Francisco Xavier

Por Gabriel Pérez Osorio / Desde Abajo

¿Quién no recuerda a Francisco Xavier cantando “Desesperado” en Siempre en Domingo? Yo, yo no lo recuerdo. Seis impactos de bala en su camioneta. Él con cara de susto. Y nadie le cree.

Es difícil creerle a Francisco Xavier Berganza. El senador hidalguense por Convergencia que despacha en la oficina 6, del piso 6 de la Torre del Caballito, en el DF, ha tenido una vida extraña, por decir lo menos.

En la década de los noventa se retiró de la farándula y en 1997 irrumpió como ¡candidato a la gubernatura de Hidalgo!, por ese portento de la congruencia que es el Partido Acción Nacional. Enfrentó y derrotó al periodista Miguel Ángel Granados Chapa, el último abanderado de izquierda en el estado y al después gobernador Manuel Ángel Núñez Soto, el que creyó que podría ser Presidente de la República.

Luego, en 1999 se incorporó al Partido Revolucionario Institucional y se unió a la campaña de Francisco Labastida Ochoa, el candidato al que llamaron chaparrito, al que llamaron mandilón, al que llamaron “labestida”.

Obvio, su siguiente hueso fue con el PRI, en la Cámara de Diputados Federal. Fue integrante del grupo parlamentario de ese partido en la LVII Legislatura, aquella que pasó a la historia por haber hecho prácticamente nada relevante.

En 2006 volvió a cambiar de partido y compitió, junto con el profesor José Guadarrama por una curul en el Senado de la República, la que actualmente ocupan los dos. Dejó en el camino al actual secretario de Obras estatal, Cuauhtémoc Ochoa. La ola lopezobradorista lo envió al Caballito.

En medio de todo eso, el ahora legislador enfrentó dos acusaciones: una, por presunto secuestro; otra, por presunta violación.

Esta es el tercer atentado que denuncia el ex cantante. Se encargó, en esta ocasión, de vehemente aclarar que no se trataba de un montaje. Quizás él mismo sabía que no se le podía creer, que no le iban a creer. Enseñó la camioneta, blindada, esa que “no todos los mexicanos podemos pagar”, Ricardo Monreal dixit. Sus vidrios de pulgadas de espesor le salvaron la vida.

La averiguación previa ya está en curso. Quién sabe, quizás le ocurrió como a aquel niño que de tanto decir que venía el lobo, cuando el animal se zampó a las ovejas, nadie le creyó.

Quizás los mexicanos nos hemos vuelto muy sospechosistas y el expediente de Francisco Xavier presenta algunos manchitas aquí y allá que nos vuelven susceptibles a la actividad inventada por Santiago Creel. Quizás.

Pero el hecho está ahí: ayer, un senador de la República denunció que intentaron matarlo. Ayer, un senador de la República sigue vivo, de acuerdo con su propia denuncia, gracias a unos vidrios enormes.

Es Febrero de 2010. Aún no se definen del todo los candidatos para 12 gobiernos estatales que se habrán de elegir el próximo 4 de julio. Esto, señoras y señores, apenas empieza. Compren sus palomitas y un chaleco antibalas.

grabriel.perez@milenio.com

*Colaboración original del diario Milenio – Hidalgo

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