Agravios a periodistas

por Soledad Jarquin Edgar / DESDE ABAJO

El peor agravio entre periodistas es ignorarse.

En México, Reporteros sin Fronteras ha señalado que en 2010, 57 periodistas fueron asesinados, un año antes la cifra fue de 76, por tanto México se convirtió en un país peligroso para el ejercicio de la prensa, entre los estados más violentos está Oaxaca.

Esta entidad ha estado en el ojo del huracán por las agresiones a periodistas, según los datos que refieren organizaciones estatales, nacionales o internacionales por la frecuencia de agresiones contra informadores y otros trabajadores de los medios de comunicación: ataques que van desde asesinatos, secuestros, agresiones físicas, “asaltos”, amenazas telefónicas o por internet, algunos despidos y denuncias penales.

El largo recuento es grave si pensamos que sólo en los últimos cinco años, siete periodistas y trabajadores de la prensa han sido asesinados en Oaxaca, ningún caso ha sido esclarecido, es decir, estos agravios a la sociedad permanecen impunes. Y son agravios a la sociedad si consideramos su derecho a la información y la libertad de expresión.

Los trabajadores de los medios asesinados: Bradley Will, camarógrafo de Indymedia (27 de octubre de 2006); Raúl Marcial Pérez, columnista de El Gráfico (8 de diciembre de 2006); los voceadores del Imparcial del Istmo Mateo Cortés Martínez, Agustín López y Flor Vásquez (8 de octubre de 2007) y las locutoras de La Voz que Rompe el Silencio, estación comunitaria de San Juan Copala, Teresa Bautista Merino y Felicitas Martínez Sánchez (7 de abril de 2008).

A estas agresiones le siguen en Oaxaca los secuestros como el que sufrió Pedro Matías, corresponsal de la revista Proceso, el 25 de octubre de 2008. Las agresiones a otros periodistas como Ixtli Martínez, el 10 de junio de 2010 en las instalaciones de Ciudad Universitaria de la UABJO.

No sin antes, hacer el recuento de la violencia ejercida contra comunicadores, mujeres y hombres, durante todo el movimiento social-político de 2006, donde hubo de todo, provocado por la polarización de las ideas y la intolerancia de ambos bandos.

Es necesario sistematizar los hechos, hacerlos visibles y ponerlos sobre la mesa, porque como decía antes, la magnitud del problema tiende a crecer, sobre todo porque no hay ninguna investigación, hay injusticia para las y los periodistas.

Todavía recordamos las imágenes de la cabeza y rostro de Abundio Núñez golpeado el 25 de noviembre de 2006, por policías federales. Durante ese aciago año también resultaron agredidos reporteros gráficos como Jaime García, cuya situación es ahora delicada porque el pasado 15 de febrero la historia se volvió a repetir en él mismo. En aquel entonces también se cometieron actos violentos contra Humberto Cruz, Omar Gasga y Alberto Fernández, los dos últimos en la costa y el istmo respectivamente, así como otros muchos, algunos realmente serios porque van desde disparos a automóviles y actos casi de linchamientos contra las y los informadores.

En junio de 2007 fue baleado al llegar a su casa el reportero de Tiempo, Misael Sánchez; en 2008 fue agredido Melchor López de Radio Mixteca de Oaxaca, y Melesio Melchor Ángeles y Jorge Aragón Martínez de la emisora comunitaria Zaachila Radio de Oaxaca.

En abril de 2009, otros cuatro periodistas fueron agredidos, en diferentes episodios: Federico Cabrera corresponsal en la región de la cañada; Rebeca Luna entonces reportera del Diario PM fue perseguida por motociclistas y asaltada por ocho sujetos en las inmediaciones del Mercado de Abastos, sufrió persecución, amenazas, amago y el robo de su computadora, y Jaime Méndez agredido cuando cubría una asamblea en San José del Progreso. El 30 de agosto de 2009, Guillermo Soto Bejarano, director del semanario De Opinión, fue víctima de un ataque, cuando desconocidos dispararon contra su casa, en Salina Cruz. Otro caso fue la violencia contra el caricaturista Mario Robles agredido físicamente y amenazado, hechos ocurridos el 19 de abril de 2009. En julio de ese mismo año, se denunció otro caso, esta vez cometido contra Ernesto Reyes –actual director de Comunicación Social-, quien se dijo fue detenido de forma arbitraria e incomunicación por miembros del Ejército Mexicano, durante la visita de Felipe Calderón.

Además del caso de Ixtli Martínez, en 2010 hubo otras agresiones, entre ellas el cometido contra Félix García, reportero de radio ORO, el 27 de octubre por elementos de la Agencia Estatal de Investigaciones, cuando cumplía con su labor informativa.

Bochornoso fue el despido de Patricia Pacheco Guzmán, en marzo de 2010, de la radiodifusora XEPX La Voz del Ángel, ella aseguró que fue por presiones políticas del entonces presidente municipal de Pochutla, José Manuel Ricárdez López, quien estaba molesto por las críticas que la reportera le hacía. El grave problema es que estaba en embarazada y había solicitado su inscripción al Seguro Social, a lo que la empresa se había negado, pero en realidad era un pretexto, se trataba de un acto de censura, señaló entonces la periodista.

Este recuento, no está completo, faltan muchos actos de violencia, muchos que nunca fueron denunciados por razones personales de las y los trabajadores de la información, el problema es que esta situación parece no tener fin, el 15 de febrero de nueva cuenta periodistas fueron víctimas de la trifulca entre maestros y policías, ¿gajes del oficio? No, por supuesto que no. El periodismo implica riesgos, los cuales tendrían que ser indirectos no agresiones directas, como “confiscar” material fotográfico y equipos de trabajo o golpear a periodistas porque están haciendo su trabajo, como ha ocurrido hace unos días, en esa reminiscencia del 2006.

El 15 de febrero fueron agredidos Gildardo Mota, quien recibió un disparo de arma de fuego en la pierna, por supuesto fue un policía quien disparó. Rebeca Luna batalló para que una mujer de la policía Federal no le arrebatara su material fotográfico y grabadora, la respuesta fue una torcedura de brazo por parte de la mujer policía; José Montes tiene hoy en su brazo izquierdo las huellas de la agresión; Jaime García fue lesionado en el pecho, otro fotógrafo lastimado fue Darío Nolasco, hay más historias de este tipo, como resultado de la batalla campal que protagonizaron las hordas magisteriales y las que componen los policías, a ambos grupos, está visto los derechos humanos los tienen sin cuidado y la labor periodística les resulta peligroso, de ahí la razón del ataque.

El caso de Jaime Guerrero, es digno de estudio, por pretender detener a quienes agredían a Marco Tulio López Escamilla, resultó implicado en los hechos y es vulnerable frente al aparato de seguridad, pues hay un escolta que no está contento y lo acusa de haber agredido al titular de Seguridad Pública. Jaime en una carta responsabiliza a Marco Tulio de cualquier agresión que pudiera sufrir él y su familia.

Frente a la suma de hechos, que insisto no son todos los que son, el ejercicio de la labor periodística en Oaxaca es realmente un peligro y se incrementa, lo peor es la pulverización del gremio por diversas razones que sin duda es conveniente para el poder político: el resultado es que hasta ahora, salvo chivos expiatorios en los casos de Bradley Will e Ixtli Martínez, nadie, absolutamente nadie ha recibido justicia.

Es decir, en tanto el gremio periodístico siga considerando que hay distintas clases: los de arriba y los abajo; el top de estrellas y los estrellados; los “democráticos” y aquellos que siguen añorando el viejo régimen; los que tienen la neta del planeta y los que toman dictado, los revoltosos y los que son incapaces de manifestarse… En tanto esto persista será imposible que haya respeto al trabajo periodístico y seguiremos viendo caras irónicas y risitas burlonas de funcionarios, diputadas y diputados que en realidad parecen momentos de histeria que les ocasiona su falta de argumentos.

Durante una protesta el pasado miércoles en la Cámara, fue curioso observar a las diputados y diputados apuradísimos tomando fotos a quienes protestaban con mantas preguntando al sistema político oaxaqueño “a los periodistas ¿quién va a pedirles disculpas?

La que patentó su conducta errática fue Eufrosina Cruz Mendoza, quien pretendió ignorar las voces de denuncia. En sólo cinco meses, doña Eufrosina Cruz se olvidó que viene del sitio de la gente desoída, donde la justicia social no existe. Sin duda tiene mala memoria doña Eufrosina Cruz que ahora aplica el mismo castigo a quienes no tienen poder, como el que ahora posee ella.

Sin embargo, los agravios contra periodistas no pueden ignorarse, porque se condenaría a la democracia y todas las libertades.

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