Pobreza y marginación, índices del trabajo doméstico

. Día Internacional del Trabajo Doméstico Hacer visible lo invisible. Ésa es justamente la labor de los grupos minoritarios que luchan por el respeto, sobre todo en las actividades cotidianas.

por Tania Meza Escorza / Desde Abajo

Pachuca, Hgp., México (Agencia Desde Abajo).- Las labores domésticas sólo se ven cuando dejan de hacerse. Cuando el polvo se acumula, la despensa se vacía y no se surte, cuando el teléfono, la luz y el agua son cortados porque no se pagaron a tiempo.

Hacer visible lo invisible. Ésa es justamente la labor de los grupos minoritarios que luchan por el respeto, sobre todo en las actividades cotidianas.

Entre las cosas más invisibles y menos valoradas en ésta y todas las sociedades, se encuentra “el quehacer” o las labores de la casa. Sabedoras de ello, mujeres dedicadas exclusivamente al hogar, provenientes de diversos países de América Latina y el Caribe, se reunieron en 1988 en Colombia, para analizar su situación personal y su participación en la economía de sus naciones. La principal conclusión fue la instauración del 30 de marzo como el Día Internacional del Trabajo Doméstico.

Como todos los días a los cuales la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha dedicado un espacio en su agenda internacional, ésta no es una fecha para celebrarse o para dar regalos. Se trata de visibilizar la problemática y lograr que, por lo menos un día, se hable en los espacios públicos sobre esta gran deuda histórica con las mujeres que realizan uno de los trabajos más pesados, sin obtener ningún ingreso por ello.

La Procuraduría Federal del Consumidor ha calculado en 30 mil pesos el pago que debiera darse a un ama de casa por todas las labores que desempeña. La cifra se obtuvo con la suma de los costos de administración de economía doméstica, limpieza del inmueble, lavado y planchado de ropa, lavado de trastes, elaboración de tres comidas familiares al día, pago de servicios, realización de trámites, jardinería, costura, reparaciones, cuidado de personas adultas mayores, enfermas, discapacitadas, infantes y bebés.

Una de las peores cosas en el trabajo doméstico no sólo es la inexistencia de remuneración económica, sino el nulo pago simbólico que por esta actividad existe, debido a que casi nadie ve, ni valora las labores domésticas. Sobra decir que, en la mayoría de los casos, tampoco son muchos los integrantes de la familia que contribuyen o respetan este tipo de trabajo.

Actualmente, la situación en materia de trabajo doméstico no remunerado es muy grave en México y el mundo. De acuerdo con cifras dadas a conocer por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) sobre la condición laboral de las mexicanas, poco más de dos quintas partes de los hogares en todo el país cuentan con al menos una mujer que percibe ingresos por trabajo extra doméstico, no obstante, el mismo trabajo realizado por hombres continúa siendo superior al de las mujeres, en términos generales.

En caso de que en los hogares exista una empleada doméstica, la circunstancia laboral no cambia demasiado. En un comunicado conjunto, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, el Instituto de la Mujeres del Distrito Federal y el Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar, A.C., subrayan que en México hay cerca de un millón 800 mil trabajadoras en este rubro, según cifras del INEGI.

Del padrón de trabajadoras, un 96.6 por ciento son mujeres, en su mayoría indígenas, con altos índices de pobreza, marginación y con bajo nivel educativo y menos del cuatro por ciento restante son hombres.

La valoración del trabajo doméstico no puede dejarse solamente a los proceso de negociación que en cada hogar pueda establecerse. Independientemente de la regulación de la trata de personas forzadas a realizar estas labores, la remuneración del trabajo doméstico debe ser tema para legislar en los tres niveles de gobierno de todo el país.

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