La hora jazz: Infected public

. Había mucha razón en lo que decía, el concierto estuvo mal organizado, a mi también me pareció injusta la mala división que hicieron para hacer su zona de distinción de clases. Pero en fin, yo también era un simple espectador, no solo de un concierto de música israelita, sino también del show de un staff que se aprovecha de un publico ilusionado, de fans que esperan mucho tiempo para ver a su artista favorito en la ciudad.

Por Jesús Ángeles / Desde Abajo

El viernes 29 de Agosto se presentó en la ciudad Infected Mushroom, grupo de psytrance que jamás se había presentado en esta ciudad; a alguien se le había ocurrido traerlo para aportar algo seudo-novedoso en Pachuca y, de paso, ganarse una lana. Aficionado a este tipo de música en alguna etapa de mi vida me incitó a ir, además, no pagaría la entrada gracias a las ocasiones que da la vida, así que me dí la oportunidad de escucharlos en vivo, en especial para escuchar el tema “bust a move”, que me gusta pero nunca tocaron.

Pude accesar un poco más de lo que una persona pagó por un boleto, los miré de cerca, ahí donde estaba el staff y los granaderos tratando de sacar a la prensa, y no solo a ellos, sino a todo aquel que se quisiera colarse frente al escenario. Los miré, los escuché, me sorprendió la manera en que manejan esas explosiones rítmicas, que parecen interminables cuando las escuchas, una saturación de ruido que sólo pocos lo pueden convertir en música.

Estuve alrededor de dos horas observándolos, mirando como se lucían en el escenario, se creían dioses, o mejor aun, se sentían Hernán Cortes con la mascara de un Quetzalcóatl musical. Erez Duvdev, vocalista del grupo trataba a su público como si fueran sus súbditos. Yo no le hice caso a nada de lo que invitaba, solo me quedé ahí parado, apático.

Cuando termino el concierto, traté de buscar a unos amigos que se me habían perdido, pero en mi búsqueda encontré algo más, ahí estaba un hombre sentado en el estacionamiento, mirando su boleto. Tenía un llanto que se podría comparar con el del un niño; ¿Por qué habría de estarle llorando a un boleto a la salida de un concierto? no lo sé. Traté de averiguarlo, me senté junto a él y esperé un poco. En un ambiente así, se me ocurrió preguntarle por drogas, tenía aspecto de vendedor de mota y, le ofrecí una buena cantidad de dinero para comprarle un cigarrillo de marihuana y enterarme de lo que le ocurría.

Cuando me escuchó dejó de llorar, y con una voz alterada me dijo que el no tenía. Al verlo un poco molesto decidí retirarme y continuar mi camino pero, justamente cuando me alejaba de él, lo escuché decir: “¡Porque no se me ocurrió hacer eso antes!, ese si es negocio, hubiera vendido algo de polvo, de acido, y hasta pa’ las chelas me hubiera alcanzado”, después de eso, el hombre continuó llorando. Para no interrumpir su llanto y poder enterarme de lo que le pasaba, decidí quedarme ahí, parado, a espaldas de él y seguir escuchando:

“Pero yo ni soy díler para hacer eso, lo único que quería era venir al concierto, ver a los Infected lo más cerca que fuera, compre mi boleto que costó mas 200 pesos y todo para que, para que el escenario estuviera a más de cincuenta metros de mí, todo gracias a la zona vip que nunca se llenó. Los verdaderos fans –decía aquel hombre con sollozo – no estaban en la esa zona que llaman exclusiva, los verdaderos apasionados estábamos ahí atrás, y nos trataron como a delincuentes. Pusieron una valla que solo nos permitió mirar un poco, que nos daba un mejor panorama de lo que hacina los niños ricos en su zona exclusiva, mirando como se alcoholizaban, como se besaban con sus chicas, todo eso, menos el concierto”.

“Al menos, traían un buen equipo de sonido, eso nos permitió a los de atrás escuchar bien. Yo no se que le veían de vip a esa zona, ellos tampoco estaban cerca del grupo, no tenían baño, y para defecar o hacer pipi tenían que ir a los mismos retretes donde yo hacia; estaba bien aburrido su lugar, ni sillas ni salas tenían. Pero bueno, todo eso valió la pena, no puedo quejarme, después de esperar muchos años al menos pude escuchar a Infected en vivo.

Había mucha razón en lo que decía, el concierto estuvo mal organizado, a mi también me pareció injusta la mala división que hicieron para hacer su zona de distinción de clases. Pero en fin, yo también era un simple espectador, no solo de un concierto de música israelita, sino también del show de un staff que se aprovecha de un publico ilusionado, de fans que esperan mucho tiempo para ver a su artista favorito en la ciudad.

Ni modo, estamos en una ciudad de crecimiento, en la que tenemos que aprender de tropiezos y errores, aprender cuando nos ofrecen un buen evento, y cuando solo quieren hacer negocio con nosotros. Que bueno que vinieron los Infected, me alegro por todos los que disfrutaron este concierto, por todos aquellos que agarraron una fiesta interminable ese día, los felicito. Ojala que la próxima vez, en un concierto de esta magnitud, al público se le ofrezca una mejor calidad al pagar su boleto.

Sugerencias y comentarios a: lahorajazz@hotmail.com
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