Nos queda la esperanza

Haciendo un balance personal de los acontecimientos de este 2011 a punto de terminar, puedo concluir que ha sido un año difícil, no sólo a nivel individual o familiar en donde hubo diversas vicisitudes, algunas de ellas ya superadas y otras por superar, sino principalmente en el contexto social.

Hemos vivido, o al menos escuchado, de acontecimientos que nunca antes habían sucedido de manera tan cercana, sobre todo a raíz de la “guerra” contra el crimen organizado a la que Calderón ha arrastrado al país, sin tener un conocimiento claro del problema y, por tanto, careciendo de una estrategia adecuada que permitiera lograr buenos resultados, sin “daños colaterales” como ha venido tratando a todas las víctimas ciudadanas que “no tenían vela en ese entierro.”

De acuerdo con el informe “Ni Seguridad, Ni Derechos: Ejecuciones, desapariciones y tortura en la ‘guerra contra el narcotráfico’ de México”, Human Rights Watch “pudo observar que existe una política de seguridad pública que fracasa seriamente en dos aspectos. No sólo no ha logrado reducir la violencia, sino que además ha generado un incremento drástico de las violaciones graves de derechos humanos, que casi nunca se investigarían adecuadamente. Es decir, en vez de fortalecer la seguridad pública en México, la “guerra” desplegada por Calderón ha conseguido exacerbar un clima de violencia, descontrol y temor en muchas partes del país.”

Creo que quienes votaron por Calderón, con todo y el fraude electoral del 2006, nunca se imaginaron que el país iba a estar sumido en esta violencia, o que íbamos a vivir atemorizados por esta causa. A pesar de esto hay quienes creen que Calderón ha hecho un buen papel al frente del Poder ejecutivo, cuando los hechos han evidenciado que le verdadero “peligro para la Nación” es Calderón, no Andrés Manuel López Obrador. Lamentablemente no hay más ciego que quien no quiere ver.

Lo bueno es que no sólo vamos a concluir un año más, sino que también está próximo a concluir el sexenio de Calderón. Pero no es suficiente.

Mientras las personas crean que basta con que ellas y su familia estén bien, no les importe “que el mundo ruede”, y no quieran mover un solo dedo para cambiar el estado en que se encuentra nuestra ciudad, estado y nación, vendrán otros Calderones a imponer lo que mejor les parezca, sin importar las consecuencias negativas para la población en general.

A pesar de todo, será por el espíritu decembrino que nos hace creer en la esperanza de que las cosas van a mejorar, de verdad creo que sí podemos hacer que mejoren, no sólo desear que mejoren. Las elecciones del 2012 pueden marcar la diferencia, sólo hace falta que cada una de las personas hagamos un voto razonado, no por el “más guapo”, o por quien más ofrezca. Valoremos realmente las propuestas, los perfiles de las y los candidatos, sin olvidar los actos que han realizado en su papel de gobernantes, ya que “los hechos dicen más que las palabras”.

Desde este espacio les envío mis más sinceros deseos para que el próximo año esté pleno de salud, paz y armonía en compañía.

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