No me apellido Zavala

por Gabriel Pérez Osorio / Desde Abajo

Soy de los ilusos que disciplinadamente registró su teléfono celular en el Renaut. Partí del principio básico de la coerción del Estado: no me quería quedar sin línea de teléfono celular aunque, la verdad, casi no la uso.

Y luego, lo justifiqué con un falso manto de purismo intelectual: “¡Cómo exigir a los demás que respeten las leyes y las reglas si uno no hace lo propio!”. Digo, sin caer en las mamarrachadas puristas de los comerciales antipiratería, sí soy de los que está convencido que comprar productos apócrifos no es el camino adecuado para cambiar al mundo.

Entonces, muy mono yo, registré mis dos líneas al Renaut. En la de la empresa me informaron, vía SMS, que el número ya estaba con otro nombre, así que es el que usaré para extorsionar (es broma, señores de “inteligencia” política, es broma).

Al otro día que venció el plazo, todos no enteramos, gracias a MILENIO, que había más de 15 mil líneas con el CURP de Felipe Calderón y demás irregularidades por el estilo.

En realidad, desde el sábado del plazo fatal, la Secretaría de Gobernación deshabilitó las páginas de Internet para obtener el número de identificación, luego de que se dieron cuenta que el presidente estaba jugando con la página web.

Así que, lo que los críticos al famoso registro de celulares impulsado por el criminal régimen de Calderón pronosticaban días antes, cuando era el tema de moda, se confirmó en unos cuantos segundos.

¿Para qué demonios sirve el famoso Renaut? Sepa. Según esto, 20 millones de líneas de teléfono celular quedaron sin registrarse. Telcel, el principal proveedor de este servicio en el país, consiguió un amparo para no cortar la línea a sus clientes. Movistar, también, luego de pasarse por los “destos” la famosa Ley y declarar que ellos la iban a desobedecer. De Iusacell, no se sabe mucho. Pero nadie se ha quejado por corte en el servicio.

Así que el único dato reportado hasta el momento, sobre cortes a las líneas telefónicas rondaba los 700 mil números telefónicos. Y fue proporcionado por la empresa de Carlos Slim.

El chiste es, para no hacer el cuento muy largo, que el famoso Renaut se inscribe en la larga, vasta y diversa lista de fracasos, pifias y desórdenes del gobierno de Felipe Calderón.

¿Ejemplos? La lucha contra el narco (que diga lo que diga su cuñadito es un rotundo fracaso que se mide con los niveles de consumo de estupefacientes en México que van a la alza), la justicia para los niños de la guardería ABC, la vergonzosa acusación en contra de las indígenas otomíes a las que se les culpa de secuestrar a seis agentes de la AFI (esta es una de las tarugadas más grandes en la historia de México, sólo comparable con la Paca y la finca del Encanto), la operación en contra de la refinería en Hidalgo, las elecciones de 2009 (no se pierda, próximamente, la repetición casi instantánea del evento el 4 de julio de 2010) y un muy largo etcétera.

Por si todo esto fuera poco, ayer, la reportera Nayeli Cortés informó para W Radio que había obtenido la lista nominal de electores de Tlalnepantla, que se encontraba a la venta en Internet.

En la nota de Nayeli consta que existe una averiguación previa abierta por este delito desde octubre de 2009. Claro, la investigación roza a la famosa empresa Hildebrando, de la que es dueño un cercano al incompetente de Felipe Calderón.

Por todo lo anterior, yo sí soy de los que se indignó cuando se enteró que el cantante español Joaquín Sabina se reunió con el presidente Calderón. Y no por Sabina, ya que en realidad me vale un sorbete con quién se reúna el señor.

Me da muina porque me parece que las prioridades del primer mandatario están un poco raras.

No se vale que mientras millones de mexicanos no tienen que comer, son extorsionados, secuestrados, asaltados, mancillados, violados, aplastados por la justicia mexicana, expulsados de sus pueblos, calles, colonias o barrios, este señor Felipe se dedique a cantar bohemia con Sabina. No es justo.

Yo solo espero que a ningún malhechor se le ocurra hacer una llamada de extorsión con mi teléfono porque, de ser así, no habrá poder humano que me salve. Tendría yo que apellidarme Zavala, Calderón, Bribiesca, Fox o Sahagún.

gaboperez@gmail.com

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