Diversidad sexual y estudios de género

por Alejandro Ávila Huerta / Desde Abajo

¿Qué tiene que ver la diversidad sexual con los estudios de género? Homofobia, machismo y misoginia tienen una relación mucho más estrecha de lo que suele creerse, pues uno de los fundamentos de estos tres prejuicios se comparte: reafirmar la superioridad de los hombres y la inferioridad de las mujeres, al otorgar a cada uno ciertos valores por el privilegio o la desgracia de sus genitales.

Aunque la violencia de género se ejerce principalmente hacia las mujeres por parte de los hombres, en general puede considerarse como tal cualquier acción que va en contra de una persona por el simple hecho de pertenecer a un género, y este término –complejo, pero no complicado- abarca las actitudes asignadas culturalmente para definir lo masculino y lo femenino, diferenciándose de sexo, que se refiere a las características anatómicas que distinguen a hombres y mujeres.

Ambos conceptos –el construido en la sociedad y el dado por la naturaleza- son susceptibles de modificarse, pero los cambios que pueden hacerse no siempre son bien aceptados, pues se cree que alteran un orden social –milenario, mas no natural ni incorregible– que, con su única base en el cuerpo de las personas, dicta que los sexos son complementarios sólo el uno con el otro, que los hombres son masculinos y las mujeres femeninas, y que si esto no se cumple de manera cabal hay algo que no está bien.

La angustia ante la transgresión de estas imposiciones se expresa casi siempre a través de la homofobia, que no es sólo el desprecio hacia las personas con una orientación afectiva no heterosexual, sino también a aquellas con una identidad genérica que no concuerda con su sexo biológico. La incapacidad de comprender que las orientaciones y las identidades no son dependientes de nacer hombre o mujer –y tampoco lo contrarian, necesariamente- hace creer que personas homosexuales, lesbianas y-peor aún- trans, son hombres rebajándose a ser mujeres o mujeres pretendiendo usurpar el lugar de los hombres.

Se conmemoró el día internacional de las mujeres y se hizo otra vez, todavía, con la ausencia simbólica de un grupo importante de ellas que con sus prácticas y sin proponérselo abiertamente –al menos en principio- han cuestionado tal vez más que nadie los significados de la construcción de un género –y de un sexo- y la pertenencia a él, más allá de órganos, cromosomas y capacidades físicas.

Sin el reconocimiento –ni social ni jurídico- de su identidad sexogenérica, consideradas enfermas mentales por la psiquiatría –a veinte años de despatologizar la homosexualidad-, limitadas en sus oportunidades laborales al trabajo sexual o la estética, las mujeres transexuales encuentran la discriminación hasta en ambientes y sectores que bien conocen la intolerancia: encuentros feministas que al hablar de transexualidad niegan la última vocal en un intento por recordarles su condición “artificial”, manifestaciones lésbicas con la consigna de no permitir la participación de mujeres no biológicas.

El último sondeo de la organización de la sociedad civil Transgénero Hidalgo informa que en Pachuca cinco por ciento de la población es abiertamente transfóbica (hay que considerar a quien mintió en su respuesta o que sólo cree que no lo es). La Comisión Ciudadana Contra los Crímenes de Odio por Homofobia ha identificado seis asesinatos cometidos bajo este móvil en Hidalgo, uno en contra de una mujer transgénero.

La Procuraduría General de Justicia del Estado de Hidalgo cuenta con un caso no resuelto de intento de homicidio a un grupo de trabajadoras sexuales transgénero. La Comisión de Derechos Humanos del Estado de Hidalgo registra denuncias de la población trans por haber sido echadas violentamente de la explanada de la Preparatoria Número 3 de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, de la tienda departamental C&A en Pachuca y por el acoso constante que sufren de parte de elementos policiales de varios municipios.

La transformación del propio cuerpo para satisfacción de nuestras necesidades podría ser, en el sentido más estricto de la palabra, antinatural: estamos alterando algo que en un proceso azaroso –arbitrario, si se quiere- la naturaleza dio, ¿pero qué no es algo que hacemos todos y todas todo el tiempo? Actos tan simples como peinarse, usar aretes o ponerse maquillaje, incluso elegir un tipo de ropa y accesorios. Adelgazar, engordar, marcar los músculos. Realizarse una perforación, un tatuaje, una cirugía estética. ¿Por qué no juzgar de la misma manera a quien quiere cambiar su pelo, sus orejas, su nariz o su abdomen y a quien hace lo mismo con su pene o su vagina?

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