[INTERNACIONAL] La Revolución Cubana en el siglo XXI

. La vitalidad de la economía socialista está estrechamente asociada a la recuperación, remodelación y redimensionamiento de la economía nacional, al desarrollo científico y tecnológico, al crecimiento de los sectores tradicionales y de las nuevas ramas de la industria, a la multiplicación de los lazos comerciales y financieros internacionales, al efecto de las actuales transformaciones y medidas en la consolidación de una gestión económica eficiente, y sobre todo a que comienza a concretarse el triunfo de la empresa socialista como sector económico predominante, sobre la base de la máxima utilización de los recursos y potencialidades de la nación.

Por Felipe de J. Pérez Cruz / Revistacaliban.net

El título que he propuesto para esta presentación, no nace de un ejercicio literario: resume la tesis central que defiendo para el presente y el futuro inmediato y mediato de mi país. Mi objetivo en esta ponencia será presentarles un resumen de los argumentos que sustentan dicha tesis. Por razones de espacio, solo me voy a referir al eje histórico de la reforma económica en su trascendencia política e ideológica. El debate propiamente sobre política económica, y aspectos no menos trascendentes como los culturales y educacionales, el funcionamiento del sistema político y su articulación con la sociedad civil, el tema de la democracia socialista, pueden ser abordados en el debate posterior.
Parto del criterio de que se debe tener bien claro que ha significado y significa para los 11.2 millones de habitantes de este archipiélago antillano,[2] vivir el socialismo que realmente tenemos, en el contexto de la Latinoamérica y del mundo que ha arribado al Siglo XXI. En tanto no fuimos ajenos a los vicios de la apología, y aún no nos hemos librado completamente de ella; la formulación de un enfoque como el que propongo, corre el peligro de motivar las suspicacias que nacen en el genuino rechazo a la alabanza desmedida, cómplice casi siempre del espíritu justificativo y retardario. Corro tal riesgo, porque estoy convencido de la necesidad del balance en positivo. No intentar sistematizar esos logros del socialismo en Cuba, no proponernos su evaluación histórica, política y cultural -o minimizarlos-, es algo sumamente errático. Encierra ya un tipo de renuncia siempre a favor de nuestros enemigos ideológicos, y en tanto similar o peor, un dejar el camino sin obstáculos a la adulonería y el engaño, la mediocridad y el oportunismo de uno u otro signo.

La tarea que me propongo no solo se circunscribe al tema cubano. La universalidad de la misión que nos hemos trazado los cubanos y cubanas, hace que al asumir su estudio, entremos de lleno en debates medulares para la vida y el futuro de nuestros pueblos, en particular los latinoamericanos y tercermundistas.

La compleja transición socialista

Los padres del marxismo no dejaron un modelo detallado de la sociedad futura, sino una teoría científica del desarrollo. Carlos Marx y Federico Engels, no pudieron prever que el socialismo triunfaría primero en Rusia, la potencia capitalista más atrasada de su época, y que sería definitivamente en el mundo subdesarrollado, donde alcanzaría hasta hoy su más firme concreción. Aún en la consideración de que primero se darían las revoluciones

socialistas en Europa y los Estados Unidos, Federico Engels, no dejó de prever la complejidad que nuestros países tendrían que vencer “antes de llegar también a la organización socialista”.[3]

No somos ajenos los cubanos a los problemas que tenemos por ser un país del Sur, con medio milenio de explotación colonial y neocolonial, subdesarrollado y expoliado por un desigual orden económico internacional. El subdesarrollo heredado, el mercado capitalista y la globalización transnacional amenazan al socialismo en Cuba. Hacen que las condiciones existentes sean insuficientes para producir espontáneamente el nuevo régimen, por lo que la Revolución está obligada a desarrollar –violentar–, una y otra vez las condiciones económicas, políticas e ideológicas existentes, transformar constante y progresivamente al hombre y la mujer cubanos, y a las condiciones de despliegue de las realizaciones revolucionarias.[4]

Nacen además nuestras dificultades de los retos de esa compleja transición socialista -no resueltos aún por pueblo alguno en la práctica histórica contemporánea-, que se traducen en errores que hemos tenido en la construcción socialista, y en las dificultades para armar un patrón estable de desarrollo. Un problema histórico se sitúa en que Cuba no ha logrado producir suficientes alimentos para su población y depende de las importaciones de productos alimenticios. Cuando los Estados Unidos intentaron paralizar el país y crear una crisis de suministro de energía y alimentos, los generosos términos comerciales ofrecidos por la Unión Soviética permitieron vender nuestra azúcar a cinco veces sobre el precio del mercado mundial, y a su vez, comprar petróleo y productos alimenticios a bajos precios. Del exterior se importaba más del el 50 por ciento de las calorías consumidas y el 60 por ciento de las proteínas. Estos problemas no han estado fuera de la evaluación y el análisis de los revolucionarios cubanos, han conllevado a autocríticas rigorosas y nuevas búsquedas, a desacuerdos y debates, que en cada momento, han conducido a planes y medidas concretas. Hay resultados concretos, pero no se ha podido resolver el problema a nivel estratégico.

La praxis revolucionaria cubana, aún necesitada de estudios y fertilizaciones desde el pensamiento científico social y cultural, nos ha conducido a afrontar una compleja lógica de logros y reveses, avances y estancación, rectificaciones y cambios; pero la tendencia prevaleciente, marcada por el liderazgo de Fidel Castro, Ernesto Che Guevara y Raúl Castro, ha sido la inconformidad, la autocrítica y la búsqueda constante de nuevos espacios de realización revolucionaria. Desde mediados de la década del ochenta, nos percatamos –antes que la dirección soviética hablara de perestroika- de la necesidad de rectificar el modelo socialista en curso. Y en tal criterio se inicia el proceso de rectificación de errores y tendencias negativas en los debates del III Congreso del PCC en 1986.

El proceso de rectificación de errores y tendencias negativas fue una revolución conceptual profunda y abarcadora, que tuvo por centro la autocrítica y reflexión colectiva, y el reencuentro con los fundamentos más genuinos de la ideología revolucionaria cubana. Precisamente frente a las desviaciones economicistas y el deterioro de la conciencia revolucionaria, la rectificación condujo a reasumir el papel protagónico de la ideología socialista, relegada por la prevalencia de los falsos criterios sobre la eficiencia espontánea de los mecanismos económicos, lo cual implicó un mayor protagonismo de las masas populares. A la rectificación, como proceso, le faltó el tiempo que no le concedieron las circunstancias. Entre otros, un ambicioso programa agroalimentario quedó paralizado. Nunca estuvo Cuba tan cerca de crear las bases para su definitiva independencia alimentaria que en aquellos años finales de la década del ochenta.[5]

A partir de los años 1989-90, tras el derrumbe de la Unión Soviética, sufrimos la severa crisis económica conocida como período especial. Recordemos que en apenas meses, Cuba se quedó sin un abastecedor estable y a precios justos de combustibles, piezas de repuesto, fertilizantes, de la inmensa mayoría de los insumos de la economía nacional y de buen parte de los alimentos de su canasta básica. Las consecuencias fueron desastrosas para la producción material y en ramas como la ganadera, las pérdidas fueron dramáticas, con afectaciones en los productos lácteos y cárnicos hasta ahora no resueltas. El Producto Interno (PIB) de la nación cayó en –35 por ciento, mientras las importaciones se redujeron en un 75 por ciento. El déficit fiscal se disparó al 33 por ciento del PIB en 1993, cuando entre los economistas se considera que solo un 5 porciento, resulta un nivel peligroso para cualquier economía.[6]

La abrupta llegada del período especial precisó de la concentración de todas las energías de la nación, en las tareas más inmediatas y trascendentales de supervivencia y defensa junto al proyecto socialista, de la vida de todos y cada uno de los cubanos y cubanas. En las críticas circunstancias del período especial el país se vio en la necesidad de iniciar un proceso de ajustes y reformas económicas, reintroducir las relaciones de mercado y abrir sectores de la economía nacional a la propiedad privada, la participación y la inversión del capital extranjero, sin abandonar la regulación planificada de la economía, ni el dominio de la sociedad sobre el curso del desarrollo socialista. Se produjeron fenómenos de reestratificación social, reaparición de sectores de propietarios, gerentes de empresas mixtas y extranjeras y elementos burgueses, de expansión de desigualdades en los ámbitos más diversos, y alteración y fractura del tipo de relacionamiento socialismo-igualdad establecido con anterioridad, lo que se expresó de manera particular en una configuración irregular de las condiciones de vida, el deterioro del consumo social y la aparición de diversas conductas patógenas y con ellas nuevas tensiones sociales e ideológicas.[7] El desestímulo al trabajo se constituyó en un eje disparador de no pocos fenómenos adversos a la socialidad y moralidad socialistas.

En esos tiempos el valor del salario sufrió un golpe del que aún no ha podido recuperase. Los impactos de la situación creada se reflejaron de manera directa en las comunidades y barrios, y en el funcionamiento de la familia cubana. Se observó un descenso del nivel de vida de la familia que incluyó los ingresos económicos, las condiciones de la vivienda y el nivel de equipamiento. El tiempo invertido en las tareas domésticas y el número de éstas aumentó, repercutiendo en la atención y educación de los hijos.[8]

Fueron años en los que desafortunadamente aumentó el número de personas que de alguna manera estaban en condición de exclusión social: no trabajaban, ni estudiaban. Muchos autoexcluidos por el impacto psicológico que representó la abrupta caída de sus condiciones de vida, y otros excluidos por las disfuncionalidades no resueltas del sistema, ahora acrecentadas. La reaparición de fenómenos nocivos prácticamente erradicados y el surgimiento de otros nuevos golpearon el modelo de socialidad socialista. El regreso de la prostitución y el consumo de drogas -los más visibles-, impusieron un importante reto a la moralidad socialista. El consumismo con sus fetiches de marcas, lujos y joyas doradas, hizo su parición entre los cubanos y cubanas. El robo y la malversación de la propiedad socialista, en estrecha vinculación con el mercado negro, se configuraron como peligrosos fenómenos. Tales fenómenos negativos afectaron a sectores de la juventud y encontraron su espacio de reproducción en la medida que se fracturaba la equidad existente, y avanzaba el intercambio con el mundo capitalista, la presencia de empresas extranjeras y las primeras experiencias de turismo internacional.

La pesada herencia del subdesarrollo, nuestra cuota de errores e incomprensiones en la forja de la nueva socialidad socialista, y adversidades históricas de la magnitud de la desaparición en bloque de la URSS, y nuestros aliados del socialismo europeo; explican buena parte de nuestras actuales dificultades. Pero nunca se puede soslayar que la vida cubana está lacerada en lo fundamental, por la más despiadada y cruel guerra económica y política, que haya resistido nación alguna, organizada y generalizada a escala internacional por el gobierno de los Estados Unidos, poderoso líder del capitalismo mundial.

El socialismo atípico que definitivamente nació en el Caribe, tuvo la osadía de romper la cadena de dominación de los Estados Unidos en el continente americano. La Revolución Cubana tendría que enfrentar definitivamente un diferendo histórico de más de dos siglos, entre la nación en pugna por auto reafirmarse y crecer, y el poderoso país vecino siempre en plan de conquista y dominación. Para ello ha hecho frente a la más colosal y sistemática agresión económica, política ideológica y cultural que se ejecutara contra pueblo alguno en el Siglo XX, acción criminal que se continúa en esta arrancada de nuevo milenio. Carlos Marx no podía prever este desenlace. Sí lo vio su contemporáneo cubano José Martí, cuando en 1892 creó el Partido Revolucionario Cubano, para impedir a tiempo con la independencia de Cuba y Puerto Rico, la voracidad imperialista del país del Norte.

No hay nación en el mundo que haya tenido que pagar más de 93 000 millones de dólares, que al valor actual de esa moneda equivalen a 224 600 millones de dólares, en menos de medio siglo, por defender su soberanía e independencia nacional.[9] Suma que se multiplica en las cuantiosas pérdidas humanas y materiales como resultado de las acciones de guerra biológica y terrorismo de Estado practicadas por el imperio del Norte contra nuestro pequeño país.[10]

La década de los noventa, fue particularmente intensa en la cantidad de actos violentos contra Cuba. En todos los años de Revolución, se han producido 713 actos de terrorismo contra Cuba, 56 de ellos a partir de 1990, organizados y financiados desde territorio norteamericano[11] con un saldo de 3 478 muertos y 2099 incapacitados y daños físicos y psíquicos a cientos de víctimas y familiares.[12] En suelo de los Estados Unidos la criminal mafia anticubana, con la complacencia de las autoridades federales, ha llevado a cabo centenares de actos terroristas contra instituciones o personas vinculadas a Cuba o favorables a una relación normal con dicho país.

La escalada de las acciones provocadoras organizadas y financiadas por la Sección de Intereses de los Estados Unidos en La Habana (SINA en inglés) ha tenido un constante incremento durante el 2008, en su condición de puntal de la política subversiva del gobierno norteamericano y Estado Mayor del mercenarismo de la contrarrevolución interna. Esta Oficina ha incrementado sus actividades injerencistas e ilegales, a pesar de las reiteradas denuncias realizadas por el Gobierno de Cuba.[13]

La reforma económica

En medio de una drástica reducción del nivel de vida y de alimentación de nuestro pueblo, cuando en el mundo occidental repercutía el derrumbe de la URSS convertido en pesimismo y renuncias a los ideales comunistas, y el imperio arreciaba sus ataques con la pretensión de adelantar lo que consideraban una segura muerte o claudicación de la Revolución Cubana; se logró resistir y salvar la Revolución. La capacidad de resistencia y victoria que en la década del noventa demostró la Revolución Cubana, el hecho de que la severa crisis económica no deviniera en crisis política; ratificó como cualidad incuestionable del socialismo cubano, su extraordinario apoyo de masas, demostró que la mayoría del pueblo cubano estaba por el socialismo.

Sobre todos los problemas existentes y las amenazas que se precipitaban, la estrategia puesta en práctica, fue útil para frenar la crisis económica, salvar las principales conquistas del socialismo, y comenzar la recuperación económica.

La supervivencia de la Revolución, sus posibilidades de resistir y avanzar fueron el resultado de ocho factores que la dirección revolucionaria supo desentrañar y conjugar: no intimidarse; precisar las magistrales estratégicas; reagrupar fuerzas y hallar recursos potenciales; decisión de lucha; mirarse críticamente sin perder el vínculo con las masas; consultar con el pueblo y movilizarlo para la lucha; y trabajar continúa y sistemáticamente.[14] Estos factores resultaron las variables históricas que permitieron mantener el principio de unidad de la nación en torno a la política y la ideología de los comunistas. Probaron la importancia y trascendencia del Partido único como centro del sistema político del país, dirigente máximo de la resistencia nacional, guía segura en la salida del período especial y fuerza imprescindible para el mantenimiento de la independencia nacional y el socialismo.

En 1992 la Asamblea Nacional del Poder Popular aprobó un grupo de medidas tendientes a buscar dentro de la crisis, nuevas alternativas, que permitieran salir de tan difíciles circunstancias, sin perder las conquistas fundamentales del socialismo. La reforma económica que entonces se institucionalizó, fue el más activo proceso alrededor del cual se concretó la estrategia de victoria de la Revolución.

En el verano de 1993 fue dictada la despenalización de la tenencia de dólares y divisas en general, decisión que no solo significaba la legalización de la posesión de dólares, sino la despolitización de la tenencia de dinero norteamericano, por lo que tuvo junto al económico un impacto político e ideológico.[15]

La despenalización del dólar produjo un efecto trascendente en la economía, al mover el patrón de acumulación hacia la moneda norteamericana, y estimular el envío de remesas desde el exterior, y el desarrollo de sectores dolarizados que realizarían prácticamente todas sus operaciones en divisa, fundamentalmente, el turismo y el mercado interno en moneda convertible. A través de los instrumentos que el Estado articuló ambos sectores se convirtieron en los que más divisas canalizaron hacia el resto de la economía. Con la circulación del dólar, se inició la emisión del peso convertible (CUC) a partir de 1994, y se creó una institución financiera no bancaria, para darle convertibilidad al peso cubano y al peso convertible. También fue ampliado el sistema financiero y se diversificaron los instrumentos de ahorro de la población.

Los cambios en la política económica se dirigieron a normar y estimular el trabajo por cuenta propia y a abrir los mercados “liberados” para productos agropecuarios, industriales y artesanales, donde los precios serían determinados por la competencia, y a los cuales concurren todo tipo de productor, sea este una empresa estatal, cooperativa, privado o un trabajador individual. Las empresas estatales y cooperativas con compromisos de entrega, podían concurrir, después de haber cumplido sus compromisos de productos al Estado, con lo que se protegían los suministros para el consumo social y los que se distribuyen de manera equitativa en la canasta básica de toda la población.

Cuando el país en 1993 se enfrenta a la necesidad de instrumentar un proceso de transformaciones estructurales en la economía, adquirió preeminencia impulsar cambios imprescindibles, en el sector agropecuario. Este sector fue entonces objeto de una reestructuración, y se decide a partir de octubre de 1993, la transformación del sistema estatal de granjas agrícolas; que constituía la forma dominante dentro de la estructura agropecuaria de Cuba. Surgen entonces las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC).

Mediante el arrendamiento de la tierra propiedad de la nación -sin que medie pago de rentas- en usufructo permanente, se estimuló a los obreros agrícolas a la constitución de UBPC.[16] Las UBPC fueron formadas en las peores condiciones: con aguda escasez de petróleo, piezas de repuesto, instrumentos, etc.; lo que hizo difícil obtener a corto plazo ganancias reales a partir de un mayor esfuerzo productivo. No obstante representaron un cambio trascendente en la forma de gestión de la agricultura cubana.[17]

En la lógica de las reformas, se ejecutó otro conjunto de medidas económicas tendentes a la disminución del desequilibrio financiero interno. A fines de 1995 se aprobó una nueva ley de inversiones extranjeras que estimuló la presencia de capital foráneo e incorporó la posibilidad de desarrollo de “zonas francas y parques industriales”, como vía para estimular el desarrollo de empresas con financiamiento exterior. Más recientemente, en 1996 fue aprobado un decreto-ley mediante el cual se acuerda el establecimiento en el país de zonas francas y parques industriales.

Estas transformaciones económicas dieron paso a una etapa de recuperación económica a partir de 1994. La eficacia de los mecanismos aplicados, permitió convertir los dólares recibidos en financiación para los sectores con menos capacidad para generar moneda convertible de manera autónoma. Objetivamente se paró la crisis económica y se obtuvieron los primeros indicios de las posibilidades reales de sobrevivir y desarrollarse que tenía la nación, sobre la base de sus potencialidades internas, sus reservas de eficiencia económica y social. Paralelamente se amplió la democracia socialista y la participación comprometida del pueblo en la toma de decisiones para solucionar sus problemas y perfeccionar el socialismo. Con el pueblo se discutieron las principales decisiones de la reforma económica.

Comenzó un gradual evolución de la actividad económica, registrándose un decenio de crecimiento promedio anual cercano al 4 por ciento. Acompañó tal proceso la corrección de las finanzas públicas, y se pasó de un déficit presupuestal del 33.5 por ciento del PIB en 1993, al 3.0 por ciento en el 2003. La liquidez en manos de la población se redujo del 73.2 por ciento al 34.9 por ciento del PIB en esos mismos años. Entre 1994 y el 2003, el peso cubano se revalorizó de 140 pesos por dólar a valores que han fluctuado entre 18-27 pesos. Así mismo se desaceleró el crecimiento de los precios dados en los primeros años del período especial.

La reforma en la industria cubana se inicia una vez alcanzado cierto control macroeconómico estabilizador, en el sector financiero y en la dinámica de la inversión extranjera directa dirigida hacia sectores industriales. El proceso de reordenamiento laboral constituyó otra de las columnas básicas de la política económica socialista.[18]

Para la recuperación económica del país fue vital la puesta en acción del Perfeccionamiento Empresarial, sistema de gestión económica que comenzó a aplicarse a partir de 1987 en empresas militares cubanas. Se basa en que cada empresa debe diseñar, para sí misma, un sistema económico basado en un mercado, con fuentes de abastecimiento seguras, una alta competitividad y contabilidad confiable. Fue vital para su aplicación que todos los trabajadores de la empresa lo conocieran y asumieran sus nuevas formas de organización y gestión. También en 1997 da inicio la reforma bancaria.

Las medidas tomadas dieron lugar a una reducción del circulante en 3 000 millones de pesos y ayudaron a revalorizar el peso. De 150 pesos por dólar que llegó a estar el cambio en el país al iniciarse su despenalización, a 22-25 pesos por un dólar, en los últimos años.

La década de los noventa supuso para el país, un proceso de profunda transformación económica y social. Sus resultados no estuvieron exentos de fuertes tensiones y nuevas contradicciones sociales, pero cumplieron el objetivo fundamental pues garantizaron la recuperación económica y mitigaron los efectos más negativos de la crisis, sin por ello renunciar a la defensa de las principales conquistas del socialismo en Cuba.[19]

¿Qué es la Batalla de Ideas?

El brutal secuestro del niño Elián González por la mafia terrorista radicada en Miami, fue el detonante el 5 de diciembre de 1999, de una nueva etapa en la lucha del pueblo cubano. Abrió un multidimensional proceso de profundización de la ideología y la obra revolucionaria, que Fidel Castro nombró como Batalla de Ideas. En él se prestó – y se presta- una particular atención a la importancia del factor subjetivo, de la conciencia de las masas en Revolución. En su conducción estratégica Fidel Castro Ruz, enfatizó en la naturaleza humanista de la Revolución, su contenido emancipatorio e irrenunciable vocación solidaria, anticapitalista y antimperialista.

Consecuentemente Fidel desarrolló con la movilización nacional para la liberación del niño secuestrado, un colosal movimiento de opinión pública, de debate y explicación de la situación nacional e internacional, en el que la niñez, la juventud y la familia cubana, ocuparon un singular protagonismo. Nunca, en ninguna otra etapa de la vida política de nuestro país, la ideología del imperialismo fue sometida en el seno de nuestro pueblo a tan demoledora y profunda crítica. El trabajo político ideológico en este período fue enriquecido con nuevos instrumentos de propaganda revolucionaria como los programas de análisis y debate televisivo de las Mesas Redondas, y las multitudinarias Tribunas Abiertas, desde las que se dirigieron a sus compatriotas cientos de cubanos devenidos en tribunos de la Revolución.

La batalla ideológica no sólo se situó en el ángulo de la contradicción principal que enfrenta el socialismo cubano como consecuencia de la agresividad del poderoso vecino imperialista. Sirvió además para realizar una mirada profunda hacia la sociedad norteamericana y en particular permitió desentrañar las realidades de la vida en Miami como falsa vitrina que vende la propaganda anticubana.

Bajo la dirección de Fidel en esos meses de combate ideológico y político, se pasó revista a los principales problemas que afectan el desarrollo de la socialidad socialista, y el enriquecimiento de la vida espiritual al interior de la sociedad civil cubana. El discurso sobre la igualdad incorporó la necesaria mediación entre las reales oportunidades que ha traído la Revolución para todos los cubanos, y los diversos puntos de partida desde los que han trascendido a los beneficios aportados por la obra revolucionaria cada hombre y mujer, cada familia. Se abordó directamente el tema de la discriminación racial, sus manifestaciones en la actualidad y el vínculo de estas con la esfera económico-social y la vida política nacional. La lucha contra los prejuicios y las formas de vida que aún reproducen criterios de discriminación contra la plena participación social de las mujeres cubanas también recibió atención. En tal escenario se crearon nuevas condiciones para avanzar hacia el abordaje y la asunción humanista de la más amplia diversidad sexual de los cubanos y cubanas.

Se desterró definitivamente el discurso sobre las lacras del capitalismo y se fue claramente al reconocimiento de las fuentes sociales de enajenación, que aún están presentes en un país que como el nuestro construye el socialismo cercado por el imperio, a partir del subdesarrollo, y donde no siempre se han encontrado las más idóneas soluciones. Se profundizó en el estudio de las causas de la marginalidad, el delito, la prostitución, drogadicción y su relativo crecimiento en las circunstancias de muchas más desigualdades y diferenciación de patrones de vida, que trajo como consecuencia el período especial.

Se abordó con valentía el análisis del proceso sumergido de acumulación privada de capital, que es alimentado por disímiles vías, en primer lugar por la corrupción, el robo y la malversación de los recursos del Estado, así como por la especulación y explotación de las necesidades alimentarias, y de otra índole del pueblo. Se constató cómo para ciertos sectores juveniles, los grupos de adinerados y los llamados “nuevos ricos” ya constituían grupos de referencia de los modelos de sociedad de consumo, del individualismo y la apatía social. Y se profundizó en la relación que tales modelos negativos tenían en las conductas patógenas. Así mismo se vio la incidencia que en esto tenía el mantenimiento del potencial migratorio y el contrabando de migrantes económicos.

La sistematización del movimiento masivo de educación política Fidel la situó en el mundo de la cultura, y en tal dimensión renació con la Universidad para Todos, el proyecto histórico de la Universidad Popular,[20] ahora con los maravillosos recursos audiovisuales desarrollados por la televisión. También la búsqueda de fórmulas para resolver problemas pendientes en las áreas de la educación y el trabajo cultural, así como en la promoción de nuevos programas integrales de amplio espectro sociocultural y científico técnico, con especial énfasis en las nuevas generaciones y en la solución de las brechas de desigualdad existentes en diversos grupos y sectores populares. Más de trescientos programas e iniciativas se trazaron y ejecutaron en la dirección de atender a los grupos populares desfavorecidos. Durante los primeros nueve años del Programa Inversionista de la Batalla de Ideas se concluyeron más de 7000 obras en todo el país y se prevén terminar otras 295.

A dar respuestas a las necesidades de la población ante el grave deterioro de los servicios durante el período especial se consagró el grueso de las obras, pero lejos del asistencialismo burgués, la estrategia del socialismo cubano se dio a la tarea de reparar y crear infraestructura de servicios sociales y culturales, a capacitar para generar un mayor potencial de recursos humanos altamente calificados, a cambiar tradiciones negativas y estilos de vida individualistas y consumistas, con propuestas dirigidas a canalizar las necesidades sociales –y su múltiple individuación- en el contexto de la participación en socialidad socialista.

En el escenario de la Batalla de Ideas también se fortaleció la política de seguridad social, se estimularon salarialmente los sectores estatales menos favorecidos con la reforma económica, en particular a los trabajadores que se mantuvieron en la salud, la educación y la investigación científica. Se comenzó a revisar y rectificar un amplio espectro de gratuidades indebidas que no estimulan el trabajo y el estudio, se rectificaron políticas permisivas, y fortaleció la profilaxis social y la consecuente respuesta legal contra los delitos de alta peligrosidad social.

Resultados en curso

Tras la reforma económica ha variado la estructura del aparato productivo nacional, la centralidad del complejo azucarero fue radicalmente cambiada, los servicios, eminentemente el turismo, la medicina y el conocimiento, asumieron un papel preponderante en el conjunto de la economía cubana.

En el 2007 la economía cubana alcanzó un crecimiento del 7,5 por ciento. Este esfuerzo se materializa en el crecimiento de un 5,0 por ciento en la productividad del trabajo; un 16,8 por ciento de las inversiones; el crecimiento de sectores claves como el agropecuario, que lo hizo en un 24,7 por ciento, la industria en un 7,8 por ciento; el transporte en un 7,9 por ciento; y los servicios con un 11,7 por ciento. Igualmente se incrementaron un 24 por ciento las exportaciones de bienes y servicios, frente a un 2 por ciento las importaciones, obteniéndose un saldo positivo en la balanza comercial. El Perfeccionamiento Empresarial ha alcanzado niveles apreciables de organización, disciplina y eficiencia, en la gestión de las entidades en las cuales se aplicó.

El turismo fue el sector líder, porque es el que aporta el mayor importe de ingreso bruto al país, y tiene a la vez un efecto multiplicador muy importante. El sector hizo favorables transformaciones organizativas, implantó mayor disciplina y control, que han significado mayor eficiencia.A su vez, el producto turístico cubano precisó más su diseño cultural y social, rompiéndose los esquemas sexistas y banalizantes con que inicialmente se proyectó por no pocos turoperadores internacionales.[21]

Los indicadores globales que el país obtuvo en el 2007, manifiestan avances en áreas específicas, donde se han concentrado las mayores insuficiencias durante estos años.[22] La productividad del trabajo aumentó en un 5 por ciento, las inversiones en un 16.8 por ciento, los servicios con un 11,7 por ciento. El salario medio en términos monetarios creció algo más de 5 por ciento y alcanzó 408 pesos mensuales.

La biotecnología, legítimo orgullo científico de la nación, es un ejemplo de cómo un país pequeño, con tenacidad e inteligente estrategia, puede desarrollar centros de excelencia, con notables resultados económicos. En tal dirección la biotecnología incrementó sus exportaciones e incorporó nuevas tecnologías productivas y medicamentos, logrando aumentar el 90 por ciento de sus exportaciones a más de cincuenta países, a pesar del bloqueo y la persecución comercial desatada por el gobierno estadounidense.

Las exportaciones crecieron en un 40 por ciento en productos tradicionales como el níquel, ron, productos de la pesca, entre otros y en un 13 por ciento en los no tradicionales como medicamentos genéricos, biotecnológicos y equipos médicos.[23] De manera general se incrementan un 24 por ciento las exportaciones de bienes y servicios frente a un 2 por ciento las importaciones, obteniéndose un saldo positivo en la balanza comercial. El programa de sustitución de importaciones tiene un comportamiento positivo. La Industria Ligera muestra una tendencia a la recuperación a partir del aprovechamiento de las capacidades actuales y las inversiones realizadas.

La demanda de gobierno se constituyó en uno de los grandes motores del crecimiento. Los planes de mejoramiento de la infraestructura eléctrica, la construcción de viviendas, la expansión de las construcciones y modernizaciones en el sector de la salud, y en obras para la educación se han convertido en uno de los principales estímulos para el crecimiento. Las inversiones crecieron y se han concentrado fundamentalmente en los programas de la Batalla de Ideas. Precisamente por ello los altos índices de crecimiento tienen una repercusión determinante, aunque aún modesta, en el mejoramiento de las condiciones de vida de la población

Las nuevas medidas económicas en curso, que colocan en el mercado interno nuevos productos y servicios, propiciarán una mayor diversidad de la oferta, una recomposición de la canasta de gastos de la familia cubana, nuevos incentivos al trabajo, mayores aportes a los ingresos del Estado vía ventas y, sobre todo, más opciones para los ciudadanos.[24]

La Revolución Energética se estableció como un instrumento principal en los propósitos de ahorro de energía y combustible – la intensificación del Programa de Ahorro de Electricidad (PAEC)- y mejora en la utilización de los recursos financieros en divisa. A la par de la marcha de la Revolución Energética, la producción de petróleo y gas ha crecido más que el incremento del consumo, y ahora la extracción cubre el 50 por ciento de la demanda y se incorporan nuevos vectores de energía como la eólica y solar. En el 2007 creció 2,2 por ciento y presentó mejores perspectivas por contar con mayor disponibilidad de equipos de perforación.

Las inconformidades

En el 2007 el crecimiento de la economía cubana, superó el 5,6 por ciento mostrado por América Latina. Para la CEPAL Cuba logró el quinto lugar, entre los 33 países que computa este organismo de la ONU. Nos satisfacen los avances alcanzados, pero no dejamos de precisar nuestras inconformidades. A diferencia de no pocos gobiernos, Cuba no hace malabares con cifras y porcientos. Nuestros bien ganados incrementos productivos, lo son respecto al bajo nivel del período especial, y hay conciencia de que el crecimiento alcanzado, no manifiesta aún las potencialidades del sistema productivo cubano.

La cifra de crecimiento alcanzada en el 2007, fue inferior al 10 por ciento planificado. La diferencia entre lo planificado y lo real se debió a la tensión financiera llevada a extremos por la intensa subida de precios de importaciones vitales como alimentos y combustibles. La minuciosa crueldad de la guerra económica de los Estados Unidos en su búsqueda incesante de vías para hacernos daño, ejerció su nada despreciable influencia en las dificultades listadas. A ello se sumó la débil capacidad productiva y organizativa en el sector de la construcción, la mencionada insuficiente producción de alimentos, déficit en la zafra azucarera, y el decrecimiento del turismo. Pero también estuvieron presentes problemáticas centrales como la insuficiente productividad, organización y disciplina del trabajo, el débil ahorro, la escasa preparación y deficiente ejecución de las inversiones, y en tanto insuficiencias e indolencias en los directivos y trabajadores, en sus colectivos de dirección y organizaciones partidistas y sindicales.

Con espíritu crítico y certera racionalidad política, se precisa por las asambleas de trabajadores y la dirección del país, aquellos aspectos que aún son deficitarios. La comprensión de que la armonía en la planificación, la organización y el control resulta esencial en el socialismo, no constituye una convicción generalizada en acciones directivas. No es suficiente el tiempo y la calidad del trabajo que se realiza en muchas entidades. En general, estamos lejos de alcanzar la cultura económica, laboral y productiva que el socialismo demanda, y este es un reto tanto económico como ideológico y político.

Se dan en el país insuficiencias que parten de la falta de rigor en la labor de unos y otros responsables. No se ha acabado el despilfarro, el mal uso de los combustibles, hay mucho por ahorrar todavía mediante la organización, la eficiencia, el control.

El hecho de que la producción agropecuaria sigue muy deprimida constituye uno de los principales motivos de autocrítica. Subrayamos que el sector está lejos de satisfacer la apremiante necesidad de colocar mayores cantidades de productos en los mercados, para hacer bajar los precios, para reducir costosas importaciones de productos que deben ser producidos en el país y propiciar un vuelco favorable en la alimentación del pueblo. En el país sólo se cultivan 3 millones de hectáreas, mientras se disponen de 6 millones de hectáreas de tierra fértil. Luego del gran esfuerzo nacional de los primeros años del período especial, a favor de la siembra de alimentos, entre 1998 y 2007, en sólo 9 años, disminuyó en un 33 por ciento la tierra cultivada.

Aunque el sistema de distribución racionada por la libreta de abastecimientos, se ha mantenido siempre, la variedad de los productos incluidos disminuyó sensiblemente desde 1990, y los consumidores tienen que acudir a otras vías para garantizar la canasta básica. Las alternativas están en mercados agropecuarios de libre concurrencia y en la red de tiendas estatales que venden en CUC, con ofertas a elevados precios. En general aún la recuperación económica no impacta en la economía familiar, la estructura de gasto de la familia cubana sigue concentrada principalmente en la compra de alimentos, destino que absorbe entre el 65 y el 80 por ciento de todo el gasto del ingreso familiar.

Mientras existen los señalados problemas para satisfacer la canasta familiar, en la esfera del consumo social, se manifiesta el derroche, la falta de planificación y el descontrol. En este sustrato crece el delito económico, y desde él se reproduce una cohorte de malversadores, productores ilegales, revendedores y usureros, que acumulan fuerza, con la aspiración de convertirse en una burguesía parasitaria y corrupta. Al analizar el robo de los recursos del Estado y su canalización en el mercado negro, en diversas áreas de las necesidades sociales, no deberá pasarse por alto la incidencia que en ello ejerce la reducida venta a la población.[25]

Los retos de la economía cubana también pasan por la recuperación socialista del espacio que ha ganado la economía informal, y la regulación de la imprescindible cuota de poder económico que transferimos a los nuevos sujetos que la reforma económica ha potenciado. Ello debe expresarse en leyes y mecanismos institucionales y fiscales más ágiles y capaces de canalizar una masa sustancial de los recursos que generan estos ciudadanos, hacia la reproducción socialista. Así mismo se impone el combate y eliminación del mercado negro.

Perspectivas del proyecto económico

La tendencia de la economía cubana es a la continuidad del proceso de salida del período especial, con un país mucho más desarrollado, con mayor preparación para encontrar la más idóneas oportunidades, y avanzar en el complejo mundo que vivimos. No obstante el impacto de la sustancial elevación de los precios de los alimentos y combustibles en el mercado internacional y las previsiones sobre el mantenimiento de esta situación en un escenario de crisis económica capitalista, obligará a ajustes y restricciones inevitables en el Plan del 2009, y en la proyección de la economía nacional en el futuro inmediato.

La escala nacional de la economía cubana, pasa cada vez más por el trabajo dirigido a explotar las potencialidades de cada territorio, con vistas a dar solución a los problemas de las comunidades, y enriquecer los microentornos naturales y culturales de los ciudadanos. Entonces el tema del desarrollo local, comienza a ocupar un significativo lugar en los proyecto de despliegue del socialismo cubano.

El continuado desarrollo de la industria del turismo, y la sostenida inversión en el desarrollo del complejo tecnológico industrial de la biotecnología, ha conferido un sesgo cualitativo a la estructura del Producto Interno Bruto (PIB) en los últimos años que, lo califica como propio de economías desarrolladas por el componente de valor agregado. No caben dudas de que el éxito de la transformación económica emprendida en los noventa se ha expresado con un sostenido crecimiento de la economía nacional en la última década.[26] La planificación centralizada de los recursos es una condición fundamental para el triunfo de la política económica. Nos permite dirigir estos recursos, hacia los objetivos priorizados y compatibilizar el complejo entramado de acciones que forman parte de la política social.

Los datos favorables de las organizaciones internacionales, los lugares alcanzados por nuestro archipiélago en los indicadores de desarrollo humano y sustentable, el reconocido cumplimiento de la Agenda 21, son resultados de mediciones comparativas internacionales, cuyo valor resulta incuestionable. En la base de tales resultados está la consolidación del crecimiento gradual de la economía del país, que acumula un incremento del 42.5 por ciento en su PIB, solo entre el 2004 y el 2007.[27] Se trata de un camino para concretar las nuevas herejías que tiene que conquistar la Revolución Cubana, para violentar las circunstancias adversas, para cambiar la lógica de la economía política que prevalece en el mundo del capital. Y en tal empeño, por sobre las amenazas se dibujan favorables oportunidades.

La vitalidad de la economía socialista está estrechamente asociada a la recuperación, remodelación y redimensionamiento de la economía nacional, al desarrollo científico y tecnológico, al crecimiento de los sectores tradicionales y de las nuevas ramas de la industria, a la multiplicación de los lazos comerciales y financieros internacionales, al efecto de las actuales transformaciones y medidas en la consolidación de una gestión económica eficiente, y sobre todo a que comienza a concretarse el triunfo de la empresa socialista como sector económico predominante, sobre la base de la máxima utilización de los recursos y potencialidades de la nación. Según evaluaciones que se han realizado, la productividad del trabajo en el país aún puede elevarse en casi un 60 por ciento de los casos. La recuperación del papel del salario como medio fundamental de satisfacción de las necesidades de la población es una meta fundamental. La reducción de la liquidez financiera y el progresivo fortalecimiento de la moneda nacional son logros de la política revolucionaria en el período especial, que deben concretarse mucho más.

En el presente y hasta donde es posible vislumbrar el futuro, el tema alimentario y la lucha por la suficiencia agropecuaria es un asunto de máxima importancia, un tema de seguridad nacional. Los cambios institucionales que la agricultura cubana ha experimentado en años recientes, han posibilitado respuestas positivas en el ámbito de la producción, pese a los problemas de abastecimiento de insumos, reposición de maquinaria e instalaciones y deterioro de la infraestructura física. La conversión en cooperativas de la mayor parte de las granjas estatales, junto con la creación de los mercados libres agropecuarios, y la diversidad de esquemas de estimulación de los trabajadores agrícolas, constituyen los principales aciertos del proceso transformativo.[28]

Tenemos que revertir definitivamente la tendencia al decrecimiento del área de tierra cultivada.[29] La clave de la producción de alimentos pasa por darles recursos a los que tienen tierra; darles tierras a los que quieran y merezcan tenerla,[30] y resolver los problemas de la comercialización. Estas nuevas realidades crean condiciones para superar los problemas existentes, y aplicar en el agro cubano, los necesarios cambios estructurales y de conceptos, planteados por el presidente Raúl Castro a partir del 26 de julio del 2007, en la ciudad de Camagüey, respaldados por el pueblo en un intenso proceso de debates efectuados en el país. A su vez, se avanza hacia un nuevo modelo económico-ambiental de la agricultura cubana, para lograr producciones rentables y sostenibles, donde está en marcha la conversión de la agricultura convencional en agricultura orgánica.

En general, a escala de toda la economía nacional, se debe actuar con más precisión. Establecer prioridades y cumplirlas estrictamente. Postergar las inversiones que no sean imprescindibles acometer de inmediato, y concentrar los esfuerzos en el proceso de inversiones estratégicas en curso. Hoy se fomenta la inversión bruta de capital, se recupera y moderniza parte del parque industrial en un grupo de empresas estatales. Para ello hay que aprovechar las instalaciones existentes, remodelando viejas edificaciones subutilizadas, de las que hay bastantes por todo el país. La infraestructura energética y el sistema de transporte de cargas (y pasajeros) son objeto de un acelerado proceso de recapitalización física y tecnológica. En la industria donde resulte posible, y se puedan crear las condiciones, hay acudir al doble turno para utilizar mejor los equipos disponibles y acortar el tiempo de terminación de las obras, muy especialmente en el sector de la construcción.

Cuando las instituciones abanderadas de la Globalización neoliberal reconocen que el conocimiento resulta el factor limitante más importante en las aspiraciones de desarrollo de los países subdesarrollados, y que la dotación de conocimiento y su aprovechamiento eficiente se ha convertido en un factor determinante en la competitividad de las naciones, Cuba se encuentra en una posición de relativo privilegio.

El país que ha tenido como centro de sus estrategias de desarrollo al ser humano, está en condiciones de incorporarse con ventajas proporcionales, a la llamada economía del conocimiento. Con una fuerza de trabajo de 10, 8 grados promedio de escolarización y más del 50 por ciento de la misma con niveles de educación medio, medio superior y superior, con una cobertura del 100 por ciento del territorio nacional con escuelas, altos índices de salud y nuevos programas que modernizan y expanden la educación en todos los niveles, las ventajas del país son incuestionables. Concurre además a nuestro favor el factor tiempo, en el sentido de la coincidencia de la relevancia del conocimiento para el desarrollo y nuestra disponibilidad de “recursos hábiles” para enfrentar el reto. Este producto que pudiéramos llamar “cubanos bien instruidos”, es un producto de buena calidad, a un precio adecuado y con costos y sistema de aseguramiento que garantiza una relativa ventaja competitiva al menos en nuestra región, y también entre los países subdesarrollados.

Una de las más sólidas fortalezas económicas de la Revolución está en el Sistema Nacional de Ciencia e Innovación Tecnológica, que posee un alto y novedoso potencial de integración científica, y cuenta entre sus soportes a los polos científico-productivos, integrados por redes cooperativas de los más importantes centros de investigación y de servicios, además de empresas y entidades productoras y universidades.

En el contexto de la informatización del país, nuestra economía y sociedad avanza en la articulación creadora de los sistemas de gestión de conocimiento en red (GC-Red). Crecen las exportaciones de software y de una amplia gama de servicios informáticos, incluidas las soluciones tecnológicas integrales.[31] Así abrimos un camino hacia la diversificaciónexportadora sobre la base de productos de alto contenido tecnológico, algo que se reafirma si se suman las exportaciones de máquinas y equipos eléctricos queen lo fundamental son equipos médicos.

El crecimiento futuro debe basarse pues en el aprovechamiento de esta ventaja creada por la Revolución, no solo desarrollando nuevas ramas como la biotecnología o la producción de software, sino también, promoviendo el desplazamiento dentro de la propia cadena o sistema productivo desde los productos de baja intensidad en conocimientos hacia aquellos otros de alta intensidad. El cambio cultural que ello implica, tanto para las organizaciones que los aplican, como para los participantes directos en dichos sistemas, es una de los más trascendentales procesos en curso tanto en la economía como en la sociedad cubana.[32]

La revitalización del sistema de comunicaciones mediante la siembra en todo el territorio nacional de una red de conductores de fibra óptica, es parte de la estrategia en pos de incrementar los servicios de telefonía y de datos, introducir la televisión digital terrestre, y elevar la estabilidad e invulnerabilidad de las telecomunicaciones. El proyecto de inminente ejecución de un cable submarino propio para la conexión nodal, coordinado con Venezuela, que nos permitirá romper entre otras las limitaciones impuestas por Estados Unidos a nuestra utilización de Internet, remarca esa estrategia de inversiones de primera importancia, para un desarrollo del conocimiento de extensas miras.

La cooperación con la República Popular China y la República Bolivariana de Venezuela y ha sido decisiva en el replanteo a mediano plazo de la estrategia de desarrollo cubana. El avance de los proyectos de integración estratégica y solidaria de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA),[33] nos permitirán un mejor posicionamiento en el complejo entorno económico internacional. Están abiertos nuevos espacios de cooperación en recursos humanos, finanzas, tecnología y comercio en condiciones justas y mutuamente ventajosas.

La relativa apertura, bajo condiciones sumamente restrictivas, del comercio de alimentos con productores de los Estados Unidos, fruto de la lucha contra el bloqueo en el seno de la nación del Norte, representa una oportunidad de reacceder a un mercado del que fuimos injustamente excluidos. Tal perspectiva sin embargo, siempre estará amenazada y obstaculizada por la hostilidad política de la derecha fascista y los grupos de la mafia cubanoamericana. No se puede obviar además, la recesión de la economía estadounidense, y las afectaciones en cadena que ello traerá para la economía internacional, así como del la antesala de crisis en áreas vitales como la alimentaria y energética. Mientras, a plazo mediato avanza la crisis ambiental, que ya directamente nos agrede con cambios climáticos y acontecimientos meteorológicos de severas consecuencias.

Una sequía de las más intensas que se recuerdan, ha afectado a las provincias orientales y Camagüey, al extremo de obligar la toma de costosas medidas de emergencia para abastecer de agua a ciudades como Holguín, Las Tunas y Camagüey. Mientras frecuentes y cada vez más destructivos ciclones, crean un escenario climatológico muy adverso. Si en el año 2005, coincidieron dos huracanes que provocaron pérdidas por 2 146 millones de pesos y dañaron 100 mil 266 viviendas, de ellas 5 mil 360 destruidas por completo; en el pasado 2008, el paso de otros dos ciclones en agosto-septiembre, y un tercero inmediatamente después, configuraron para el país la más devastadora situación que recuerde la historia del archipiélago, con daños materiales que ascendieron a nueve mil 722 millones de dólares, un 20 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del país. Hoy más de 600 000 viviendas (incluidas 70 mil dañadas por huracanes de años anteriores), necesitan respuestas constructivas; ello equivale al 16 por ciento del fondo habitacional del país.[34]

Si de futuro se trata

Las circunstancias históricas imprevistas de la derrota del modelo soviético y la desaparición de la URSS y el campo socialista, el incremento criminal del bloqueo y la agresión de los Estados Unidos colocaron a la nación cubana, frente a la más compleja coyuntura de toda su historia a principios de la última década del Siglo XX. Es consensual entre los especialistas la consideración de que de una situación como la que se produjo, ningún país de América Latina y el Caribe la hubiera podido resistir. Junto con la crisis económica, las sociedades estallarían, y con ellas colapsaría la proclamada “gobernabilidad” burguesa. Nada de esto ocurrió en Cuba. Y no fue este el resultado de un milagro, aunque la fe de cientos de cubanas y cubanos en sus dioses blancos y orichas negros, nos acompañara y aportara su tributo de confianza, energía y valor. Se trató esencialmente de una irrefutable manifestación de la fortaleza de la nación y su pueblo, del Partido de vanguardia que lo lidera, de la fuerza y potencialidades de la ideología comunista, de los ideales sociomorales patrióticos y socialistas que a Cuba la enriquecen y concretan, en directrices funcionales, en política y estrategia de victoria.

Eclosionan en la Cuba de hoy, todos los fenómenos de índole diversa que han tenido impacto en el desarrollo económico y social reciente. Hemos abandonado los momentos más complejos y críticos de período especial, pero aún la economía y la sociedad sigue en período especial, en un mundo también en conflicto de crisis. En tanto emergen las realidades y las problemáticas inéditas, de una sociedad donde se interpenetran y condicionan problemas acumulados hasta ahora insolubles, contradicciones que no tienen por qué existir, junto a expresiones maravillosas de lo que hemos alcanzado realmente ser, en medio de una dinámica de cambios revolucionarios, que por sobre todas las dificultades se mantienen y enriquecen.

Sabemos que el socialismo no es una estación de sosiego. Ya se piense desde las ciencias sociales, la religión, el arte, o el novísimo aporte de las matemáticas y la informatización, siempre se concretará en un escenario de cruenta lucha emancipadora, contra un enemigo capitalista e imperialista despiadado, y en constante beligerancia. El socialismo ha sido y será, un tránsito histórico de creación heroica, como predijo el Amauta peruano José Carlos Mariátegui. Por tanto no hay conquista inmutable. Hoy en Cuba están presentes todas las fortalezas para el desarrollo, generación y regeneración socialistas. También no pocas de las debilidades del socialismo que realmente existió en la URSS y Europa del Este, y parte de excrecencias capitalistas que lograron romper la nunca bien construida hegemonía de los ideales socio morales y la socialidad socialista en los referidos países socialistas europeos.

Asumo que las cubanas y cubanos vivimos una Revolución verdadera, porque se trata de un socialismo con plena capacidad de defenderse y crecer. Y en esta perspectiva considero que nuestra propia evaluación, debe partir precisamente de plantearnos qué tenemos: sin el balance histórico concreto, sin saber cuál es la herencia a la que no debemos renunciar, nos será imposible establecer un debate certero, sobre los cursos que hay que fortalecer, las rectificaciones a realizar y los cambios que deben producirse.

La economía cubana sufrió el 2008, al mismo tiempo, un deterioro significativo de los términos de intercambio -incremento del precio de los alimentos importados y el petróleo y disminución del precio del níquel-, y los embates, casi de manera simultánea, de los mencionados fenómenos meteorológicos. Tales eventos pusieron en peligro las altas tasas de crecimiento que ostentaba la economía desde 2004 – crecimos en un 4,3 por ciento, inferior al 8 por ciento previsto en el Plan-, y la estabilidad monetaria que se ha conservado desde 1995. También ha potenciado en la inmediatez de la vida cotidiana muchas más carencias alimentarias y agudizado la problemática de la vivienda. Frente a tal adversidad el país trabaja arduamente en la recuperación –pienso que con mucha más organización-, en una estrategia que reconoce las urgencias, y las trata de insertar en la política económica y social integral que se configura, con el propósito no solo de lograr las imprescindibles respuestas inmediatas que precisa y reclama la población, sino también los encadenamientos de estas medidas a la dinámica del fortalecimiento a escala histórica del movimiento social progresivo, a la continuidad desenajenadora y por tanto socialista del proceso revolucionario.

La evaluación de las perspectivas del socialismo en Cuba tiene en su polo opuesto, la beligerancia del imperio norteamericano y la actividad irracional, profundamente fascista y terrorista de la mafia cubano americana.[35] La llegada al gobierno de los Estados Unidos de un representante de los sectores más pragmáticos de la oligarquía transnacional de casa matriz estadounidense, abre para Cuba un posible cambio en el escenario de la lucha por la defensa de su socialidad, cultura y sistema político socialista.

El nuevo reto nos llevaría del enfrentamiento a la actual política de los cañones, el brutal cerco económico y el aliento al terrorismo; a la de una suerte de tendido de puentes con los retoques –de doble carril o Carril Dos que se intentó en época de Bill Clinton- y las especificidades de una relación que tendría que sortear la oposición virulenta de la derecha fascista del Partido Republicano y sus socios de la mafia cubano americana, lo que colocará siempre como tarea priorizada el continuo fortalecimiento de la defensa y la capacidad combativa de la nación. En tal escenario la lucha ideológica, el combate por la hegemonía ideológico cultural socialista ocuparía un lugar central.

Jamás venceríamos en tal coyuntura, si no triunfamos en el frente económico, en la materialización de un proyecto sustentable de sociedad próspera y humanista, capaz de generar sus propios anticuerpos civilizatorios, frente a las trampas enajenantes de la anomia social, el individualismo y consumismo, que se presenta con atractivos atuendos de confort, competitividad y modernidad tecnológica.

La Habana, noviembre del 2008.

 

 

Notas

[1] Ponencia presentada en la Conferencia Internacional: “Experiencias históricas de las transiciones y los desafíos en curso”, Organizada por la Fundación Rosa Luxemburgo , el Instituto del Socialismo Mundial y el Centro de Estudios de Partidos, del Buró de Compilaciones y Traducciones del Partido Comunista Chino, Beijing noviembre del 2008.

[2] La población cubana residente en el país hasta el 31 de diciembre del 2007, era de 11 236 790. Centro de Estudios de Población y Desarrollo de la Oficina Nacional de Estadísticas, ONE, Panorama Demográfico, Cuba 2007, ONE Oficina Nacional de Estadísticas, La Habana, Edición de junio del 2008, pp. 7.

[3] Federico Engels en carta a Kautsky del 12 de septiembre de 1882, en: Carlos Marx y Federico Engels: Obras escogidas en tres tomos, Progreso, Moscú 1973, pp. 185-186.

[4] Carlos Rafael Rodríguez: Cuba en el tránsito al socialismo, 1959-1963, La Habana, Editora Política, 1979; Victor Figueroa Albelo, Jaime García Ruiz y otros: Ensayos Sobre la Construcción Socialista en la Experiencia de Cuba, Editorial de la Universidad Central de Las Villas, Santa Clara, 2000.

[5] Ver: “El desarrollo económico y social”, en: Fidel Castro Ruz: Informe Central. Tercer Congreso del Partido Comunista de Cuba, Editora Política, La Habana, 1986.

[6] Osvaldo Martínez, conferencia, citada por Hedelberto López Blanch: “La economía cubana crece pese al bloqueo”, en Rebelión, www.rebelión.org, 12-04-2008; CEPAL: “La Economía Cubana. Reformas Estructurales y desempeño en los noventa”, Fondo de Cultura Económica, México, D.F. 1997, pp. 9-10.

[7] Mayra Espino: “Efectos sociales del reajuste económico: igualdad, desigualdad y procesos de complejización en la sociedad cubana” en: O. Pérez (compilador): Reflexiones sobre economía cubana, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2004, pp. 385-419.

[8] Investigación sobre el desarrollo humano en Cuba, Centro de Investigaciones de la Economía Mundial, Editado por Caguayo S.A., 1996; Luis Gómez Suárez: “Las nuevas generaciones de cubanas y cubanos en la primera fila de la Revolución”, Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, Dirección de Información y Análisis, La Habana, 2007.

[9] Cifra de carácter conservador que solo incluyen los perjuicios debidamente documentados, pues hay numerosas afectaciones directas e indirectas que no han podido ser cuantificadas, Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, La Habana, septiembre del 2008.

[10] Sociedad Cubana de Derecho Internacional: Agresiones de Estados Unidos a Cuba revolucionaria, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1989; Fabián Escalante Font: Cuba: la guerra secreta de la CIA, Editorial Capitán San Luis, La Habana, 1994; Ariel Alonso Pérez: La guerra biológica contra Cuba, Editorial Capitán San Luis, La Habana, 2008.

[11] Ministerio del Interior de la República de Cuba, La Habana, julio del 2006.

[12] Tribunal Supremo Popular, La Habana, julio del 2006.

[13] Ministerio de Relaciones Exteriores: Declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores, Granma, 2 de julio del 2008.

[14] Raúl Castro Ruz: “El problema es no detenerse”, Raúl en el Consejo Militar del MINFAR, en: Trabajadores, Ciudad de la Habana, 3 de abril de 1995 pp. 3.

[15] Jorge Mario Sánchez Egozcue y Juan Triana Cordovi:­ “Un panorama actual de la Economía Cubana, las transformaciones en curso y sus retos perspectivos”, (DT) DT Nº 31/2008- 26/06/2008.

[16] Los miembros de estas nuevas cooperativas se convirtieron en propietarios colectivos de la mayor parte del equipamiento y la maquinaria que previamente pertenecía a las granjas estatales. El Banco Nacional de Cuba (BNC) otorgó créditos a largo plazo (con una tasa de interés del 4 por ciento y con un período de gracia de 3 años) para que las nuevas entidades cooperativas compraran la maquinaria, las inversiones de capital (tales como sistemas e instalaciones de irrigación), y en caso de aplicarse, la inversión existente en cultivos permanentes y el ganado. Los trabajadores cooperativistas de la UBPC son propietarios de lo que producen. Entregan lo que convenían con el Estado y todo su sobrecumplimiento de los planes productivos, lo pueden vender a precios liberados en los mercados libres agropecuarios (Los mercados libres agropecuarios se constituyeron en octubre/1994; con posterioridad al inicio del proceso de transformación de las empresas agrícolas estatales. Ver: Lázaro Peña Castellanos y Armando Nova González: “Transformación económica agrícola: UBPC y Mercado Agropecuario”, Centro de Estudios de la Economía Internacional (CIEI) La Habana, 1997). Las ganancias generadas por las UBPC son de su propiedad.

[17] George Carriazo Moreno: “Cambios estructurales en la agricultura cubana: la cooperativización”, en: Dietmar Dirmoser y Jaime Estay (Cood.): Economía y Reforma Económica en Cuba, FESCARIBE, Nueva Sociedad, Caracas, 1997; V. Figueroa: Reforma estructural del régimen agrario de la transición socialista en Cuba, Edición GEDERCO, UCLV, Santa Clara, 2002; Armando Nova González: La agricultura, los alimentos y las transformaciones necesarias, Cuba Siglo XXI, La Habana, 2007.

[18] El objetivo central fue no realizar un violento ajuste sobre los trabajadores, con el típico de miles de trabajadores. Quedó demostrada la sabiduría de decidir que esta compleja tarea fuera un proceso paulatino, sin metas, centralizado, que avanzara en aquellas ramas y actividades con aseguramientos y estabilidad en la materia prima, y en particular que todo crecimiento de los recursos laborales y de nuestros empleos correspondiera a los crecimientos de cada rama de la economía. Para no pocos analistas, los logros alcanzados fueron sorprendentes y evalúan entre sus más destacadas características, la reorganización profunda en la administración, en la organización del trabajo, en la calidad y la eficiencia en la producción. Ver: Josefina Morales: “La reforma económica en Cuba, México-Cuba: 1902-2002”, Cátedra Extraordinaria “José Martí”, Serie Memorias, núm. 1, UNAM, Centro Coordinador y Difusor de Estudios Latinoamericanos. México, D. F., 2003, pp. 125-151; Omar Everleny y otros: Cuba. Reflexiones sobre su economía, Universidad de La Habana, La Habana, 2002.

[19] En su análisis sobre el impacto social del proceso de reformas económicas llevadas a cabo en a mitad de los noventa, el estudio realizado conjuntamente por CEPAL, INIE y PNUD concluye: “Las aportaciones del caso cubano son de gran utilidad para la reflexión internacional sobre las posibilidades de lograr el desarrollo productivo con equidad”. Si bien “el balance entre las metas sociales y económicas no siempre ha resultado equilibrado”, sí ha habido “una fuerte capacidad de adaptación de las políticas a fin de limitar los efectos adversos”. Todo ello permite afirmar que la base de la estrategia cubana “ha sido la evaluación constante a fin de alcanzar simultáneamente resultados en términos de equidad, desarrollo y bienestar”, Ver: Jorge Máttar y Elena Álvarez, (coord): Política social y reformas estructurales: Cuba a principios del siglo XXI, CEPAL, INIE y PNUD, México, 2004. pp. 258.

[20] La primera Universidad Popular “José Martí” fue fundada por Julio Antonio Mella, el 3 de noviembre de 1923.

[21] Frente al decrecimiento del flujo turístico, se puso en marcha una nueva estrategia para lograr una mayor afluencia turística. Se basa en cuatro líneas fundamentales: construir hoteles con encanto; modernizar las instalaciones; realizar portales de venta por Internet y fomentar el turismo de salud. Se ha promovido un cambio total en la filosofía de la promoción y la publicidad de la isla, lo que se traduce en nueva imagen. También se realizaron contratos con nuevas agencias de publicidad para hacer acciones más efectivas en el 90 por ciento de los países emisores de turismo a Cuba.

[22] No solo creció la agricultura. El crecimiento del PIB se concreta en actividades económicas de carácter estratégico. La industria logró triplicar el crecimiento alcanzado el año anterior, destacando el níquel que, no obstante las fuertes lluvias en la zona minera y averías en una planta, logró crecer 2,2 por ciento. La industria farmacéutica expandió su producción 21 por ciento, en correspondencia con el fuerte proceso inversionista que en ella se ha efectuado y logró reducir apreciablemente los medicamentos en falta por razones productivas.

[23] Declaraciones de Antonio Luis Carricarte, viceministro de Comercio Extrerior, en: “Deisy Francis Mexidor, La autoridad y el prestigio de Cuba crecen”, Granma, 27 de mayo del 2008.

[24] Juan Triana, investigador del Centro de Estudios de la Economía de Cuba de la Universidad de La Habana, IPS, La Habana, 20 marzo del 2008.

[25] Hechos contradictorios también propician esta situación: La comercialización en solo un año de 200 000 toneladas de cemento gris en las tiendas estatales en divisas, sin la correspondiente oferta de áridos en esas mismos establecimientos o en otros, plantea una clara interrogante: ¿de dónde sacó la población la arena y la piedra para construir?

[26] Juan Triana Cordovi: “Cuba: Desarrollo social, globalización y economía del conocimiento”, Centro de Estudios de la Economía Cubana, La Habana, 2003, pp. 2.

[27] José Luis Rodríguez: Presentación de José Luis Rodríguez, Ministro de Economía y Planificación, ante la Asamblea Nacional del Poder Popular del Informe sobre los resultados económicos del 2007, y los lineamientos del plan económico y social para el 2008, en: Granma, Ciudad de La Habana, 29 de diciembre del 2007.

[28] Antonio F. Romero Gómez: “Cuba: transformaciones económicas y el sector agropecuario en los noventa”, Centro de Estudios de la Economía Internacional, Universidad de La Habana, La Habana, 2000.

[29] El sector cooperativo y campesino posee hoy el 35 por ciento de la tierra cultivable. De ellos, unos 225 mil son propietarios, y el resto, hasta llegar a 350 mil, usufructuarios, y entre todos son responsables de más del 60 por ciento de la producción agrícola de la nación.

[30] Consejo de Estado: Decreto-Ley No.259 sobre la entrega de tierras ociosas en usufructo, a los 10 días del mes de julio de 2008.

[31] Centro de Gestión de Redes de Conocimiento: “Primer Borrador de la Metodología (Tecnología) para Gestionar Redes de Conocimiento (RDC)”, Centro de Gestión del Conocimiento y la Tecnología (GECYT), La Habana, junio del 2008.

[32] Contemplan la integración de hardware y software, la instalación del producto, el adiestramiento de especialistas y las operaciones de postventa. Ya aportan al país importantes ingresos, y han hecho posible que inversiones colosales como la creación de la Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI) en septiembre del 2002, ya se haya prácticamente financiado con sus propias producciones.

[33] El ALBA se concretó primero como acuerdo bilateral, entre Cuba y Venezuela el 29 de abril de 2000, abierto a todos los países latinoamericanos, que quisieran sumarse. A esta convocatoria se unieron Bolivia, Nicaragua y Honduras.

[34] Información oficial de los daños ocasionados por los huracanes Gustav, Ike y Paloma, en: Granma, La Habana, diciembre 26 de 2008.

[35] “Tres días para matar” comunistas, han pedido estos facinerosos al imperio, de producirse una invasión a Cuba por las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos.

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