hayan lavado. Que se queden con el poder oligárquico que han usurpado… Que se queden con todo aquello que no necesitamos, que no nos interesa… Hagan lo que quieran, pero no cuenten con nosotros. Finjan que gobiernan, aunque sepan muy bien que nosotros, la mayoría del pueblo mexicano, no los vemos, no los oímos, jamás los obedeceremos…

En cambio, que el Gobierno Legal y Legítimo, encabezado por Andrés Manuel López Obrador, el verdadero Gobierno, el del Pueblo, el que somos Todos, se quede con su dignidad intacta, con su hambre y sed de justicia, con su esperanza. Estos bienes sí necesitamos, estos bienes sí nos interesan… Que el Gobierno Legal y Legítimo nos quedemos con la porción mayoritaria de México a la que hemos de servir y representar con un inmenso orgullo. Que empecemos a construir las Nuevas Instituciones, libres y con autoridad moral plena. Que vayamos creando los Medios de comunicación independientes, generosos y democráticos que serán parte activa y responsable en la formación de un Nuevo México. Que hagamos un ejército de educadores, de médicos, de políticos incorruptibles, de servidores públicos generosos y comprometidos… Que nuestra moneda fuerte sea una nueva conciencia, un humanismo solidario, una altísima moral social, una profunda y verdadera espiritualidad… Que el Poder de la Nueva República sea el Poder del Amor, de la Armonía y de la Felicidad. (Desde Abajo)

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