Pachuca, 2010, siglo XIX

Por Gabriel Pérez Osorio*

Con Radio Exprés tengo una especie de lazo emocional. Fue el primer café que probé en Pachuca. Rico café.

Cuando conocí su ambiente amable, acogedor, lleno de pequeños detalles, paredes con pedazos de historias, supuse que sería uno de mis lugares favoritos en la capital del estado.

Cuando le pregunté a “Shubi”, mi prima pachuqueña sobre el establecimiento, me explicó que era lo más cercano al lugar de reunión de todos aquellos que gustan de la tertulia, el arte, el buen café, la plática. Punto de reunión para aquellos que buscan o se sienten o tratan de alcanzar alguna especie de pensamiento progresista.

Por eso, resulta de los más extraña la denuncia de Alejandro quien, el lunes disfrutaba de un rico cafecito (y unos besos con su novio), cuando fue abordado por el dueño del lugar para pedirle que se abstuviera de llevar a cabo demostraciones de afecto de ese tipo, porque otros parroquianos se habían quejado.

Lo que no se entiende es que, si Radio Express es un paradero de periodistas, intelectuales, pintores, músicos, dentro de ellos haya quien le moleste que dos hombres se besen.

Es decir, a tan solo 80 kilómetros de aquí, hay una ciudad en la que se acaban de aprobar los matrimonios entre personas del mismo sexo y, en un lance progresista sin precedentes, se mantuvo la legislación que les permite adoptar.

Más allá de las discusiones bizantinas que propició una Ley como ésta, la ciudad cuyos legisladores la produjeron, está a media hora de Radio Exprés.

No resulta increíble que en esta, y cualquier otra sociedad, existan personas a las que les molesta ver a dos hombres besándose. Lo extraño es que vayan a ese lugar en particular.

Pero suponiendo sin conceder que, al menos cinco mesas del lugar estuvieran ocupadas por los cuates de Norberto Rivera, es más extraño que el dueño hubiera accedido a “pedirles” a los comensales enamorados que reprimieran su deseo.

Es decir, en todo caso, parecería estar yendo en contra de la esencia misma de un café que, cuando uno piensa en él, lo primero que se viene a la mente es en un refugio intelectual en el corazón de Pachuca.

Lamentable, sin duda, el error del dueño del multicitado sitio, que declinó declarar a este diario su versión de lo acontecido.

Pero más lamentable, que existan personas que se sientan con el derecho a discriminar a los homosexuales sólo porque no están de acuerdo con su forma de vida.

Todo lo que hace falta avanzar en derechos humanos, en ese sentido, caerá finalmente en la cancha de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Hidalgo que tendrá, con esta, la primera prueba seria que enfrentar.

Esperemos que no piensen en consultar a los arzobispos, para definir la actuación de una institución del laico estado de Hidalgo.

gabriel.perez@milenio.com

*Tomada de la columna 300 Palabras / Milenio – Hidalgo http://impreso.milenio.com/node/8710255

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