Opinión: Un mass media en cada hijo te dio

. Pese a las campañas sobre tesoros profundos, las histerias de conductores y tecleadores, así como las convenientes descalificaciones de los medios de comunicación masiva “con mayor penetración”, la gente no se traga el cuento de que la “asociación” en la reforma energética, no significa privatización.

Por Tania Meza Escorza / Desde Abajo

México es uno de los países en el mundo, en donde peor se encuentran distribuidos los medios masivos de comunicación. Unas cuantas manos acaparan la mayoría de las frecuencias de radio y televisión con cobertura nacional, así como la propiedad sobre los medios impresos de amplia circulación.

No obstante, quien tiene los medios sí tiene el poder, pero no la omnipotencia. Pese a ello, la clase política ha sobrestimado el poder de los medios masivos.

Tal afirmación parece temeraria, pero cualquiera que tenga conocimientos básicos en Ciencias de la Comunicación lo sabe, y ésta es justamente una de las aseveraciones teóricas que mayor sorpresa causa entre las y los estudiantes de la licenciatura en Comunicación.

Como el padre violento que amenaza a su familia repitiéndole a diario que él es poderoso, que tiene control total sobre ellos, y que sin él, el núcleo familiar no sería nada, los “mass media” alimentan la creencia de su absoluto poderío.

Alumnos y alumnas de dicha carrera llenan el aula de comentarios sobre experiencias en las que, ellos creen, los medios han hecho que las masas actúen como robots sin voluntad.

Poco a poco, las maravillosas ciencias sociales les llevan de la mano a racionalizar y deconstruir sus paradigmas iniciales sobre los medios, y a darse cuenta que creer en la omnipotencia mediática, es tan absurdo como pensar que el padre violento del ejemplo anterior, efectivamente podrá leer los pensamientos de sus hijos y que la familia se desmoronará sin él.

“Los medios son muy poderosos, pero no son dioses y la gente no es tonta” repetimos una y otra vez en el salón de clases, para que no se les olvide que el verdadero poder radica en la comunicación humana y no en la comunicación masiva.

La clase gobernante invierte mucho dinero en comprar medios y reporteros para que hablen bien de ellos, pero eso en realidad no sirve de nada si la gente no vive en carne propia los buenos resultados.

Por estos días, en que en nuestro país se han vuelto a poner de moda las estrategias del genio demencial Joseph Goebbels y el éxito que éstas tuvieron en la Alemania Nazi, se olvida decir que el pueblo germano de ese entonces tenía necesidad de creer para levantarse, luego de que toda su grandeza histórica, científica y social había sido vapuleada con su derrota estridente en la primera guerra mundial. Es decir, el mensaje cayó en tierra fértil, porque en otra circunstancia social, la historia habría sido muy diferente, con todo y la propaganda negra del nazismo.

En el México de hoy, reconforta saber que la teoría de la acción comunicativa (propuesta por el maestro Habermas y considerada uno de los ejes rectores de las ciencias sociales contemporáneas) se reafirma en nuestro país: Pese a las campañas sobre tesoros profundos, las histerias de conductores y tecleadores, así como las convenientes descalificaciones de los medios de comunicación masiva “con mayor penetración”, la gente no se traga el cuento de que la “asociación” en la reforma energética, no significa privatización.

Ante el cerco mediático al movimiento ciudadano en defensa del petróleo, la resistencia civil pacífica optó por volver al origen: si la comunicación mediática masiva está cancelada, hay que acudir a lo más tardado, pero al final de cuentas más efectivo: la comunicación humana. Cada brigadista se convirtió en un medio de comunicación.

Casa por casa, desde el sábado anterior las y los brigadistas están recorriendo el país (incluido Hidalgo) para informar a la gente sobre el verdadero contenido de la reforma energética, sobre la actual situación de Pemex y sobre por qué la situación se ha tornado extrema.

Lo mejor de todo es que poco han debido debatir y convencer a la gente en sus casas, porque si bien la gran mayoría de los receptores no tiene muy claro en qué consiste exactamente la propuesta de reforma energética, sí está convencida de dos situaciones centrales: el gobierno quiere vender Pemex y le va a entregar el petróleo a los extranjeros.

Además de esta claridad, en sus palabras se escucha la indignación y, en ocasiones, hasta la furia ciudadana por el entreguismo.

La gente está informada, la gente se siente ofendida, la gente está dispuesta a impedir la privatización de Pemex. En resumen: los medios masivos de comunicación no son dioses y la gente no es tonta. Una vez más las ciencias sociales han acertado.

Comentarios: taniamezcor@hotmail.com  

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