Aprender de Uruguay

Este lunes 3 de marzo asumió la presidencia de Uruguay el ex guerrillero Tupamaro, socialista y ex preso político, José Mujica, ante cientos de miles de simpatizantes que lo siguen desde 1971 y que desde entonces, anhelaban su arribo a la primera magistratura platense. La algarabía, el fulgor del pueblo uruguayo caen en México como bomba de agua fría al pensar que en el 2006, de la mano de Andrés Manuel López Obrador, la historia pudo ser similar de no ser por el fraude electoral perpetrado en su contra y del pueblo que voto por él.

Sin embargo, más allá de la envidia alegre sobre Mujica y su pueblo, no queda más que aprender de la capacidad de organización política de sus partidos de izquierda, hoy agrupados en el denominado Frente Amplio que llega así a su segundo mandato presidencial con el ex tupamaro, primero con Tabaré Vázquez.

Quizá, lo primero que se tendría que aprender es la definición, la cohesión de su perfil teórico-ideológico, línea de acción y programa de gobierno. En todo ello salta a la vista una condición fundamentalísima del Frente Amplio para su éxito en las urnas: la participación activa y opinativa de las organizaciones de la sociedad civil; algo que en México escapa de las manos de institutos como PRD, PT y Convergencia.

En su documento “La experiencia del gobierno del Frente Amplio”, esta organización política enfatiza: “No construiremos un futuro más justo y digno separadamente si no aprendemos a escuchar e interpretar las voces que llegan desde la sociedad civil (…) El mundo no cambiará si no logra manifestarse el protagonismo de la gente

“No debemos proponer lo que no vamos a cumplir. No le podemos decir a la gente: votennos, que al dia siguiente de gobierno vamos a solucionar sus problemas. No debemos alentar expectativas que no podremos cumplir a la hora de gobernar, porque un gobierno que realmente responda a los intereses populares no se debe alejar de la gente ni de las organizaciones sociales. Eso sería un error de graves consecuencias”

Textos mínimos pero ilustrativos de las diferencias programáticas entre la izquierda electoral uruguaya y la mexicana. La primera se finca en la sociedad civil organizada y la segunda tan solo en la agenda electoral. La primera puramente socialista, la segunda en un mar de indefiniciones que la han llevado a aliarse con la derecha misma, como en este 2010.

Un extinto Frente Amplio Progresista mexicano que resultó una mala caricatura del Frente Amplio Uruguayo. Mucho que aprender de ellos, tanto, que parece que existen décadas de conocimiento que los separan.

Sin embargo, aún queda mucho camino por delante. Las organizaciones y partidos políticos de izquierda en México deberán voltear la cara hacia el Mar de la Plata y reconocer su propia derrota ante la historia contemporánea de Latinoamérica. Si éstas quisieran reformarse a fondo, primero tienen que construir una moral política que esté determinada por la búsqueda del triunfo cultural. El Frente Amplio de Uruguay nos lo vuelve a enseñar:

“La cultura del “no se puede” es permanentemente alimentada por interesados en mantener el statu quo que nos conduce a la desintegración social, a la inestabilidad institucional, a las crisis políticas y de gobernabilidad, al debilitamiento de los parlamentos, de los partidos políticos y de la democracia”

luis@desdeabajo.org.mx

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