Adiós año 2010 fallido

por Pablo Vargas González / DESDE ABAJO

Con la llegada de los aniversarios de la Independencia (200 años) y de la Revolución de 1910-1917 (un centenario), algunos mexicanos albergábamos expectativas múltiples que no se lograron; ni siquiera la posibilidad de un giro mínimo en la política nacional o por lo menos un discurso de aliento a las grandes masas asalariadas y empobrecidas por el proyecto neoliberal. Era imposible, ante la permanencia de una elite económica y política que solo defiende los intereses de los poderosos y de la militarización de México que impide cualquier movilización social.

En el 2010, los mexicanos esperábamos evidencias de que las cosas iban a mejorar, pero tempranamente nos percatamos que la situación no marchaba; a ello se agregó el contexto internacional de escasez económica, en donde durante cuatro años el empleo ha brillado por su ausencia.

Se vive una mono política centrada en “la guerra contra la delincuencia” donde se llevan más de 30 mil muertos, pero sobre todo la mayoría de mexicanos perciben que esa “guerra” no es suya y que no se “está ganando”. Las evidencias saltan a la vista cada semana. Se observa que el Estado está perdiendo porciones de territorio donde los grupos delincuenciales avanzan y muestran un control de aéreas geográficas que las fuerzas del estado no puede controlar.

Se habla de que México se encuentra ubicado en la clasificación de “Estado débil” o “Estado fallido” o bien que si no se encuentra ahí, está al borde de caer en esa lista. La crisis de credibilidad de los ciudadanos hasta el momento se manifiesta con indiferencia y desinterés hacia las políticas de seguridad pública. Las encuestas recientes (CIDE) de victimización muestran que el 83{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} de la gente está preocupada por la escalada de inseguridad y que esta es generalizada.

El deterioro de las instituciones sociales y políticas (electorales, de justicia, legislativas, el ejercito, los partidos, los políticos) sigue siendo un factor que va de la mano del quebranto del tejido social del país. Todo ello toca hasta instituciones respetables como la Secretaría de Educación Pública (SEP) que publicó una lista de cerca de 4000 “aviadores” y “comisionados” que se encuentran en el SNTE sin trabajar o bien dedicándose a labores “electorales” que forman parte de la operación política de partidos y de grupos de poder y que por tal motivo hay una abierta complicidad frente a este hecho.

Y lo peor de esta red de connivencia y contubernio con las autoridades federales y locales es que un delincuente como la “Tuta” en Michoacán haya estado durante tanto tiempo en la nomina. Como en otros estados estuvieron en el Pro-campo.

Las propuestas de “reforma política” que hizo Felipe Calderón en diciembre de 2009 simplemente quedaron atascadas por los intereses de los grandes partidos en las cámaras de Senadores y Diputados (PAN-PRI), alianza legislativa que tiene altibajos. Claro a los partidos políticos solo les interesa “las reelecciones legislativas y de alcaldes” pero las reformas para la ciudadanización las ven de manera despreciativa: Por ejemplo agregar la figura de «iniciativa ciudadana» para que las personas puedan proponer iniciativas de ley sobre temas de su interés que no se encuentren en la agenda legislativa. O bien Incorporar la figura de las candidaturas independientes a nivel constitucional para todos los cargos de elección popular.

Esto se demuestra en el manoseo y manipulación de los principales partidos en la postergación de la elección de tres consejeros del IFE y en la injerencia de una visión de cuotas para seleccionar a dos consejeros de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) deja mucho que desear y es atentatoria a la autonomía de estos organismos.

Los recientes “gasolinazos” y “tortillazos” aumento en el precio de estos productos fundamentales adelantaron una escalada de aumento de precios de productos de la canasta básica y del autotransporte. Los mexicanos están vulnerables ante el poder de los monopolios, y el Estado nuevamente aparece rebasado. No puede controlar ni siquiera a los grandes acaparadores de productos.

No obstante este 2010 fallido, equivalente a lo que cotidianamente vemos, despidamos este año con espíritu renovador, que no se muera la esperanza, que no llegue el desencanto ni la frustración, es tiempo de renovar el esfuerzo y el entusiasmo por proyectos individuales y colectivos que generen cambios verdaderos. Adiós 2010, Feliz 2011.

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