[HIDALGO] Gálvez muerto, Gálvez viva

. Mientras se velaba y homajeaba al escultor hidalguense Byron Gálvez, fallecido la mañana del martes 27, otra Gálvez, Xóchitl Gálvez, la ex comisionada para los Pueblos Indígenas con Vicente Fox, se destapaba para contender por la gubernatura de Hidalgo

Por Luis Alberto Rodríguez / Desde Abajo

Dos Gálvez hidalguenses protagonizaron la mañana de este miércoles 28. A las diez horas, en uno de los hoteles circundantes al Reloj Monumental de Pachuca, Xóchitl se presentaba ante la prensa como la más reciente de las vivas capaces de condenar el poder del PRI. A las once, en el recibidor del auditorio Gota de Plata, Byron yacía como el último muerto que divinizó la potestad priísta. Byron moría, Xóchitl vivía como nunca. Y ambos, portando un mensaje trágico que involucraba en sus respectivas horas a la sede del Gobierno hidalguense.

Al funeral asistió Miguel Osorio Chong, en punto de las once y treinta. Caminó vestido con un traje lustroso color negro hasta el centro de las exequias al escultor, autor del mural peatonal del parque que precede al auditorio, nombrado en homenaje al judío sionista David Ben Gurión. A su izquierda, su esposa, Laura Vargas; del lado contrario le acompañaba Lourdes Parga, directora del Consejo para la Cultura y las Artes de Hidalgo (Cecultah), quien fungió como anfitriona y plañidera oficial. También lo flanqueaba el rector de la UAEH, Luis Gil Borja. Atravesaron el gran bullicio de invitados. Llegaron donde Eva Beloglovsky, esposa del artista, aposentada junto a su familia al costado derecho del féretro, en el último trecho de la fila de flores blancas que formaban una hermosa barricada protectora del escenario mortuorio. Uno a uno le condolió y continuó su camino al extremo inverso del primer círculo de dolientes. Se daría inicio al homenaje póstumo.

Fue el turno de la titular del Cecultah, quien recordó a este Gálvez con la lectura de su biografía oficial. Frente al féretro y su guardia de ocho hombres, una fotografía ampliada en blanco y negro del homenajeado, evidentemente tomada en alguna época de su juventud. Byron lucía una sonrisa que se escondía entre su barba tupida, distintivo portado por el autor hasta el día su muerte, hoy.

En tanto, la otra Gálvez, paradójicamente vestida de negro, rendía su propio homenaje y presagiaba otro funeral. A ¬¬las sombras de un cúmulo de periodistas, exclamaba: “Derrotaré al PRI (…) quiero ser la primera gobernadora de Hidalgo”. Era ella sola en medio de la mesa de dos metros y medio, frente a periodistas y tres agentes de la Dirección General de Gobierno que tomaban ávidas notas, fotos y video de la empresaria, neoconversa a la política. Aún vive en el Distrito Federal, pero iniciado noviembre, cambiará su residencia de manera “permanente” a Pachuca, dijo.

La acompañaban tres auxiliares y Guillermo Villegas, diputado local y fallido candidato a la presidencia estatal del PAN. No obstante, Xóchitl lucía incómoda. Tomaba el micrófono con rigidez y lo acercaba al pecho mientras curvaba su postura como quien muestra timidez. Respondió rápido las preguntas y cuando terminó aceleró el paso hacia el restaurante contiguo al salón y se sentó a desayunar. Las cámaras la tomaban con insistencia. “Ya no quiero hablar con la prensa”, confesó mientras sonreía.

Xóchitl y Byron este miércoles fueron anclados a la vida y la muerte. Ambos ligados en este día cuando el sol se hizo uno con el frio. Juntos hoy, tanto como que ambos Gálvez son y eran y serán oriundos del bajo Mezquital. Ella se anunciaba, el perecía. Ella de Tepatepec, el de Mixquiahuala, apenas separados por un municipio: Progreso, sinónimo de cambio, el mismo que ya les marcó su destino.

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