Día internacional de las mujeres, a cien años de su proclamación

por Otilia G. Sánchez Castillo / DESDE ABAJO

Este 8 de marzo se conmemoró el primer centenario de la celebración del Día Internacional de la Mujer. La conmemoración del Día de la Mujer tiene su origen en la Internacional Socialista, reunida en Copenhague, realizada en 1910, y se proclamó como un día de carácter internacional para rendir homenaje al movimiento en favor de los derechos de la mujer y para ayudar a conseguir el sufragio femenino universal. Como consecuencia de la decisión adoptada en Copenhague, el Día Internacional de la Mujer se celebró por primera vez el 19 de marzo de 1911, en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, con mítines a los que asistieron más de 1 millón de mujeres y hombres. Además del derecho de voto y de ocupar cargos públicos, exigieron el derecho al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral.

Hoy a cien años de distancia del inicio de esta celebración, las mujeres a nivel mundial seguimos siendo víctimas de la opresión en esta sociedad patriarcal, en donde la violencia contra las mujeres tiene carta de naturalización. La violencia contra las mujeres atraviesa de manera transversal por todos y cada uno de los ámbitos de nuestras vidas y es ejercida por una multiplicidad de sujetos con quienes las mujeres establecemos diversas relaciones, desde las más cercanas como la pareja, hasta por desconocidos, pero también directivos o compañeros de trabajo; directores, maestros o compañeros de escuela y por diferentes de familiares. La violencia contra las mujeres representa una violación a los derechos humanos y constituye uno de los principales obstáculos para lograr una sociedad igualitaria y plenamente democrática. Como ejemplos de esta violencia basten los siguientes:

En los últimos años en nuestro país ha existido un serio retroceso en materia de los derechos humanos de las mujeres. La criminalización de las mujeres por decidir la interrupción de su embarazo se ha agravado a raíz de las modificaciones a las Constituciones de 18 estados del país para garantizar el derecho a la vida “desde la concepción”. En otros estados, como el estado de Hidalgo, no ha sido necesaria la modificación constitucional para perseguir y procesar a 31 mujeres por interrumpir su embarazo, durante el periodo de 2007 al primer semestre de 2010.

En México, durante el 2008, murieron 1,425 mujeres por homicidio, casi 23{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} de los homicidios se perpetró contra mujeres entre los 25 y los 35 años de edad, y 44{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} contra mujeres entre los 15 y los 34 años. Un tercio de las mujeres asesinadas era solteras, mientras que 43{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} estaba casada o unida, 2.2{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} divorciada y 6.6{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} viuda al momento de la defunción. La mayor parte de los homicidios de mujeres correspondió, durante ese año, a mujeres que no participaban en el mercado laboral (45{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} de los casos); un tercio de las mujeres asesinadas sí trabajaba.

El feminicidio es la forma de violencia extrema, ya que engloba una serie de fenómenos que van desde la violencia sistémica y la impunidad, hasta el “homicidio de mujeres por el simple hecho de ser mujeres”. Es tal la magnitud del problema en nuestro país -México ocupa el primer lugar en feminicidios en el contexto internacional- que la Organización de las Naciones Unidas instó al gobierno mexicano a establecer una política de estado para tipificar el asesinato de mujeres como un delito particularmente grave y condenable, además de hacer un llamado a las autoridades mexicanas para que implementen políticas públicas de carácter urgente para poner fin a esta violencia.

Evidentemente a un siglo de distancia las mujeres, a pesar de nuestra incorporación paulatina en el espacio público, tenemos poco que celebrar y aún mucho por hacer.

Tanto el Estado como la sociedad en su conjunto necesitamos construir una cultura de respeto, de igualdad y de tolerancia, una cultura contra la violencia. Necesitamos desnaturalizar la violencia contra las mujeres. ¡Ni una muerta más!

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