Alerta por suicidios a causa de bullying homofóbico

. Esta modalidad de homofobia se extiende peligrosamente –ya se hace visible en Pachuca-, minimizada por el profesorado, alentada por asociaciones escolares de familiares homofóbicos, percibida como bromas inocentes.

por Alejandro Ávila Huerta

Bullyng homofóbico, una peligrosa realidad. Imagen. blogs.chuecas.com

Pachuca, Hgo., México (DESDEABAJO).- Justin Aaberg, de Minnesota, tenía quince años cuando se ahorcó en su cuarto el pasado julio 9. El 14 de septiembre, Billy Lucas, de catorce, hizo lo mismo en la cochera de su casa en Indiana. Cinco días después, en California, Seth Walsh también se colgó de un árbol de su patio a los trece. El siguiente miércoles –septiembre 22-, Tyler Clementi se despidió en su Facebook antes de saltar del puente George Washington de Nueva Jersey; tenía dieciocho. Al otro día, con un disparo en la cabeza, escondido en el closet de su padrastro, se suicidó a los trece Asher Brown, de Texas. Y hace apenas dos semanas y media –el 29 de septiembre pasado- se mató, también colgado en el dormitorio de su universidad, Raymond Chase, en Rhode Island con diecinueve años.

No sólo las edades y las fechas son coincidentes –porque no casuales- en estos seis casos aparentemente desconectados en puntos tan apartados de los Estados Unidos; la orientación sexual diversa de las víctimas fue la causa determinante en todos ellos, y compañeros y profesores de sus escuelas los causantes. Los seis adolescentes homosexuales –ya fuera abiertamente o no-, estudiantes de educación secundaria, preparatoria y superior, reportaron haber sufrido bullying homofóbico por meses y hasta años antes de sus muertes provocadas sin recibir ayuda de nadie: burlas, insultos, amenazas, empujones, patadas, simulaciones de violaciones, incluso la exhibición no autorizada de un video en el que Clementi tenía relaciones con su novio.

Todo ante el conocimiento de autoridades que fingían ignorar los hechos porque las normas de la Anoka High School prohíben al cuerpo docente tratar temas de diversidad sexual con el alumnado; todo a pesar de las peticiones de apoyo de parte de los afectados y sus padres y madres como en la Hamilton Middle School o la Greensburg High School; todo sin la posibilidad de presentar cargos aun cuando se tienen bien identificados a los principales atacantes porque la Jacobsen Middle School no considera que sea un delito burlarse de alguien. Sólo dos personas enfrentan un proceso legal por invasión a la privacidad (en el caso de la grabación) que se podría castigar con cinco años de cárcel.

Cinco casos en dos semanas, uno más dos meses antes, otros tres que no se han podido comprobar, tantos que ni siquiera se saben. Esta modalidad de homofobia se extiende peligrosamente –ya se hace visible en Pachuca-, minimizada por el profesorado, alentada por asociaciones escolares de familiares homofóbicos, percibida como bromas inocentes, y cuando termina en sucesos como los seis descritos se tacha a los agredidos de desequilibrados y conflictivos, desconociendo la responsabilidad de los involucrados, pues consiste en una eliminación lenta y disimulada, no difícil de detectar pero tampoco difícil de deslindar.

Organizaciones internacionales de la sociedad civil que trabajan por los derechos humanos de la población LGBTTTI convocan a una actividad de apoyo que pretende ser mundial: usar ropa morada (que representa el espíritu en la bandera de la diversidad sexual) este miércoles 20 de octubre para recordar estos crímenes, en un intento de atraer la atención sobre la importancia de combatir la violencia homofóbica al interior de las escuelas, del respeto a todas las personas independientemente de su orientación o identidad sexogenérica para lograr una convivencia al menos tolerante, al respecto de lo cual se ha legislado muy poco en muchos lugares, como en el país y el estado.

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