Lector@s al Megáfono: Negligencia médica

Esta carta pretendía ser publicada en El Heraldo de Chiapas, medio en el cual trabajo, pero se topó con la insensibilidad de su director y le negó ser publicada.

Afortunadamente existen otros medios, como éste, por lo que se las comparto (de todas formas lo pensaba hacer una vez publicada) como muestra de la orfandad que habita (también) en los hospitales públicos y porque esta experiencia dolorosa que vivimos mi familia y yo la viven a diario miles de familias en todo el país.

Mucho les agradeceré la lean y después la reenvíen a sus contactos personales. No aspiramos a que los pseudo-médicos sean castigados, eso es demasiado pedir en este país de corrupción y censura, pero al menos sí denunciarlo para no quedar callados ante esta realidad dolorosa.

Gracias de antemano.

VALERIA
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; febrero de 2007
Al Secretario de Salud
Al Secretario general de la Sección 50
A la población chiapaneca

ASUNTO: DENUNCIA POR NEGLIGENCIA MÉDICA, TRATO INSENSIBLE Y FALTO DE ÉTICA POR PARTE DE MÉDICOS DEL HOSPITAL GENERAL PASCACIO GAMBOA

El lunes 13 de noviembre de 2006 mi madre, BLANCA ESTELA SALINAS FLORES, de 64 años de edad, ingresó al Hospital General Pascacio Gamboa de esta ciudad con un diagnóstico de masa abdominal de aspecto heterogéneo, haciéndose cargo el doctor especialista oncólogo José Juan Sánchez Alvarez quien luego de revisarla a ella y a los estudios hechos previamente en San Cristóbal de Las Casas decidió intervenirla quirúrgicamente para hacer una cirugía de exploración con el fin de realizar una biopsia. Luego de padecer el calvario que mucha gente vive a diario por conseguir donaciones de sangre, y con la ayuda del director del Banco, se le operó para después llevar, por nuestra cuenta, las muestras a un laboratorio externo.

Los resultados arrojaron un diagnóstico de linfoma B de células grandes difuso, a lo que Sánchez Alvarez aseguró a mi padre y a mí que “había mucho qué hacer» por la recuperación de mi madre y pasó el caso al doctor hematólogo HERNANDEZ ZAMUDIO quien casi de inmediato programó la aplicación del primer ciclo de siete quimioterapias que le aplicaría. Extendió la receta de los medicamentos a aplicarse en la quimio, -en números desproporcionados por cierto- porque claro dijo el hospital no contaba con ellos, y se les llevó el día indicado.

Por ser mi madre un caso delicado se le hizo estudios previos del corazón a los que el médico cardiólogo, al que nunca tuvimos el gusto de conocerlo pues no se presentó con nadie de la familia, concluyó que ella NO era apta para la aplicación de una quimio, advertencia que le dio a conocer a Hernández Zamudio.

Al otro día del indicado por Hernández Zamudio –ya cuando estuvo “de buenas», según sus propias palabras- le aplicó la primera parte de dos del primer ciclo de quimioterapia. Al siguiente día, pese a que mi madre no había podido ingerir alimento alguno después de la operación puesto que la sonda para gastronomía que colocó SÿNCHEZ ALVAREZ nunca fue funcional, se le dio de alta con la promesa que se recuperaría, y con cita para el 12 y 16 de enero de este año. Dos días después, el 16 de diciembre, mi madre falleció en medio de intensos dolores.

Ante estos hechos, como familia, DENUNCIAMOS:

-Tanto mi madre como la familia fuimos víctimas no sólo de le negligencia médica de los especialistas mencionados sino de su insensibilidad y falta de ética, ya que ellos sabían perfectamente que el estado de mi madre era terminal, incurable y sin embargo nunca se nos dijo.

– No sólo se nos omitió esa realidad –que ahora, a la distancia la podemos ver- sino que además tanto Sánchez Alvarez como Hernández Zamudio se portaron como verdaderos mercaderes de la salud, ya que conscientes del estado terminal de mi mamá, se insistió en una operación a sabiendas que ello aceleraría su inevitable muerte, además de la quimioterapia que nada haría para su recuperación.

-Por tanto, quienes se cree están para ayudar a dar vida, LUCRARON CON NUESTRA ESPERANZA, dándonos en todo momento aliento de que mi madre se recuperaría cuando ellos sabían que ya no había salida; sin embargo, aprovecharon nuestra desesperación.

-Carecieron de sensibilidad, de humanismo que se supone los debe caracterizar, al no hablarnos con la verdad y por ende, impedirnos darle una muerte digna a mi madre, en su casa, con su familia, y no rodeada de dolor, estudios constantes, víctima del trato frío y déspota de la mayoría del personal.

-Hoy fuimos nosotros. Mañana puede ser cualquier otra familia sujeta a este sistema que lejos de ser de salud es de muerte; donde si no se tiene el dinero para las medicinas simplemente te expulsan como vimos en tantos casos durante nuestra estancia de un mes un día en el hospital.

-Además de sentir dolor por la pérdida irreparable de mi madre, nos sentimos avergonzad@s por la clase de médicos que trabajan en el sistema público de Chiapas, quienes ven a los pacientes como números y aún más a quienes recurrimos a un servicio público por el derecho que nos corresponde.

-Nos sentimos burlad@s, engañad@s, al constatar la manipulación de la que fuimos objeto por esos dos seudo médicos quienes, cabe agregar, se les tenía que rogar para que atendieran a su paciente y se molestaban cada vez que nosotros preguntábamos por el estado de salud de mi madre, tachándonos por ello de “exigentes».

-Lamentamos como chiapanec@s, que se nos trate como números, que en un estado que se dice democrático no tengamos garantizado un derecho tan humano como lo es la salud.

Atte

Valeria Valencia Salinas y familia

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