Opinión: Mercenarios al habla .

Los sistemas estatales de radio y televisión han transitado de espacios públicos para la información y divulgación a centros estratégicos en la preservación de una ideología de dominación al servicio del partido político en turno

Por Luis Alberto Rodríguez / Desde Abajo

Existe en el espectro mediático una figura peculiar. Al igual que pseudo organizaciones internacionales –de estas llamadas civilizatorias-, premian a los periodistas que consideran “jóvenes líderes globales”, una estampa del statu quo hace lo propio con los comunicadores que consideran “influyentes”.

No es que el asunto radique en si tales comunicadores lograron sus actuales posiciones o nombramientos con base en procedimientos honestos, sino en cómo usufructúan su labor, comportándose como simples mercenarios del poder.

Ejemplo 1.- Los sistemas estatales de radio y televisión han transitado de espacios públicos para la información y divulgación a centros estratégicos en la preservación de una ideología de dominación al servicio del partido político en turno.

A través de sus cámaras y micrófonos, “licenciados” o “licenciadas” adscritos a una franja reaccionaria de comunicadores y periodistas, utilizan el espectro permisionado para entrevistar a burócratas, secretarios de Estado y del partido político al que sirven. Existen, inclusive, quienes a sabiendas de ocupar un espacio público de información (es decir, que pertenece al pueblo por régimen del Estado), cobran buenas sumas de dinero por ello.

Acaso lo anterior suele ser el último piso en la ética de éstos personajes. Sin embargo, al revisar el alto costo que estos ilícitos tienen para la magra democracia mexicana, resulta peor su entreguismo a la causas políticas (oficiales, claro) emprendidas contra ideas que les sean opuestas. También, suele usarse para echar a andar carreras políticas o simplemente para complacerlas “hablando claro”.

Ejemplo 2.- No conformes, quienes tratan de dirigir las riendas de los mass media desde el poder gubernamental, emprenden proyectos periodísticos a gran escala que hagan frente a los pocos y limitados esfuerzos independientes de periodismo veraces y socialmente comprometidos.

Arrestan en sus primeras planas, titulares y gráficos para socavar la verdad, tergiversarla o imponerla, aún cuando ni siquiera cuenten con argumentos sólidos. Incluso, la misma técnica la utilizan para burlarse o calumniar a algún político o líder social que les incomode (Aún y cuando éste no sea precisamente un ejemplo moral. El asunto es, pues, dictar razones que consientan su soberbia).

Ejemplo 3.- Si algún medio de comunicación establecido pretende utilizar sus espacios para criticar prácticas negligentes, deficiencias, o para evidenciar actos de corrupción en el Gobierno o el partido oficial, la estrategia es el estrangulamiento.

Tal cual sucedió con el Excélsior de Julio Scherer García en 1976 o recientemente con Monitor de José Gutiérrez Vivó a manos de Felipe Calderón, la estrategia de la oligarquía es frenar los espacios de comunicación incómodos. Y asegurarse de que no existan más, amenazando a los grandes comercios de retirarles apoyo si contratan publicidad a tales medios, orillándolos a desaparecer.

La alternativa.

Ante estos escenarios, han surgido los medios alternativos de comunicación. Medios de información públicos y libres que se han dedicado a la divulgación de ideas e información de acontecimientos que nunca serían transmitidos a través de los medios tradicionales, debido a inconveniencia financiera y/o política.

Surgidos de la tesis social del filósofo francés Louis Althusser sobre los “Aparatos Ideológicos del Estado” y cómo contrarrestarlos, los medios alternativos de comunicación se encuentran en todos lados. Existen a través de los periódicos digitales (internet), radios comunitarias, radios libres, televisión digital o los denominados fanzines, que son periódicos o revistas autogestivas y democráticas

Así los describe el Centro de Medios Libres del Distrito Federal (CM-DF): “Los medios alternativos son los únicos medios en el que la gente de la calle se puede expresar. Al no tener ánimo de lucro ni financiamiento externo en el caso de los medios libres, sus opiniones son libres de cualquier influencia externa y se basan en los problemas de la clase trabajadora. Su objetivo es romper el imperio mediático de la burguesía y los grandes poderes, para buscar una alternativa democrática y sostenible a este sistema” (…) “son una de las herramientas más importantes que tenemos los ciudadanos para luchar contra el imperio de las multinacionales, para poder dar nuestra opinión y poder influir con ella al cambio de la sociedad”

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