Felipe Calderón: Política autoritaria sin máscaras

por Pablo Vargas González / DESDE ABAJO

El discurso de Felipe Calderón en cuanto a la política interna de México ha sido consistente desde la campaña electoral de 2006. Es decir, no es propositiva, no conlleva a la democracia y genera división y odio entre los ciudadanos, en mucho ayudado por el monopolio televisivo (TV azteca y televisa). A unos meses de que inicien los movimientos para la elección de 2012 todo indica que la competencia electoral no se hará por la vía legal sino que el bloque de poder post revolucionario (empresarios y elites políticas del PAN y PRI) hará todo por impedir el voto popular.

Esto ha quedado más que claro a raíz de las revelaciones del portal de Wikileaks, donde muestra las relaciones entre Felipe Calderón y funcionarios de Washington sobre la política interna mexicana, y la percepción que tiene el gobierno de Estados Unidos (EUA) sobre México y su gobernante, que no es del todo favorable.

A través de Wikileaks se sabe que Felipe Calderón se reunió el 19 de octubre del año pasado con el director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Dennis Blair, a quien expresó su preocupación por la creciente influencia en México del mandatario de Venezuela, Hugo Chávez. También manifestó su convencimiento de que el gobernante venezolano financió la campaña de su principal rival, Andrés Manuel López Obrador, candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en los comicios de 2006, información contenida en una serie de documentos etiquetados como secretos y emitidos por la embajada estadunidense en México.

Esta información muestra un presidente débil, anclado y sujeto a los intereses del Pentágono. En el documento secreto número 231175, los diplomáticos estadunidenses resumieron el encuentro de 40 minutos que mantuvo Calderón con el máximo responsable de los servicios de espionaje estadunidenses.

Pero también reabre las heridas causadas por la polémica elección presidencial de 2006, donde una gran franja de mexicanos consideró que habían sido fraudulentos. De antemano, desde 2006 se vive un desencanto ciudadano y una actitud de que hay todo menos una democracia, que cada vez se aleja del “Estado de Derecho”.

Esta información que dio el presidente Calderón a Washington en 2009 es de un gran temor por el futuro inmediato de México, lo que representa una posición autoritaria y resulta en sí misma, una petición de ayuda para sortear los graves problemas de gobernabilidad que se han tenido en su sexenio. Felipe Calderón no está pensando en elecciones legales y pacíficas, ni piensa en las decisiones que emitirán los ciudadanos. Simplemente no le importan, lo que digan las urnas ni los votos.

El “demócrata” y defensor del “estado de Derecho” del 2006 se desvanece por el miedo que aun tiene a Andrés Manuel López Obrador. Hay que recordar que en octubre de 2010 (La Jornada, 6/10/2010), Calderón tuvo un nuevo lapsus de su miedo: volvió a decir que AMLO “era un peligro para México”, frase que sirvió como ariete de último momento para una campaña negra y una “guerra sucia” que influyó en las clases medias y en sectores populares de baja escolaridad, gracias al impacto del monopolio televisivo.

Ese miedo y el temor a la participación ciudadana lo lleva a repetir ante Washington que el presidente Hugo Chávez “está financiando” la movilización que se encuentra realizando López Obrador en diferentes entidades federativas. Pero no solo eso ha logrado empujar a los líderes del PRD (“Los chuchos”) a una serie de alianzas políticas para elevar la votación blanquiazul. Además de seguir propagando en los medios de comunicación campañas negativas contra Andrés Manuel.

Finalmente, habría que recordar el papel de Washington ante el proceso de 2006, no solo guardo silencio del “golpe de mano” para descarrilar a las instituciones políticas mexicanas, sino que jugó un papel activo. Esto es lo que reclama el presidente mexicano ante una pérdida de credibilidad de los mexicanos.

Sin duda que se avecinan, tiempos nublados para 2011 y 2012. No queda más que estar vigilantes, desarrollar la organización ciudadana y elevar la participación social de los mexicanos para hacer viable un proyecto de siglo XXI más inclusivo, de real progreso y para consolidar las instituciones republicanas y democráticas.

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