Columna: Espiritualidad de la Cuarta República

El lunes pasado se cumplió exactamente un año del inicio de la Asamblea Permanente convocada por Andrés Manuel López Obrador… No debemos ni podemos perder la memoria sobre ese acontecimiento histórico. Este y mis próximos artículos intentarán ser un recuerdo de esos extraordinarios días… ¡Recuerda, Recuerda / Aquella Asamblea / Recuerda el Orgullo / del Treinta de Julio! / ¡Recuerda esos días / que hicimos historia / Sembramos semilla / y vendrá la Victoria!/

Por diacono Álvaro Sierra Mayer / Desde Abajo

HISTORIAS DEL PLANTÓN (1): Decisión, Generosidad, Alegría

El «plantón» de zócalo y reforma Andrés Manuel lo llamó, el 30 de julio de 2006, una «Asamblea permanente»… Déjenme comentarles algo en torno a esta «Asamblea permanente» y en general sobre los obstáculos que fueron sucediendo desde el 2 de julio… Lo que quiero decirles podrá parecerles, en un primer momento, como un «sinsentido» o como una «barbaridad». Pero, ¡no lo es! ¡Piénsenlo un poco!…

Todos deseábamos, y así lo comentábamos durante los días del plantón, que el 2 de julio se declarara a Andrés Manuel como el nuevo Presidente de México con un amplio porcentaje de ventaja… Pero no fue así… ¿Ha sido eso tan malo? –me preguntaba esos días… La «Asamblea permanente» me fue haciendo descubrir que no, no fue para nada «malo», y es esa aparente «barbaridad» la que quiero compartirles… Por muchas razones que fueron acudiendo a mi mente y a mi corazón en esos días inolvidables y extraordinarios…

¡No había realmente sombras de tristeza o de derrota en esos campamentos! ¡Era tan impresionante la alegría, la solidaridad, la decisión de lucha que se experimentaba allí, en el cada día, que no pude evitar darme cuenta que si López Obrador hubiera sido declarado ganador el 2 de julio, no habríamos estado allí ni habrían sucedido las vivencias tan extraordinarias que empezamos a experimentar, ni habría ocurrido ese hermoso período de purificación y aprendizaje que nos ha hecho mejores personas!… ¡Hombres, mujeres y niños capaces de sacrificar dinero, tiempo, comodidades, en aras de un ideal que ni siquiera parecía claramente alcanzable! ¡Ejemplos de una notable cohesión y organización en algunos grupos y estados, y evidencias en otros casos de una notable falta de capacidad organizativa y de convocatoria, pero que precisamente por eso era una experiencia altamente instructiva!…

El 2 de julio, tal como sucedió, nos regaló a muchos, al menos puedo decirlo de los que estuvimos en los campamentos, ¡una alegría contagiosa!, ¡una decisión que parecía inquebrantable!, ¡una generosidad admirable y conmovedora!…

¡Alegría contagiosa en muchos con sus cantos de día y de noche… Con sus bailes y sus danzas según las diversas expresiones y regiones… Con las consignas y los gritos, claros y firmes, pero también con ojos brillantes de convicción y de entusiasmo! ¡Quienes tendíamos a ser más serios o más contenidos éramos, inevitablemente, empujados o arrastrados por ese incontenible júbilo que parecía ser inherente a esa batalla por la verdad, por la justicia y por la libertad!… «¡Ni el agua, ni el viento, detiene el movimiento!», «¡Ni el agua, ni el viento, detiene el movimiento!», gritábamos sonrientes mientras combatíamos la lluvia y las inundaciones con lo que tuviéramos a la mano…

¡Decisión que parecía venir de altísimas profundidades interiores… Miradas empapadas de certezas… Actitudes y pasos saturados de fe inconmovible en la victoria… Reflexiones que se compartían, fácil, a uno y a otro compañero, sobre lo que se debía o no hacer en esa Resistencia… Líderes naturales… Personas originales y creativas… Reciedumbres y fortalezas poco comunes… Y también, y tal vez sobre todo, decisión de muchos que no encontraban en su vida carente y marginada ninguna otra decisión alternativa… Personas jugándose el todo por el todo porque no tenían nada… Seres humanos que morirían sin dudarlo, si hacía falta, pues su vida humillada y dolorida era ya, de hecho, una muerte vivida permanentemente… Estaban en los campamentos muchos entre los millones de «invisibles» que «no existían» para los pocos privilegiados y poderosos que vivían en su pequeño mundo egoísta… Pero decididos a hacerse «visibles», decididos a ser escuchados, decididos a mostrarles a esos pocos que había un mundo más grande y más hermoso que el que vivían!… «¡Y llueve, y llueve, y el pueblo no se mueve!» «¡Y llueve, y llueve, y el pueblo no se mueve!», gritábamos en coros poderosos, decididos a seguir allí indefinidamente…

¡Generosidad que parecía un milagro en medio de una sociedad supuestamente materialista y sin principios… Corazones atentos y compasivos… Espíritus solidarios y compartidos… Almas que no poseían nada y que por eso mismo eran capaces de entregarlo todo!… «¡Pase, compañero, ya está la comida!»… «¡No quiere un pedacito de naranja? ¡Ándele! ¡Con confianza!»… «¡Una cobija para la señora, que no le de frío!»… «¿Qué les hace falta? ¡Voy a pedir a mis vecinos que cooperen y les traigo!»… Llegan médicos y enfermeras de todas partes, y medicinas, y se crean rápidamente varios pequeños campamentos de atención médica gratuita… Grupos musicales o de teatro o de discusión política que van de campamento en campamento brindando alegría, reflexión, conciencia social y política… Marchas y manifestaciones, todas nutridas y decididas, a bancos, empresas del fraude, puentes y caminos y un largo etcétera… Voluntarios para la vigilancia, para hacer la comida, para lavar los trastes, para asear los campamentos… Todo extraordinariamente libre y entusiasta… Y es que, en esta «Asamblea permanente», aprendíamos todos los días, a las 7 de la noche, cuando Andrés Manuel nos hablaba y nos inyectaba nuevas fuerzas: «Soy un hombre feliz» –decía con frecuencia (alegría)… «No me voy a dejar» –nos decía con convicción profunda (decisión)… «Estoy aquí con ustedes y no los voy a traicionar» –nos decían sus palabras y su ejemplo de vida (generosidad)… «¡Andrés, aguanta, el pueblo te respalda!» «¡Andrés, aguanta, el pueblo te respalda!»… «¡No estás solo!» «¡No estás solo!»… «¡Es un honor estar con Obrador!» «¡Es un honor estar con Obrador!»…

«El cielo en la tierra» –pensaba yo entonces… «Las características de nuestra Nueva República» –pienso yo ahora… Sí. Alegría, decisión, generosidad… Sí. TRIPLE V: Vocación, Virtud y Viraje (generosidad). Sí. Valor, Vigor y Voluntad (decisión). Sí. Vitalidad, Vuelo y Victoria (alegría)… Sí… El 2 de julio, tal como sucedió, nos está regalando a todos ciudadanos dignos de esta Cuarta República. Nos está regalando a todos los que seguimos luchando: decisión, generosidad y alegría…

Álvaro, ciudadano de la Cuarta República

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