Opinión: El Fútbol y las dos caras de la globalización

Muy probablemente se les hará extraño leer la palabra “fútbol” por este medio, pero en esta ocasión encontré una razón válida para usarla, ya que el deporte más popular del mundo nos dio un ejemplo de los contrastes de la globalización y el capitalismo arrasador.

Por Gustavo Godínez / Desde Abajo

En los últimos quince días, la Major League Soccer (MLS) de Estados Unidos, ha vivido el esperado arribo de dos jugadores diametralmente distintos: David Beckham y Cuauhtémoc Blanco, asunto que ha ocupado los principales espacios de la prensa deportiva, pero que es un par de fenómenos que van mucho más allá de lo meramente deportivo.

Analicemos pues los casos de Beckham y Blanco. El primero, inglés; procedente de la clase media, surgió de las fuerzas básicas del Manchester United para que, después de algunas exitosas temporadas con dicho equipo, emigrara al llamado “equipo galáctico”, el Real Madrid de España que ostentaba la plantilla más cara del planeta, con el Madrid fue campeón de la liga española junto a gente como Ronaldo, Zidane, Figo, Raúl y Roberto Carlos entre otros; en algún tiempo, referencia indiscutible en la media cancha de la selección inglesa; reconocido por su elegante juego, gran toque de balón y una excelente ejecución de tiros de castigo a media distancia.

Pero hablando honestamente, lo que realmente lo ha llevado a ser un ídolo mundial ha sido su apariencia de modelo (de hecho, ya lo ha sido en algunas ocasiones), su rostro de estrella de cine ha aparecido en las más prestigiadas publicaciones de moda, su matrimonio con una ex integrante del grupo de pop noventero Spice Girls le dio el apodo de “Spice Boy”, su atuendo, siempre impecable vistiendo los modelos más exclusivos le han ganado su fama de metrosexual, acostumbrado a los tumultos por las adolescentes que se arremolinan en los entrenamientos para obtener una foto o un autógrafo por razones ajenas al deporte. Por primera vez un futbolista tiene una popularidad que rivaliza con las de estrellas musicales.

El segundo, mexicano; nacido en el barrio bravo de Tepito en el seno de una familia de clase baja, surgido de fuerzas básicas del Club América para debutar en primera división con el Necaxa, de regreso en el América se convirtió en campeón goleador y después de un breve paso en España volvió con el América para ser campeón de Liga en el verano de 2005; conocido en un principio por ser un delantero explosivo con una técnica un tanto brusca e inelegante pero sumamente efectiva, para después convertirse en un gran armador de juego con gran visión de campo, que en más de una ocasión se hecho su equipo a los hombros para llevarlo a la victoria; icono de la selección mexicana, el inventor de la “cuauhtemiña” es para muchos el mejor jugador mexicano de los últimos años; también conocido por su fuerte temperamento, su lenguaje altisonante, sus actitudes antideportivas, sus berrinches ante las decisiones del árbitro, mal perdedor, protagonista de batallas campales en la cancha, siempre provocador y arrebatado, su rostro duro y andar jorobado se convirtieron en blanco de los defensas y las críticas de la prensa especializada, odiado y amado por miles.

Toda esta historia es sólo el marco del trasfondo social que este par de jugadores vienen a protagonizar.

Estados Unidos es aún el país más poderoso de mundo (aunque China ya le venga pisando los talones), es el símbolo de la economía capitalista moderna, arrasante, desmedida y decadente. Como todo imperio, Estados Unidos quiere el liderazgo en todos los aspectos de la vida moderna como una señal de supremacía y el deporte no es la excepción. En la era del deporte profesional, EU se ha colocado en los primeros lugares de casi todas las disciplinas, pero el fútbol siempre ha sido visto por la sociedad norteamericana como un deporte ajeno, nunca a despertado el interés suficiente como para llevar a EU a los primeros planos del fútbol mundial, pero esta es una situación que algunos empresarios estadounidenses están dispuestos a cambiar.

Ante el fenómeno de la inmigración, el fútbol a cobrado mayor fuerza en los últimos 15 años en EU, ante el arribo de la cultura latina, los estadounidenses cada vez voltean sus miradas con más frecuencia a hacia los estadios de “soccer” y se ha comprobado que es el deporte con mayor expansión entre la juventud norteamericana.

La MLS esta en pleno proceso de consolidación, y para alcanzar tal objetivo, han decidido traer algunos de los mejores talentos del mundo que están en la última etapa de su carrera para fortalecer su liga. De aquí esta dicotomía de la globalización impulsada por el capitalismo.

Las dos caras de la moneda económica se plasman en algo tan global como el fútbol y su comercialización.

Para una sociedad que tiene toda su atención concentrada en deportes como el béisbol, fútbol americano y básquetbol, y que apenas comienza a interesarse por el “soccer”, es necesario atraerlos con una figura familiar, por sus características, David Beckham ha resultado perfecto para tal meta, es un personaje hecho a la medida para una sociedad tan acostumbrada al espectáculo y a los tabloides de chismes de las estrellas, es la única figura del fútbol que les es totalmente conocida, más allá de su calidad futbolística, se encuentra consolidado como un “icono pop” y encaja a la perfección con el “show business” y el impresionante aparato mercadotécnico que ha desplegado la MLS.

Su bienvenida ha sido uno de los eventos del año, con bombo y platillo fue recibido con un fervor sólo similar al de un papa en la basílica de Guadalupe, claro muy al estilo estadounidense, una presentación ante los medios y la afición completamente desproporcionada que no tiene un símil ni en Pelé ni en Maradona, un hecho nuca antes visto en la historia del deporte.

En su debut fueron invitados especiales como Katie Holmes, Eva Longoria, Michael Jordan, entre otras personalidades del espectáculo. La afición estadounidense pudo verlo menos de quince minutos en la cancha, erró dos pases y tuvo una actuación muy discreta, pero eso no era impedimento para que la masa se desbordara en gritos cuando David apenas tocaba al balón, hecho inédito, demostrando que los estadounidenses poco saben de fútbol pero mucho del medio del espectáculo. Su transferencia costó una cantidad exorbitante, 200 millones de dólares, y si eso cuesta es seguro que lo vale, no por su desempeño en el campo, sino por ser un personaje que vende lo que sea, desde zapatos deportivos, pasando por camisetas con su nombre y número (el 23, mañosamente escogido para relacionarlo automáticamente con Michael Jordan), hasta rastrillos para afeitar. Símbolo de éxito, belleza y de un estilo de vida “fashionista”, Beckham ha llagado a la MLS para conquistar a los estadounidenses, a los güeros prepotentes y adinerados, a las adolescentes lascivas de California, a los metrosexuales de discoteca, para los que les tocó nacer en un mundo lleno de posibilidades.

En contraste, “el Cuauh” fue muy bien recibido en Chicago, pero con mucha más mesura y sin tanta parafernalia, no hubo desmayos ni tumultos. Su transferencia costó 4 millones de dólares, en su debut anotó un gol quitándose a dos hombres e hizo lo que quiso con la defensa del rival, mostrando su calidad haciendo la jugada de “taquito” una y otra vez pero nadie hacia exclamaciones fuera de lo común. Símbolo de la bravura del barrio y de las clases bajas que se abren paso en un mundo hostil, Blanco fue ha Estados Unidos para ganarse al público latino, para llenar las tribunas con los migrantes legales e ilegales que cruzaron el Río Bravo en busca de un mejor nivel de vida, para los perseguidos que a diario luchan contra la discriminación, para los que han vivido endeudados desde el momento en que nacieron.

Será curioso verlos jugar en el mismo campo, pero lo más extraño e interesante estará en la tribuna, donde los fanáticos del ídolo inglés, los dueños de los campos de siembra, de las fábricas y los corporativos se mezclarán con los seguidores del polémico mexicano, aquellos que trabajan en dichas fabricas por 5 dólares la hora.

Ahora los nombres de David Beckham y Cuauhtémoc Blanco están bizarramente entrelazados con la misión de consolidar una nueva forma de hacer dinero para el tío Sam, pero eso si, cada uno representado dos realidades distintas, dos futbolistas que representan las dos caras de la globalización y el capitalismo.

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