Despojan a Indígenas de la Huasteca de sus tierras; emprenden defensa organizada.

 . Día mundial de la Madre Tierra / I de II

. “Anteriormente se trabajaba la tierra por iniciativa propia, no dependíamos del gobierno» -continúa explicando Alberto, campesino y ejidatario de Cochotla perteneciente al municipio de Atlapexco, mientras poco a poco se va develando gran parte de la que, de la misma manera, es la gran verdad de estos indígenas campesinos-. “Pero, actualmente, por falta de recursos económicos pues, el gobierno ha invertido dinero, pero no nos capacita, no nos dice, inviertan en esto sino que derrochan el dinero. Y por hoy vemos que estamos engañados, pero, lo peor es que en vez de que estemos unidos como pueblo, comienza la división porque algunos les llega el apoyo, otros no les llega y ahí es donde la comunidad se empieza a dividir porque cada persona tiene su idea o no les llega su apoyo».

Por Luis Alberto Rodríguez / Desde Abajo

Huejutla, Hgo., México.- Las comunidades indígenas en la huasteca hidalguense corren el peligro casi inminente de desaparecer.

Las sociedades establecidas de manera ancestral por los pueblos autóctonos del estado de Hidalgo, se encuentran en este momento amenazados en sus formas de organización mas elemental.

Al mismo tiempo, ese sistema de autogobierno que mantienen establecido como la mejor manera de vivir, desde hace varios años, el sistema capital que tiene como expresión el neoliberlismo y de donde se desprende su peor demonio que es el consumismo o el hábito de “dejarse emborrachar por lo material y vano», mantiene a la expectativa de sobrevivencia a un pueblo que, sin miramientos, trata de extender su grito de resistencia mas allá de sus fronteras territoriales que colindan con la miseria y la opresión.

Amenazados.

En este municipio, se reúnen asiduamente un grupo de entre treinta y cuarenta indígenas huastecos representantes de comunidades provenientes de diferentes ejidos de Atlapexco, Calnali, San Felipe Orizatlán, Jaltocán, Yahualica, Xochiatipan, Huautla y del mismo Huejutla, para cuestionarse, aprender y establecer líneas de acción y organización contra los embates de lo que denominan “el consumismo». Algunos colegas de la prensa local aseguran que en toda la huasteca hidalguense, y parte de la veracruzana y potosina, existen 120 sociedades como esta.

Coordinados en su totalidad por algunos sacerdotes liberacionistas de la Diócesis de Huejutla, los indígenas se conforman en comunidades de base a las que han denominado como Sociedades de Solidaridad Social (S.S.S.) en las cuales, sus integrantes, han encontrado una forma de cohesión y de organización en torno a la defensa de lo autóctono y de la preservación de la tierra, aspectos que ven severamente amenazados por algunos programas de gobierno federal y estatal que pretenden el progreso de estos pueblos; así como por el gran espectro del capitalismo salvaje con manifestaciones como: la moda, el extranjerismo, el consumismo o la enajenación, que van poco a poco van infiltrandose en los pueblos indígenas, al punto estar provocando su silenciosa eliminación.

Alberto Rodríguez Hernández, indígena, campesino y ejidatario de Cochotla perteneciente al municipio de Atlapexco y además, miembro de la Sociedad de Solidaridad Social “Caltemoyanij», explica la razón de ser de la comunidad de base a la que pertenece: “Desde que se inició esto, es con el fin de buscar soluciones donde vemos que hay problemas e intereses distintos, ya sea por aspectos económicos que no hay empleos, que no hay dinero para producir el campo. Lo que estamos viendo, por ejemplo, es que el pueblo es secuestrado, es oprimido y es manipulado por programas (gubernamentales). Entonces el pueblo no ha podido conocer o expresar sus derechos; entonces, lo que les dicen es lo que hacen y por eso estamos cada vez mas empobrecidos. En lugar de superar esas cosas, nos vamos para abajo.

Entonces, en la comunidad, hemos tratado de hablar, de convencer a la gente para que vean la situación, de como podemos empezar a trabajar con el pueblo. Digamos de que, los terrenos que algunos tienen , ya no son como en aquel tiempo en el que se daban, pues faltan recursos. Hablando de lo económico, vemos que algunos, por el desempleo, se van a otros lugares; emigran y se van a otras ciudades o a otros países».

“Déjenos así como estamos».

“Anteriormente se trabajaba la tierra por iniciativa propia, no dependíamos del gobierno» -continúa explicando Alberto, mientras poco a poco se va develando gran parte de la que, de la misma manera, es la gran verdad de estos indígenas campesinos-. “Pero, actualmente, por falta de recursos económicos pues, el gobierno ha invertido dinero, pero no nos capacita, no nos dice, inviertan en esto sino que derrochan el dinero. Y por hoy vemos que estamos engañados, pero, lo peor es que en vez de que estemos unidos como pueblo, comienza la división porque algunos les llega el apoyo, otros no les llega y ahí es donde la comunidad se empieza a dividir porque cada persona tiene su idea o no les llega su apoyo».

– ¿Y que programas son estos?- pregunto.

– Pues el Procampo, Procede…-responde de inmediato Alberto, como cuando se lleva el nombre del enemigo a flor de piel.

– ¿El Oportunidades?

– Oportunidades es para las mujeres. Pero también ha habido problemas con esto porque algunas mujeres se les da pero con una condición. Lo que no nos gusta es que, por ejemplo nosotros como pueblo indígena, es que, aunque no aparece en la ley, pero sí somos autónomos y nosotros tenemos que ejercer nuestros derechos y nunca se nos reconoce. Por eso vemos que a las mujeres les dan ese apoyo, con la condición de que no falten a las reuniones de capacitación, esto para controlar a las mujeres; porque, amenazan que si no cumplen con este requisito se les retira el apoyo, entonces, hablando de esto, vemos que no es un apoyo al cual tiene derecho uno como ciudadano sino que se condicionan. Igual con el Procampo, donde se les dice: ‘se les va a dar eso y pasa cosas peores’. Por ejemplo, ahorita lo vemos con la privatización de nuestras tierras que, ancestralmente muchos abuelos pelearon y heredaron; perdieron la vida y actualmente mucha gente piensa ‘esta bien’ por lo de los programas de gobierno sin saber que las consecuencias son malas. Entonces estamos viendo esa situación que el día de mañana nos puede afectar.

Y es que la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) y la Secretaría de la Reforma Agraria (SRA) han promovido entre los ejidatarios la idea de “entrarle» a uno de sus programas mas controvertidos: el Procede o Programa de Certificación de Derechos Ejidales y Titulación de Solares. Con esto, la dependencia ha persuadido a los campesinos de ser poseedor legal de un pedazo de terrenos del ejido al que pertenecen, el cuál les otorga poder sobre de este para hacer de el lo que “mejor le convenga», en el cuál se incluye, pos supuesto, la misma venta del terreno.

Según lo que informa la Sagarpa, el Procede pretende “dar certidumbre jurídica a la tenencia de la tierra a través de la entrega de certificados parcelarios y/o certificados de derechos de uso común, o ambos según sea el caso». Y agrega: “ un Programa de apoyo a la iniciativa campesina, voluntario y gratuito, que atiende a solicitud de parte, bajo la premisa de estricto respeto a la voluntad de los núcleos agrarios y cuya operación se sustenta igualmente en la organización y participación activa de los ejidatarios y comuneros, que se logra a través de sus asambleas, en las que con la presencia de un fedatario público y con apego al marco jurídico_técnico establecido, deciden libremente la delimitación, destino y asignación de sus tierras.» (…) “Así, desempeña un papel clave para la paz social y la estabilidad política.» (…) “Al garantizar la propiedad social, se promueve entre los campesinos acciones orientadas al cuidado, conservación y mantenimiento de lo que legalmente es suyo: se alienta la explotación racional de los recursos naturales; adicionalmente, fomenta el reconocimiento y respeto mutuo de la propiedad ajena».

Pero, para los miembros de las S.S.S., el Procede no sólo ha sido en ellos un mecanismo de división entre los ejidos y sus propios comuneros, entre familiares y amigos, entre indígenas; sino que en el hecho, este programa viola sus principales argumentos.

En primera, las S.S.S. no existirían en gran medida si no hubiera un constante asecho por parte de Sagarpa y de la SRA, así como de la Secretaría de Agricultura del estado, para que los indígenas acepten el Procede.

Bajo amenazas y sin mas voluntad, muchos de ellos han terminado por aceptar dicho programa y a otros tantos que se han atrevido a resistirse a él, han sido secuestrados y sacados de las comunidades a las que pertenecieron a fin de no entorpecer mas el proceso gubernamental, pese a que en la reglamentación del Procede se asegura que su implementación está supeditada a que los ejidatarios “lo aprueben o soliciten»; y no obstante, según se remarca en otra de sus partes, el programa se rige “ bajo la premisa de estricto respeto a la voluntad de los núcleos agrarios». A las comunidades les queda claro que el Procede, no solamente no sirve, sino que va en contra de la voluntad de sus formas de organización. En una palabra: es inaceptable.

Por lo anterior, las comunidades indígenas ven en el Procede una herramienta de destrucción de su idiosincrasia. De su autonomía. De su derecho a ser indígenas y a regirse como tal. Mas aún, cuando en otra de sus partes, este programa afirma: “se alienta la explotación racional de los recursos naturales; adicionalmente, fomenta el reconocimiento y respeto mutuo de la propiedad ajena».

Según la mayoría de los indígenas huastecos -quienes no han sido “víctimas del consumismo»-, la explotación racional de los recursos naturales es un asunto de cultura; no es nada nuevo. Ancestralmente, estos pueblos han sabido administrar la tierra, tanto, que pudieron vivir siglos con ella. A esto hoy se le llama ejido, comunidad; y que si sólo subsiste, es por culpa de los elevados precios de los materiales de siembra, cosecha y cuidado del campo, según explican Alberto Rodríguez y Domingo San Juan, de la S.S.S. “Caltemoyanij».

Por otra parte, “la tierra no es ajena, sino es propiedad de todos», advierten contradiciendo aún más los argumentos del Procede. “El gobierno del estado está igual, esta tratando de privatizar, por espots de radio, con camionetas nos dicen que tenemos que vender; que teniendo ese título de propiedad esa tierra es suya, que es nuestro derecho».

Pero para las comunidades de base indígenas, en el Procede como en otros programas gubernamentales, no existe mas verdad que la mentira. Más aún, observan con nitidez un retroceso en las formas de hacer gobierno.

Domingo Martínez, también miembro de la S.S.S. “Caltemoyanij» agrega contundente, lo que puede ser una claro aviso: “Pero estamos viendo que vamos a caer en lo mismo como en el porfiriato; como en aquel tiempo en los que estábamos bien extorsionados por el cacicazgo. Y vamos a tener que hacer como en aquel tiempo como en los setentas, cuando los campesino lucharon pos sus tierritas, y no sólo lucharon sino que perdieron la vida para poder recuperar sus terrenos y donde el caciquismo se metía mucho» (…) «Hemos tratado de luchar, de decir no, dejennos así como estamos, como ejido y así nos hemos mantenido». (Desde Abajo)

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