Un puente chueco en Pachuca

. El ayuntamiento de Pachuca está por concluir un puente chueco. Su deformación es física y jurídica. Materialmente contrahecho, fue erigido al margen de la ley, violentando derechos de particulares que realizan actividades productivas. En la prisa por terminarlo, quizá para que lo inaugure el alcalde Francisco Olvera antes de pedir licencia para ser candidato del PRI a gobernador, se han cometido atropellos y se ha mostrado negligencia riesgosa.

Por Miguel Ángel Granados Chapa*

El ayuntamiento de Pachuca está por concluir un puente chueco. Su deformación es física y jurídica. Materialmente contrahecho, fue erigido al margen de la ley, violentando derechos de particulares que realizan actividades productivas. En la prisa por terminarlo, quizá para que lo inaugure el alcalde Francisco Olvera antes de pedir licencia para ser candidato del PRI a gobernador, se han cometido atropellos y se ha mostrado negligencia riesgosa.

Es un puente peatonal con rampas para personas discapacitadas a la entrada del fraccionamiento Villas de Pachuca, cerca de Colonia, el punto donde la carretera México-Laredo tuerce hacia el oeste antes de llegar a la capital hidalguense. Es un punto conflictivo, tanto porque se ingresa al fraccionamiento mencionado, como porque se ha convertido en parada y sitio de ascenso y descenso de toda suerte de transporte público. Tanto es así, que la construcción se identifica como Aforo ADO, en interesada referencia a una oficina informal de esa conocida y poderosa línea de autobuses.

A pesar de que el final de la obra es inminente -quizá a la hora de que estas líneas se publiquen se haya consumado- todavía es oportuno subrayar las deficiencias de su construcción, los peligros que entraña, y los daños y perjuicios que causa y causará en su entorno. Nadie niega la pertinencia de una instalación de esa índole para cruzar el muy transitado bulevar Felipe Ángeles. Pero las obras públicas, para ser plenamente útiles, han de apegarse a estrictas normas de ingeniería y de derecho. Y no ha sido ese el caso.

El lunes pasado el diario local Criterio publicó una breve entrevista con Héctor Henkel Castañeda, secretario de obras públicas municipales, sobre el puente de marras. El reportero Ommar Ayala hizo notar al funcionario el «evidente desnivel» del paso elevado. Sin pestañear, el secretario aseguró que la deformación advertida por el periodista «es solamente una ilusión de óptica; a veces el terreno genera estos efectos (pero) no está desnivelado». También se le hizo notar que el puente necesita ya arreglos. Si bien la obra está en su fase terminal, el funcionario anunció que «se están realizando los ajustes correspondientes; no hay mayor problema, se está buscando que cumpla con toda la normatividad que se requiere». Por si fuera poco, al término de la obra el entorno podría quedar desordenado: «actualmente, lo que nos falta por construir es la reubicación de la energía eléctrica y algunas de telefonía celular».

Henkel atribuyó a la oposición de «algunos comerciantes» un retraso en los trabajos de construcción del puente, que ahora se han acelerado. No dijo que la obra había sido suspendida por un tribunal y que así debería seguir. Pero con prepotencia impropia de un gobierno que se debe a los ciudadanos, las labores continuaron pasando por alto decisiones y disposiciones legales. Un caso que ejemplifica lo ocurrido respecto del puente, y revela también los modos de hacer de las autoridades locales (del municipio y del estado), es el de Ático, un establecimiento dedicado a la venta de materiales para artistas.

Han levantado ese negocio, extensión sureña de otro que funciona desde hace 16 años en la zona céntrica de la ciudad, la segunda y tercera generaciones de las familias Noriega y Ortiz, bien acreditadas en Pachuca. Son personas dedicadas por tradición al comercio y al mismo tiempo de su seno surgieron profesionales prestigiosos en varias disciplinas. La papelería Pinocho, en la calle de Allende, propiedad de los señores Ortiz, era, junto con El nardo o El mayoreo, proveedor de útiles escolares durante décadas. A su vez, la familia Noriega tuvo a su cargo la distribución de los refrescos Mundet, desde su oficina en la avenida Juárez.

Las nuevas generaciones de esa estirpe resolvieron construir una galería de arte y hasta un local destinado a la enseñanza de pintura, adosadas a Ático. Solicitaron el 11 de diciembre de 2008 la autorización para uso de suelo y ésta es la hora en que tal trámite no ha concluido, no obstante que el Tribunal fiscal administrativo resolvió a favor de los solicitantes. Al propio tribunal acudieron una vez más cuando se inició la construcción del puente peatonal, originalmente planeado para ser erigido en otro sitio y finalmente levantado en la esquina de la Avenida de las aves y la porción final de la autopista México-Pachuca. El puente incluye dos tramos en zigzag, «diseño que inutiliza todo el frente de nuestro negocio», alegan los propietarios, mientras que «el pilar de apoyo que viene desde el otro lado de la autopista bloquea parte de la esquina».

El 16 de octubre fue concedida la suspensión de la obra, pero el ayuntamiento pretendió librar ese obstáculo aduciendo que se trata de un proyecto del gobierno del estado. Cuando se presentó la ampliación de demanda, a fin de que comprendiera también a ese nivel, los trámites en el tribunal se enrarecieron al punto de que a mediados de diciembre la suspensión fue levantada tras el sobreseimiento del caso. Por si fuera poco, y acaso en represalia por haber obstruido la construcción por medios legales, la Dirección de reglamentos y espectáculos realizó una visita de verificación en busca de licencia de funcionamiento y apenas cuatro horas después de la visita decretó la clausura del establecimiento.

La obra atenta genera otros problemas al entorno. Pero está a punto de entrar en el haber del alcalde, como parte de sus méritos para aspirar a la gubernatura.

Cajón de Sastre

Murió Guillermo Martínez Domínguez, nacido en Monterrey en 1924. Economista por la UNAM, hizo carrera en el servicio público, primero en cargos de bajo perfil (director de precios, gerente del Banco del Pequeño Comercio) hasta que el ascenso político de su hermano mayor, Alfonso, lo benefició. Así, cuando éste último gozó de la cercanía con el presidente Díaz Ordaz, Guillermo Martínez Domínguez fue director de la Comisión Federal de Electricidad. Al comenzar su sexenio, Luis Echeverría lo hizo director general de Nacional Financiera, donde quedó debilitado tras la riña entre el Presidente y el jefe del gobierno del Distrito Federal. Alfonso tuvo que renunciar a su cargo en junio de 1971 y su hermano lo hizo tres años después, dos antes de concluir el sexenio.

miguelangel@granadoschapa.com

* Editorial publicada originalmente por el autor en la columna Plaza Pública, del diario Reforma

Comments

Comentarios

You may also like