Democracia a la mexicana: 2006-2012

por Pablo Vargas González / desdeabajo

Es ampliamente decepcionante que la Secretaria de Relaciones Exteriores (SRE) del gobierno de Calderón, haya criticado la declaración de Fidel Castro, Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, en torno a la política mexicana principalmente de los resultados y la injerencia en las elecciones presidenciales de 2006. Fidel Castro en realidad ha confirmado lo que sabemos la mayoría de mexicanos.

Las declaraciones de Fidel Castro fueron una bomba noticiosa en América Latina y en círculos internacionales. En dos artículos publicados en el Diario Granma Fidel señaló que en 2006 Andrés Manuel López “ganó la mayoría de los votos frente al candidato del PAN. Más el imperio (Estados Unidos) no le permitió asumir el mando”.

En pobre respuesta la cancillería mexicana, perdiendo el rumbo de su función y tomando partido de manera facciosa y “partidista”, salió en defensa de su jefe. No solo rechazó las afirmaciones del ex presidente cubano Fidel Castro, sino que deploró “la falta de democracia en Cuba”, “argumentos” no válidos para una oficina dedicada al desarrollo de las relaciones internacionales, que se esperan de entendimiento y cooperación.

La Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) dijo que con los señalamientos del comandante se pretende descalificar a “las instituciones mexicanas” y se hace eco de afirmaciones sin sustento sobre el país y su desarrollo. Otro gran error, las instituciones mexicanas ya están desacreditadas por sí mismas, no hay que perder memoria de lo que sucedió en las elecciones de 2006 y su desarrollo ulterior.

Lo único que hizo Fidel Castro fue refrescar la memoria histórica del proceso electoral de 2006 y de los meses anteriores donde se organizó todo una estrategia para descarrilar la democracia mexicana y las propias instituciones. Ningún poder público quedo fuera de la ilegalidad para sacar de la jugada a Andrés Manuel López Obrador, candidato popular apoyado por amplios sectores populares.

También recuerda como se fraguó la injerencia para desprestigiar a funcionarios cercanos a AMLO, ciertamente corruptos, involucrados en los famosos “videoescándalos”, donde juagaron un papel fundamental Carlos Salinas de Gortari y El “Jefe Diego” Fernández de Ceballos. Estos fueron solo un grupo organizado para dinamitar las instituciones mexicanas, reventar los derechos políticos e imponer una candidatura.

Destacó que sí hubo un complot contra el tabasqueño, en el que no sólo participó Salinas, sino también el secuestrado Diego Fernández de Cevallos y el empresario Carlos Ahumada. A ello hay que recordar el “juicio de desafuero” instigado por Vicente Fox y todas las dependencias principalmente por la SEGOB y la Procuraduría de Justicia. A estos golpes, subsistió AMLO con lo que llegó a una elección completamente configurada para impedir que los mexicanos expresaran su real voluntad de cambio.

Y desde la perspectiva internacional no es ajena que se vea como un “boicot” lo que sucedió en 2006 no solo de grupos ultraconservadores de México sino también una grave injerencia del Imperio para impedir un cambio democrático en el país. Por eso Washington guardo silencio ante las actuaciones del Consejo General del IFE de Ugalde-Elba Esther Gordillo y después de la Suprema Corte de Justicia, con sus dislates y desatinos que resquebrajaron el “Estado de Derecho”, por ello no es circunstancial que a cuatro años siga la decadencia de la credibilidad de la justicia y de las instituciones.

Las declaraciones de Fidel son de gran valor coyuntural ante las vísperas de una nueva batalla por el poder político en México hacia el 2012. Desafortunadamente sigue presente la sombra de Carlos Salinas de Gortarí y su entorno de poder económico conservador y neoliberal que se opone a generar un cambio democrático en México y que preparan el regreso de actores que solo representan la antidemocracia y el autoritarismo. A ello contribuyen desde la “izquierda” grupos mezquinos carentes de compromiso. Los ciudadanos debemos estar alertas de otro gran golpe de las elites a las instituciones. Solo una amplia participación ciudadana podrá impedir un nuevo fraude electoral.

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