Una pregunta para los amantes

por Viridiana Quintero / DESDE ABAJO

¿Es esto amor? ¿Es un simple recuerdo? ¿Es amistad?… Se preguntaba Voltaire y nos lo preguntamos todos alguna vez.

Yo lo hice para comenzar a escribir este artículo. Traté de recordar cómo lo he vivido o si lo he sentido; me confundí. Después leí a Novalis, a Voltaire, a Erich Fromm y a Nietzsche. Escuché a Nana Mouskouri a Roberta Flack a Edith Piaf y a Julie London; y me confundí más.

Entonces caí en la cuenta de que nadie tiene una definición que pueda explicar al amor que otros sienten; que ninguna historia se parece a otra, que los amantes nunca expresan igual sus sentimiento, que no hay una descripción universal para lo que llamamos amor.

Así que pensé que es si revisaba las diferentes formas en que ha sido analizado, vívido y expresado por autores que fueron amantes apasionados del arte, de sus musas y de ellos mismos, podría entenderlo o por lo menos conocer los alcances de sus provocaciones.

Voltaire habló del amor entre los hombres y las ventajas que éste tiene comparado con los demás animales.

“La mayor parte de los animales que se emparejan no disfrutan más que por un solo sentido, y cuando satisfacen su apetito, termina su amor. Ningún animal, excepto el hombre, siente inflamarse su corazón, al mismo tiempo que se excita la sensibilidad de todo el cuerpo; sobre todo los labios gozan de una voluptuosidad que no fatiga; y de ese placer sólo goza la especie humana. Además, ésta en cualquier época del año puede entregarse al amor; y los animales tienen su tiempo prefijado. Si reflexionas y te haces cargo de estas preeminencias, exclamarás con el conde de Rochester: «El amor, en un país de ateos, es capaz de conseguir la adoración de la divinidad». “

El mismo Voltaire habla también de la trágica historia de Eloísa y Abelardo para demostrar que el amor también puede ser incondicional.

“Los filósofos eróticos promovieron la cuestión de si Eloísa pudo seguir amando verdaderamente a Abelardo, cuando fue fraile y castrado. Yo creo que Abelardo siguió siendo amado; la raíz del árbol cortado conserva siempre un resto de savia, y la imaginación ayuda al corazón. Nos complacemos en continuar sentados a la mesa cuando ya no comemos. ¿Es esto amor? ¿Es un simple recuerdo? ¿Es amistad?

Es un no sé qué compuesto de todo eso; es un sentimiento confuso semejante a las pasiones fantásticas que los muertos conservaban en los Campos Elíseos. Los héroes que durante su vida habían brillado en las carreras de los carros, después de muertos guiaban carros imaginarios. Allí Orfeo creía cantar aún. Eloísa vivía con Abelardo de ilusiones, le acariciaba ella con la imaginación algunas veces, con el placer superior que debía producirle haber hecho en el Paracleto voto de no amarle, y sus caricias debieron de ser más preciosas porque eran más culpables. No puede la mujer concebir una pasión por un eunuco, pero puede conservar el cariño a su amante, si por amarle le castran.”

Novalis le cantó a otro tipo de amor; a uno no carnal, a uno que sobrepasa los límites del tiempo, del espacio y del ser.

“¿Qué mortal Dotado de sensibilidad No amará, entre tantas Manifestaciones prodigiosas Del ámbito en torno suyo, La luz placentera Con sus rayos y ondas, Sus colores,

Su suave omnipresencia En el día? Como la más íntima Sustancia de la vida Alienta por ella el mundo inmenso De las constelaciones sin reposo Flotando en su mar azul, Por ella alienta la piedra fúlgida, La planta silenciosa Y la fuerza, En continuo movimiento y en multitud De formas modelada, de los animales; Por ella alientan

Nubes y aires multicolores Y sobre todo Esos extraños sin par De mirada sensual,

De paso elástico Y labios sonoros.”

Napoleón tenía una singular manera de proclamarle amor a su esposa. Aquí fragmentos de una carta de Napoleón a Josefina:

No le amo, en absoluto; por el contrario, le detesto, usted es una sin importancia, desgarbada, tonta Cenicienta. Usted nunca me escribe; usted no ama a su propio marido; usted sabe qué placeres sus letras le dan, pero ¡aún así usted no le ha escrito seis líneas, informales, a las corridas!

(…) De qué clase maravillosa puede ser, que nuevo amante reina sobre sus días, y evita darle cualquier atención a su marido? ¡Josephine, tenga cuidado! Una placentera noche, las puertas se abrirán de par en par y allí estaré.

(…)De hecho, estoy muy preocupado, mi amor, por no recibir ninguna noticia de usted;(…)

Espero dentro de poco tiempo estrujarla entre mis brazos y cubrirla con un millón de besos debajo del ecuador.

El amor aleja al hombre de su instinto animal, lo eleva a lo sensual, a lo armónico; lo antepone a su propia existencia y lo azota de la forma más cruel. Porque después de todo es el amor lo que más nos duele; no solo el amor romántico, también el fraternal y mucho más el amor propio.

Si como dice Nietzsche “Cuando amamos queremos que nuestros defectos permanezcan ocultos, no por vanidad, sino porque el objeto amado no sufra. Sí, el que ama querría aparecer como un dios, y esto tampoco por vanidad’ entonces el amor puede ser tan sublime que nos sacrificamos a nosotros mismos; porque a veces al amar también odiamos, aturdimos y corrompemos.

Podemos cuestionarnos una y otra ves, buscar en nuestra conciencia, crear una frase, moldear un concepto o inventar clasificaciones; pero lo cierto es que todas sus definiciones serán siempre un pobre intento por entenderlo.

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Cartas filosóficas. Voltaire. http://www.ciudadseva.com/textos/otros/voltaire/otrosfil/amor.htm
Cartas filosóficas. Voltaire. http://www.ciudadseva.com/textos/otros/voltaire/otrosfil/amor.htm
Himnos de la noche. Novalis. http://domiarmo.iespana.es/index-111.htm
Una de las cartas de Napoleón a Josefina. http://www.masmasculino.com/revista-masculina/NAPOLEON-JOSEFINA.html
El eterno retorno. F. Nietzsche

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