Opinión: Golpe de la derecha mexicana a la libertad de expresión

Monitor completó 41 mil 100 emisiones. No resistió las agresiones por parte de la derecha mexicana, primero por el ex presidente Fox, después por Felipe Calderón. Lo de Monitor es terrible: condenan a México a conformarse con lo que nos quieran decir López Dóriga, Ciro Gómez Leyva, Denise Maerker, Carlos Marín, Loret de Mola y demás personajes cuyo compromiso no radica con la verdad.

Por Cristóbal Rojas Millán / Desde Abajo

El pasado viernes la Libertad de Expresión en México recibió un golpe más.

Ese día, en punto de las 8 de la mañana con 22 minutos, José Gutiérrez Vivó anunció el fin del noticiario Monitor.

Nada más y nada menos que uno de los más importantes en la radio mexicana de las últimas cuatro décadas.

Monitor completó 41 mil 100 emisiones.

No resistió las agresiones por parte de la derecha mexicana, primero por el ex presidente Fox, después por Felipe Calderón.

Durante el foxismo, José Gutiérrez Vivó, uno de los periodistas más reconocidos en México, enfrentó presiones financieras y administrativas, así como litigios frente al Grupo Radio Centro, por cuya frecuencia transmitió varios años su noticiario.

«Hoy se cumplen 41 mil 100 emisiones de Monitor, dijo Gutiérrez Vivó el viernes… y justo hoy termina la vida de este programa por falta de publicidad», acusó el periodista.

El programa informativo llega a su fin, dijo, luego de que no cuenta con la solvencia económica suficiente para pagarles a sus empleados.

Denunció que “mediante toda clase de trucos perdimos la libertad de expresión».

En la última edición de su programa, Gutiérrez Vivó recordó que en marzo de 2004, Grupo Radio Centro –sin previo aviso y después de perder el proceso legal contra Grupo Monitor… sacó del aire el noticiario del mediodía.

Y es que a Grupo Radio Centro se le sentenció a pagarle a Gutiérrez Vivó una cantidad superior a 22 millones de dólares… suma que por cierto, apoyado por grupos de poder, no ha cubierto… después de más de tres años de la sentencia.

Gutiérrez Vivó denunció que en 2004, sacaron del aire una estación informativa, como hacían las dictaduras… recordó que esa acción se hizo horas después de que López Obrador, anunció en el noticiario su intención de contender por la Presidencia de la República.

Relató que toda la agresión la comenzó Vicente Fox, pues consideraba a Infored «perredista» al argumentar que los colores del logotipo de la empresa -amarillo y negro- eran los mismos que los del emblema del PRD.

¡Vaya estupidez!

A esta tontejada muy foxista siguió la orden a gobierno y empresarios de no anunciarse en Monitor, lo que obligó a Gutiérrez Vivó a dejar sus transmisiones en frecuencia modulada, y sólo hacerlo en amplitud modulada.

El acoso contra el informador se mantuvo idéntico ya con Felipe Calderón.

A este respecto Gutiérrez Vivó denunció que haciendo uso de sus derechos constitucionales, solicitó una audiencia, con Calderón, para solicitarle cesara el bloqueo publicitario contra Grupo Monitor.

Felipe Calderón le mandó un mensaje: «Están castigados. Vamos a ver cómo se comportan… Cuando haya un buen comportamiento se arreglará una entrevista con el Presidente».

Gutiérrez Vivó sostuvo que nunca antes, en sus 40 años de periodista, “había percibido una agresión perfectamente disfrazada y disimulada».

Después de tales denuncias, las declaraciones del Presidente Calderón, suenan terriblemente huecas: El Jefe del Ejecutivo Federal aseguró que su gobierno hizo “todo lo que le fue posible para auxiliar a Monitor. No es cierto que se le haya cancelado la publicidad oficial.

Calderón aseguró que al contrario de lo que se dice, desde diversas dependencias del gobierno federal dio toda la publicidad que pudo al Grupo Monitor.

Por cierto, los periódicos han publicado una serie de cartones, respecto a esta nueva agresión a la Libertad de Expresión, pero uno llama la atención… Lo publicó La Jornada.

En el aparecen por un lado, Hugo Chávez, presidente de Venezuela… dando un mazazo a un televisor.

Por el otro, está Felipe Calderón destruyendo un aparato de radio.

En el cartón dibujan a Hugo Chávez exclamando… por apoyar el golpe de Estado… se refiere a que la televisora privada venezolana RCTV apoyó un intento de golpe de Estado en Venezuela en 2002, por lo cual Hugo Chávez negó la renovación de su concesión.

En el segundo, Calderón justifica la destrucción de la radio… al gritar: “por no apoyar el golpe de Estado del 2 de julio de 2006″.

¿Se dan cuenta?

Ahora resulta que quien se parece a Hugo Chávez es Felipe Calderón.

Un último razonamiento: México, ahora en manos de la derecha, no ha cambiado, Los medios de comunicación no afines al grupo en el poder, corren el peligro de desaparecer.

Así ocurrió con el Excélsior de Julio Scherer, quien después de un embargo publicitario, decretado por el entonces presidente Luis Echeverría, tuvo que renunciar a la dirección de ese periódico el 8 de julio de 1976.

Así ocurrió con José López Portillo, en 1979, quien dejó para la posteridad, aquella frase dedicada a las revistas Proceso y Crítica Política, contra quienes ordenó el cese publicidad oficial: “yo no pago para que me peguen».

Apenas empezaba el sexenio de Carlos Salinas de Gortari cuando, el 10 de enero de 1989, se ordenó al retiro de la televisión de Guillermo Ochoa, por haberse atrevido a difundir en su noticiero una entrevista a Joaquín Hernández Galicia, La Quina, precisamente un día después que el gobierno federal había decidido satanizarlo.

Durante el foxismo, además de Grupo Monitor… las agresiones también se dieron contra canal 40.

Vicente Fox, dio todo su apoyo a Televisión Azteca, para que con tácticas mafiosas se apropiara de dicho canal.

Es por ello que se escucha mucho muy hipócrita, el que la derecha se desgarre las vestiduras con lo que ocurre en Venezuela. Igualmente hay hipocresía cuando dice estar comprometida con la Libertad de Expresión.

Lo de Monitor es terrible: condenan a México a conformarse con lo que nos quieran decir López Dóriga, Ciro Gómez Leyva, Denise Maerker, Carlos Marín, Loret de Mola y demás personajes cuyo compromiso no radica con la verdad.

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