Conservadurismo en el siglo XXI

. En pleno siglo XXI nuevamente los grupos conservadores de siempre se sienten con la autoridad de querer imponer contenidos obscurantistas en la educación pública. Quieren además establecer lineamentos en la salud pública y reproductiva, incluso en contra de derechos de grupos sociales como los jóvenes y las mujeres. Todo ello incluso en contra de los preceptos de la Constitución que aun nos rige.

Por Pablo Vargas González / Desde Abajo

En los últimos años, y no menciono “sexenios” para no acotar la cuestión partidaria, se ha recrudecido la presencia, que nunca desapareció, del viejo conservadurismo mexicano latente desde el siglo XIX, cuando se produjeron las reformas liberales con el Presidente Juárez a la cabeza. Los descendientes de los colonizadores no han perdonado ni olvidado, las grandes reformas para separar los asuntos públicos de la vida privada, es decir para resumirlo, del Estado y la iglesia.

Ahora en los inicios del siglo XXI, con los mismos temas, vuelven a la carga. Esta vez los grupos ultraconservadores (que han crecido entre grupos religiosos católicos, empresarios, “asociaciones de padres de familia”, e incluso en universidades públicas) se apoyan de fuerzas afines enquistadas y camuflajeadas en los principales partidos (PAN y PRI). Lo que sucedió en 2009 muestra el radicalismo, influencia y fuerza que tienen estos grupos en la sociedad y el gobierno actual.

Recordemos en septiembre de 2009 en la cuidad de León, una escena inquisitorial típica, cuando en la plaza principal fueron “quemados” libros de texto oficiales de ciencias para primero de secundaria, los grupos que rechazaban su contenido en materia de educación sexual y reproductiva exigieron a la Secretaría de Educación Pública (SEP) que vuelva a las aulas el libro elaborado y editado por el gobierno estatal. Califican la reforma educativa de 2006 como “totalitaria”.

Organizaciones católicas conservadoras como la Asociación Estatal de Padres de Familia, la Comisión Mexicana de Derechos Humanos (Capítulo Guanajuato), Vida y familia y Pro Vida presionaron a la Secretaría de Educación del Estado (SEG) y sostienen que el texto que ellos defienden “está orientado a una educación en valores y preserva el derecho a la vida y a la familia”. El gobierno guanajuatense “vetó” el libro oficial y lo sustituyó por uno “moralista”.

La pugna de estos grupos es que: “En todos los libros de ética (civismo), la SEP está manejando una ideología de género… los libros, como la Cartilla de Salud para Adolescentes distribuida por la Secretaría de Salud, fueron hechos con participación sólo de organizaciones de corte feminista que están a favor de la promoción a la actividad homosexual, el aborto, el amor libre”.

Es decir en pleno siglo XXI nuevamente los grupos conservadores de siempre se sienten con la autoridad de querer imponer contenidos obscurantistas en la educación pública. Quieren además establecer lineamentos en la salud pública y reproductiva, incluso en contra de derechos de grupos sociales como los jóvenes y las mujeres. Todo ello incluso en contra de los preceptos de la Constitución que aun nos rige.

La mas fuerte embestida, ellos la llaman “cruzada” ha sido “a favor de la vida y de la familia”. Desde que en 2007 se aprobó en el Distrito Federal una ley que permitió la interrupción del embarazo hasta las doce semanas de gestación. Todas las fuerzas conservadoras, apoyadas por los medios de comunicación privada, radio y televisión, principalmente el duopolio (Televisa, TV azteca) se han levantado en contra de la medida, y han utilizado todas las influencias entre los partidos, ya en 17 entidades federativas se ha aprobado una verdadera Contra reforma, que castiga y persigue a las mujeres.

Estas fuerzas ultraconservadoras se vienen fortaleciendo contra otra ley aprobada por la Asamblea Legislativa a favor de los matrimonios entre personas del mismo sexo, y que pueden adoptar hijos. Habría que recoger las perlas que se están tirando a diestra y siniestra por parte de estos grupos conservadores, no son argumentos, son los mismos dogmas retrógrados y obscurantistas que desafían la ciencia, el progreso y la modernidad. Benito Juárez tenía razón. No hay otra, es necesario que se defienda el Estado Laico, y la separación de los asuntos públicos y privados.

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