Zappa, el reguetón y la educación musical

por Luis Ariel Ortega

Asegura el periodista de rock Hugo García Michel que a ninguna de las mujeres que había tenido como pareja (¡vaya que ha tenido varias!) le gustaba la música de Frank Zappa, y que por ello había tenido que guardar su colección de discos del músico norteamericano en el baúl de los recuerdos. Yo no lo creía, pues siempre he considerado a las mujeres con una sensibilidad musical muy especial. Y en mi afán de contradecir al buen Hugo, solía musicalizar mis veladas románticas con Watermelon in easter hay, canción exquisita de Frank Zappa que, según yo, es perfecta para hacer el amor. Eso hasta que aquella morena de ojos tristes me pidió una vez por todas que pusiera algo más romántico o de plano apagara, además de la luz, la música. Esa misma morenita que en las tiendas de discos, cuando descubría el bigotazo de Zappa en sus portadas, me gritaba: ¡mira mi amor, el tipo que hace música rara y te gusta tanto! Qué razón tenías Hugo.

Es curioso, sin embargo, que hoy en día sean precisamente mujeres, sobre todo jovencitas en edad adolescente, las que se derrapen escuchando a tipos con pantalones a media nalga, sin playera y con acentos extraños casi inaudibles, cantando canciones que versan en temas que apenaría a más de una activista feminista, y sus bailes (llamados perreos) hacen honor a su nombre, es decir, son “de a perrito y a media calle”: reguetón.

Cada quien sus gustos, ni duda cabe. Y sigo pensando que las mujeres tienen una sensibilidad musical extraordinaria. Y también pienso que entre la música de Frank Zappa y el reguetón hay mucha distancia. Sin embargo, no puedo dejar de pensar en nuestra escasa educación musical. En general, en México no tenemos los más elementales parámetros auditivos para distinguir entre lo musicalmente artístico y lo que es sencillamente basura, producto de la mercadotecnia.

¿Cuál es el origen de nuestra escasa cultura musical? ¿Por qué no podemos degustar de la misma manera un tema de Juan Gabriel que uno de Mahler? ¿O distinguir la profundidad de las letras de Pink Floyd a las de Thalía? Me parece que hay dos lugares que definen esta situación: la música que escuchamos en nuestras casas (o sea, si nuestros padres escuchan pura cumbia, creo que ya nos chingamos) y la que nunca nos enseñan en las escuelas.

Hoy en día, los programas educativos no contemplan con seriedad la enseñanza de la música como algo realmente serio y formativo. En las escuelas primarias y secundarias los chavitos no pasan de aprender a tocar un par de temas con flauta y una que otra nota en guitarra. Nuestras autoridades educativas se preocupan más por los números que arrojan las pruebas nacionales como ENLACE y no ponen atención en una educación formativa a través del deporte y la música, por ejemplo.

Olvidan o no saben que con la música un niño puede ser un lector más inteligente y razonar de manera lógica. Habría que recordarles que, según la teoría de las inteligencias múltiples de Gardner, existe algo llamado inteligencia musical y que en México hay mucho talento en los niños y jóvenes.

Cuando las escuelas cuenten con auténticos talleres musicales, equipados de instrumentos variados, en donde tanto maestros como alumnos pasen momentos maravillosos al compás de la música, llámese clásica, jazz, bolero o rock, tendremos generaciones de hombres y mujeres no sólo con mejores gustos musicales, sino también más cultos e inteligentes.

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