Columna: Espiritualidad de la Cuarta República

La verdadera victoria

. ¿Sigues luchando? ¡Entonces es tuya la verdadera victoria! ¡Incluso más si tu lucha se renueva o se fortalece a partir de tu desolación y tu dolor! ¡Incluso más si aparentemente no hay razones para seguir luchando! ¡Incluso más si sacas fuerzas de tu profunda debilidad!… ¿Sigue luchando? ¡Es tuya la verdadera victoria y así te conviertes en antorcha luminosa para otros que caminan y luchan en la oscuridad!…

por diácono Alvaro Sierra Máyer / Desde Abajo

Muy queridos herman@s, amig@s y compañer@s:

La verdadera victoria no es la de la fuerza de las armas, sino la de la fuerza de la razón… Usar armas, violencia, poder militar, es una terrible derrota interior y, a la larga, también exterior… No debemos temer o entristecernos porque nuestros adversarios usen la fuerza coactiva y disuasiva. A ellos no les queda otra alternativa, porque no tienen la razón. No ven que sólo ganan tiempo y «ganan» una profunda miseria interior. No ven su fracaso y su debacle moral. No ven su futuro lamentable personal, familiar y social. No ven las ruinas que están construyendo y cómo pagarán la sangre derramada al ciento por uno. No ven que con lo que hacen edifican su propia destrucción… Ellos no lo ven pero nosotros sí debemos verlo para seguir luchando y estar en paz… Sólo podrían «ganarnos» si nos orillan a tomar armas, violencia, poder de destrucción. Sólo podrían «ganarnos» si nos hacen como ellos, si nos obligan a abandonar la razón y la dignidad… Sólo podrían «ganarnos» si nos empujan a dejar de luchar, a dejar de soñar y a dejar de construir…

¿Sigues luchando? ¡Entonces es tuya la verdadera victoria! ¡Incluso más si tu lucha se renueva o se fortalece a partir de tu desolación y tu dolor! ¡Incluso más si aparentemente no hay razones para seguir luchando! ¡Incluso más si sacas fuerzas de tu profunda debilidad!… ¿Sigue luchando? ¡Es tuya la verdadera victoria y así te conviertes en antorcha luminosa para otros que caminan y luchan en la oscuridad!…

¿Has abandonado la lucha? ¡Entonces sí han podido derrotarte! ¡Entonces sí lloro contigo y me atenazan poderosos impulsos de sentarme contigo y dejar de pelear! ¡Entonces tal vez sí derrotarán a otros contigo, tal vez incluso a mí! ¡A mí «ellos» no podrían derrotarme, pero podrías derrotarme tú!…

¿Has dejado de ir a las marchas o de participar en tus reuniones o acciones de resistencia o has abandonado tu trinchera en internet? ¡Entonces es peor que si te hubiesen encarcelado o torturado o asesinado porque han encarcelado y torturado y asesinado tu corazón!…

Como no sé qué pasa contigo, hermano, déjame contarte lo que a veces me sucede a mi: Cuando me derrumbo y me deprimo por alguna de sus «victorias» exteriores me doy cuenta que aún me queda mucho de conservador y de «azul». Me doy cuenta que me gustan las «victorias» fáciles y aparentes y que, tal vez, si pudiera, también utilizaría la fuerza de las armas, la violencia, la sinrazón. Me doy cuenta que no valoro lo suficiente la dignidad de mi lucha y mi victoria «interior»… Me doy cuenta de que «ellos» no son tan diferentes de mí…

¿No tendrás tú, como yo, hermano mío, un poco de sangre azul? ¿No será esa sangre escondida la que nos tienta al abandono y a la resignación? ¿No habrá que empuñar nuevamente o con más fuerza la espada de la justicia y de la verdad para que oxigenemos y coloreemos de rojo vivo, tú y yo, nuestra circulación y nuestro corazón?… ¿No habrá que ver en la tristeza que nos causan sus «victorias» que tenemos la sangre envenenada y que necesitamos una transfusión?…

¡Que sea al revés, hermano! ¡Que cuando ellos «ganen» algo por la fuerza de las armas o la violencia o la sinrazón, como ahora celebran haber «ganado» Oaxaca o su «espuria presidencia», que resucite y se haga más generoso y más fuerte tu encarcelado-torturado-asesinado corazón! ¡Que regreses a esa marcha, a esa tarea o a aquella reunión! ¡Que tu hermano desaparecido en Oaxaca reaparezca multiplicado en ti, en tu nuevo fuego, en tus nuevas acciones, en tu renovada decisión! ¡Porque si tú vuelves a levantarte, otros contigo se levantarán también! ¡Porque si tú recuerdas que eres «López» otros «López» también lo recordarán! ¡Porque si dejas que tu corazón resucite podrán seguir caminando y luchando otros que se guiaban con tu luz!

¡Que tu hermano asesinado arteramente por tener hambre y sed de justicia reviva en ti, en tu Resistencia pacífica, en tu Desobediencia civil, en tu batalla por la IV República, en tu decisión de un México mejor!

«Ganan» ellos, hermano, sólo si permitimos que ganen… No ganan si seguimos luchando… No pueden ganar si «adentro» no nos derrotan… No ganan si por cada uno que tumban a la fuerza nos levantamos diez más…

¿Ya le falló a Andrés Manuel aquel del PRD o ese otro de Redes o el diputado o senador tal o cual? ¿Ya se rajó ese amigo tuyo o aquel familiar? ¡Lo que importa es que no le falles tú! ¡Que la paja en el ojo ajeno no dé origen a una viga en el tuyo! ¡Tú sigue luchando! ¡No permitas tu derrota interior! ¡Lo demás es asunto de los demás!… ¡Contagia de fe, no de desilusión! ¡Contagia de alegría, no de amarguras y quejas! ¡Contagia de esperanza, no de desesperación!…

A partir del 2 de julio de 2006 lo que la historia recordará, como una enorme y verdadera victoria exterior e interior, es que nuestro Legítimo Presidente, Andrés Manuel López Obrador, marchó y luchó y se manifestó y resistió, junto con nosotros, por la verdadera justicia, por la verdadera democracia y por la verdadera libertad… Sin armas, sin violencia, sin poder militar… Marchó y se manifestó, junto con nosotros, con un único e invencible poder: el poder de la razón, de la verdad y de la dignidad…

¡Nada ni nadie nos arrebatará la Victoria porque ésta vive ya y trabaja en nuestro interior! (Desde Abajo)

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