Opinión: Sociedades de Convivencia en Hidalgo

Como siempre, la sociedad va un paso delante de las leyes y obliga a éstas a adaptarse a las necesidades que la ciudadanía requiere. Con o sin ley, las nuevas formas de convivir se imponen. Ni permiso, ni perdón ha requerido la sociedad civil para vivir en unión libre con una pareja, sea del sexo que sea, para mudarse a la casa del abuelo o la madrina, para hacer de las amistades la nueva familia cuando la parentela sanguínea está lejos, para dejar a los hijos e hijas ‘encargados’ con las tías porque los padres se van a trabajar a Estados Unidos. Esta ley únicamente realiza un acto de elemental justicia ante las nuevas formas sociales de relación.

Por: Tania Meza Escorza / Desde Abajo

La semana anterior terminó con una gran noticia para Hidalgo. La diputada Tatiana Ángeles presentó ante el Congreso local la iniciativa de ley de Sociedades de Convivencia para el Estado de Hidalgo.

Contrario a lo que la desinformación pudiera hacer creer, ésta no es una legalización del matrimonio Gay. La comunidad Lésbico-Gay-Bisexual-Transgénero-Transexual es una de las principales beneficiarias, pero no la única. Esta ley no plantea el matrimonio entre personas del mismo sexo, tal y como ya sucede en otros países europeos y algunas ciudades de Norteamérica. Ni siquiera alude a la preferencia sexual.

Se trata de la posibilidad de compartir los beneficios legales, particularmente de la seguridad social, con quien cada persona decida, sin que les una un lazo sanguíneo. Si convivo con otra persona (sea o no mi pareja, puede únicamente ser mi amigo) y decido entrar con ella o él al régimen de sociedades de convivencia, dicha persona tendrá el derecho de usar mis beneficios sociales, tales como el seguro social, el ISSSTE, la vivienda, etc. También da derecho a herencias y pensiones.

Como siempre, la sociedad va un paso delante de las leyes y obliga a éstas a adaptarse a las necesidades que la ciudadanía requiere. Con o sin ley, las nuevas formas de convivir se imponen.

Ni permiso, ni perdón ha requerido la sociedad civil para vivir en unión libre con una pareja, sea del sexo que sea, para mudarse a la casa del abuelo o la madrina, para hacer de las amistades la nueva familia cuando la parentela sanguínea está lejos, para dejar a los hijos e hijas ‘encargados’ con las tías porque los padres se van a trabajar a Estados Unidos. Esta ley únicamente realiza un acto de elemental justicia ante las nuevas formas sociales de relación.

Tal y como aseguró la legisladora Ángeles, el fundamento de las sociedades de convivencia es la solidaridad entre las personas que conviven, haya o no contacto sexual entre ellas, sean o no del mismo género. Esta ley no legisla sobre la vida sexual de la ciudadanía, sino sobre el derecho de la misma a la protección jurídica.

Como sociedad, esperemos que la legislatura local dé otra vez el gran ejemplo que pudimos ver con la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia del Estado de Hidalgo, cuando todas las diputadas, de todos los partidos, lograron presentar una misma iniciativa, para lo cual contaron con el aplaudible respaldo de sus compañeros varones.

La ley de sociedades de convivencia, es un gran paso hacia la auténtica democracia de Hidalgo, no la de discursos, no la de acciones en las cúpulas que nunca aterrizan en las bases, es un paso que beneficia directamente a toda la población hidalguense.

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