IFE 20 años: Hacia el 2012

por Pablo Vargas González

El 11 de octubre se cumplieron 20 años del Instituto Federal Electoral (IFE). Se pueden encontrar comentarios positivos y hasta felicitaciones pero también cuestionamientos y hasta diatribas con motivo del funcionamiento y las expectativas de los sectores sociales. El IFE creado en 1990 hoy enfrenta el reto de superar la críticas y poder convertirse en un árbitro con decisión, respetable y reconocido capaz de organizar las elecciones presidenciales de 2012 que apuntan a ser polémicas y aguerridas.

El IFE se crea para institucionalizar los procesos electorales en México, después de un largo periodo desde 1917 hasta 1977, en que las elecciones eran organizadas por dependencias gubernamentales, lo que permitió la conformación de un sistema político hegemónico, sin oposición fuerte, y sin generar condiciones para la competencia política entre el poder y sus adversarios.

En 1977 se realiza una “reforma política”, vertical y “desde arriba” que permitió el mantenimiento de elecciones inducidas y controladas. Así se inicio un “ciclo de reformas políticas” graduales que mantuvieron al PRI como partido predominante, puesto que la Secretaria de Gobernación seguí siendo la figura principal en la organización de las elecciones federales y locales. Fueron reformas “gatopardezcas” de “cambiar todo” para dejarlo igual.

Fue hasta las elecciones de 1988 cuando hay una división en la elite gubernamental y se inicia la competencia. Carlos Salinas de Gortari se erige como presidente ante una elección con graves y masivas irregularidades que pusieron a temblar las normas e instituciones electorales creadas para reproducir un sistema. Todos recuerdan que en la etapa de cómputo de votos, simplemente “se cayó el sistema” y empezaron a fluir votos falsificados. El IFE nace como un mecanismo de imparcialidad, legalidad y certeza para acceder al poder y legitimar los procesos políticos de manera abierta y para que el voto ciudadano cuente y se cuente.

En diez años se fue construyendo un consenso de respetabilidad para el IFE. Las elecciones de 1997 de diputados federales y la elección presidencial del 2000 confirman la independencia e imparcialidad de actuaciones. No fue una dadiva ni una concesión graciosa del poder, fue una demanda ciudadana y de la sociedad civil exigiendo el respeto de los derechos políticos de los mexicanos.

Pero en 2003 se reemplaza a los consejeros electorales y se da un “golpe de timón” al IFE. Nuevamente los partidos meten “mano negra” y se reparten los consejeros entre el PRI y el PAN, e incluso Elba Esther Gordillo tiene una notable injerencia al imponer al presidente del consejo general Luis Ugalde, quién fue el centro de las críticas en la elección de 2006 en donde los actores se olvidaron de la “democracia” y “el Estado de Derecho” y torcieron los resultados electorales.

Como resultado de una severa impugnación ciudadana a las elecciones de 2006 se formuló en 2007 una reforma a la ley electoral federal y se propició un cambio de los Consejeros del Instituto federal electoral (IFE). Previamente se había planteado incluso la desaparición de este organismo electoral. Todo ello se hizo para cerrar cicatrices de la irregular y sucia elección, reconocida incluso por el Tribunal Electoral del Poder Judicial Federación (TEPJF).

Las críticas recientes sobre la actuación es IFE es de no actuar frente a la propaganda negra de los partidos; el de mostrar debilidad frente a los monopolios televisivos (En 2009 se perdonaron sanciones graves de las televisoras) y ahora de la injerencia del dinero sucio en las campañas y entre candidatos y poner alto a la injerencia de autoridades. Los retos que tiene el IFE son enormes, recuperar la credibilidad y la confianza de los ciudadanos es apremiante.

Se observa un desencanto ciudadano, porque los pequeños avances que habían logrado construir una instancia “ciudadanizada” nuevamente se convierta en espacio de control de los partidos políticos y hay riesgo de que se pierda la imparcialidad y nuevamente se caiga en una manipulación de la voluntad ciudadana. Refrendar el IFE es una tarea de todos. Desarrollar la participación ciudadana, atenta y propositiva es una tarea inaplazable de la sociedad civil y de los mismos ciudadanos.

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