Cruz Azul, la vida y el dilema

El extraordinario escritor y filósofo guanajuatense Armando Olivares (1910 – 1962) cuestiona: “El ser ¿es limitado porque es perfecto o es infinito para ser perfecto?”. Es deber elegir entre las tesis de Parménides de Elea o Meletos de Samos, según nuestra visión del mundo. En fútbol, cada club llega a un punto decisivo en el cual se somete a tal razonamiento. Pone en tela de juicio sus anhelos de victoria y los confronta con su realidad inmediata. Puede también escoger entre la excusa de aceptar sus mediocridades con el fin de comportarse humano. Pero no basta. Es la coyuntura de Cruz Azul. Solitario en el cadalso de la soberbia. Sintiéndose campeón sin serlo, con la oportunidad de recapacitar y, al igual que el enjuiciador de Sócrates, asumir su incompletitud como una oportunidad de cambio.

Lo ocurrido al equipo de Ciudad Cooperativa, Hidalgo, tiene a sus fanáticos en un hilo de rabia, frustración, confusión y desamor. Rabia por la forma, frustración por el fondo, confusión por el contexto y desamor por la pura sin razón de entregarlo todo en cada torneo para recibir una bofetada de cambio. Es la violencia emocional que paraliza.

Immanuel Kant (1724 – 1804) en la Crítica a la Razón Pura, se preguntaba ¿qué y cuanto pueden conocer el entendimiento y la razón, independientemente de toda experiencia? La respuesta parece fácil: Nada. O poco, si se considera que son mínimos los ejemplos humanos que experimentan en “cabeza ajena”, como lo enseña el proverbio mexicano, siendo la excepción existente. Que sí es posible que la razón y el entendimiento conozcan del mundo y su naturaleza, sin necesidad de experimentar su crueldad. En lo contrario –según lo solicita el padre del idealismo-, queda al Ser hacer un ejercicio de autocrítica y ser consciente de esa incompletitud, de donde partirá en búsqueda de la perfección.

Es pues, una oportunidad dialéctica para cualquiera que así lo entienda. Que no hay mal que por bien no venga. Que problemas extremos requieren soluciones extremas; y ¿Qué hay más extremo que lidiar con las propias imperfecciones? La vía es optar por lo infinito. Donde las oportunidades están y permanecen. Que cada sol, cada torneo es el numeral en cero. O bien, renunciar a todo resignándose a creer que sus limitaciones no tienen remedio. Así la vida.

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