Las tarahumaras y la feminización de la pobreza

La noticia del suicidio de mujeres y hombres tarahumaras corrió rápidamente este fin de semana en las redes sociales. Ramón Gardea, integrante del Frente Organizado de Campesinos Indígenas, nos devolvió brutalmente a la realidad, de la que nos evadía el próximo proceso electoral.

por Tania Meza Escorza

“Las mujeres indígenas, cuando no tienen durante cuatro o cinco días qué darles de comer a sus hijos se ponen tristes y es tanta su tristeza que hasta el 10 de diciembre 50 mujeres y hombres fueron al barranco pensando con tristeza que no tiene qué darles de comer a sus hijos y se arrojaron al barranco. Otros se ahorcan, ésa es la realidad que los funcionarios del gobierno que están aquí en Chihuahua cómodamente instalados con sus viáticos, con sus sueldos, con sus trocas, con sus secretarios con su todo, no se dan cuenta del terrible y dantesco espectáculo que hay ahorita en la Sierra, con las mujeres y los niños como si estuvieran en Haití o en Biafra, desnutridos y en los huesos”.

El líder campesino chihuahuense explicó que la causa de estos suicidios “Es un coctel mortal, el hambre permanente, el hambre crónica cuando se vienen las épocas de frío se convierte esa mezcla de temperaturas, que ahorita están en 10, 12, antier estuvo 16 bajo cero, con la desnutrición, lo que provoca es la muerte. Es un coctel mortal. El indígena como quiera por su resistencia ancestral aguanta el hambre, pero si tienes sin comer cuatro o cinco días, o una semana y viene una temperatura de 16 bajo cero en tu casa, pues es complicado que sobrevivas y hay una mortandad que analizar en toda la Sierra. Y ¡míralos! aquí tan tranquilos los funcionarios, risa y risa, plática y plática, poniéndose de acuerdo, dándonos pretextos que la normativa administrativa, que la normativa del gobierno, que las normativas y las normativas… y pues la muerte que están ocasionando tampoco tiene normativas, espero que ellos sepan eso”.

La indignación ante el suceso conmocionó a mujeres y hombres no sólo de México, quienes rápidamente se organizaban para donar víveres. Pero el hecho no conmovió a todo el mundo, porque el súper sensible gobierno de Chihuahua, en lugar de aportar soluciones inmediatas, lanzó este bonito comunicado:

“El Gobierno del Estado de Chihuahua, desmiente categóricamente el suicidio masivo de tarahumaras por motivo de la hambruna. Sólo el que no conoce la idiosincrasia de la raza Tarahumara, podría creer semejante versión (…) Su formación en la dureza de la sierra, los hace hombres y mujeres con un temple a toda prueba. El Gobierno de Chihuahua, reprueba la injerencia de gente sin escrúpulos que miente y engaña a personas de buena fe con este tipo de falsa información”.

Es decir, sí hay hambruna, pero no es para tanto. El pueblo tarahumara es fuerte y ahí se aguanta otro rato. La actitud categórica del desmentido estaría mejor si se encaminara a solucionar el problema de fondo.

Desde luego que ante la extrema situación del pueblo tarahumara lo urgente es ayudar a solucionar el problema, pero no deja de llamar la atención el discurso de Ramón Gardea, cuando señala que “las mujeres indígenas, cuando no tienen durante cuatro o cinco días qué darles de comer a sus hijos se ponen tristes…”

Sí, los estragos en la salud y la desesperación invaden a todos y a todas, pero la tristeza se apodera en mucho mayor medida de las mujeres, porque el estigma social nos ha enseñado que lo más importante para nosotras, es ser madres y darlo todo por las criaturas que hemos parido. Aunque el patriarcado ha asignado a los hombres el rol de proveedores, el señalamiento cuando las hijas e hijos no tienen qué comer, es para las mujeres, quienes siempre tienen que resolver qué alimentos poner en las mesas.

En situación de hambruna, no sólo la tristeza se carga más del lado femenino, sino también las consecuencias acumuladas de la feminización de la pobreza. En muchas familias, indígenas y mestizas, cuando hay poca comida, ésta es para el varón, porque él es quien debe crecer fuerte.

La feminización de la pobreza se refiere a la desproporcionada representación de las mujeres entre los pobres, comparada con la de los hombres. Se puede decir que la pobreza se ha feminizado si el porcentaje de mujeres en la población considerada como pobre supera al porcentaje de mujeres pertenecientes a la población, en su conjunto. Por ejemplo, si las mujeres constituyen 51{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} de la población global, pero 70{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} de los pobres, quiere decir que la pobreza está afectando de manera desproporcionada al sector femenino de la población.

La feminización de la pobreza no significa solamente que entre los pobres haya más mujeres que hombres, sino que se refiere a la severidad con que la pobreza afecta directamente a algunas mujeres, y a las mayores privaciones a que ellas deben someterse, respecto de los hombres.

Por todo ello, aunque la hambruna en la tarahumara indigna por igual al pensar en toda la gente que la sufre, sabemos que en situaciones extremas se acentúa aún más la inequidad de género.

En Pachuca, la Academia Hidalguense de Educación y Derechos Humanos ha instalado un centro de acopio ciudadano para apoyo a la Tarahumara, el cual recibe alimentos no perecederos desde el lunes y hasta mañana miércoles, en un horario de 10 a 15 y de 17 a 19 horas, en Calle Allende 113, colonia Centro, a media cuadra del Reloj.

FB: Tania Mezcor

http://twitter.com/taniamezcor

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