La tragedia de los refugiados palestinos en Irak

En septiembre de 2011, el mes en el que el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, presentó la solicitud de reconocimiento de la estatalidad de Palestina en las Naciones Unidas, Qusai Abdul-Raouf, miembro de la Fundación por los Derechos Humanos de los Palestinos, que tiene su sede en Líbano, estaba emprendiendo la tarea de documentar el creciente número de ataques contra los palestinos en la barriada de Al Baladiyat, en Bagdad. Cuando se hallaba visitando la barriada, tres pistoleros, al parecer vestidos con uniformes del ministerio del interior, le secuestraron. Nadie le ha visto desde entonces.

Había alrededor de 35.000 palestinos en Iraq (aunque algunas estimaciones señalan que la cifra bien podía llegar a 90.000) antes de la invasión de EEUU/Reino Unido del 2003. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), solo 30.000 seguían en el país en 2009. Esta cifra se sitúa ahora aproximadamente en los 7.000. Las amenazas a los palestinos en Iraq han llegado a tal punto que su continuada presencia en el país está ahora bajo seria amenaza. Ellos son un pequeño segmento de las tres cuartas partes de los once millones de palestinos que hay por el mundo a los que se les niega su derecho al retorno.

La palabra Nakba, traducida literalmente como catástrofe, se refiere habitualmente a la limpieza étnica de los palestinos de su patria en 1948. Sin embargo, para los palestinos, la Nakba no termina nunca y su desposesión es continua. Los refugiados palestinos están dispersos por todo el mundo, pero el 88{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} permanece cerca de su tierra en Israel, Gaza, Cisjordania, Jordania, Líbano y Siria. Muchos de ellos viven en condiciones abyectas con pocos indicios de que sus sufrimientos puedan tener fin. Esta crisis perpetua, a pesar de su escala y su importante impacto en las relaciones internacionales, es en gran medida ignorada en el consumo habitual de noticias y en los debates parlamentarios de Occidente. Un aspecto fundamental en la vida palestina es el derecho de los refugiados a regresar a sus hogares, consagrado en el derecho internacional y codificado en las resoluciones de las Naciones Unidas. Ese derecho se le niega a los refugiados palestinos de forma sistemática, careciendo también de sus derechos a la seguridad, libertad de movimiento, trabajo, refugio y alimento, que son rutinariamente violados. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha descrito la grave situación de los refugiados palestinos de la siguiente forma: “Sin comparación, es el problema más prolongado e inmenso de todas las situaciones de refugiados que se dan hoy en el mundo”. Ese es el contexto más amplio de la situación de los refugiados palestinos en Iraq.

Primera fase de la Nakba: 1948 y 1967

Los palestinos se dirigieron hacia Iraq en varias oleadas, siempre huyendo de la guerra. El primer grupo provenía de Haifa y de los pueblos de los alrededores, de lo que ahora es Israel. Resistieron los primeros ataques sionistas contra sus pueblos durante la guerra de 1948, pero después tuvieron que huir hacia Yenin, donde estaba desplegado el ejército iraquí. Bajo la protección de las fuerzas iraquíes, las mujeres y los niños fueron evacuados a Iraq y los hombres se incorporaron a una unidad especial del ejército iraquí: la Brigada Karmel.

Cuando el ejército iraquí salió Palestina en 1949, esas personas (aproximadamente cuatro mil) se retiraron con él. Tras la guerra de 1967, llegó a Iraq una segunda oleada de palestinos. Una tercera afluencia entró tras la I Guerra del Golfo de 1991, cuando Kuwait expulsó a la mayoría de los palestinos que allí se encontraban y muchos, especialmente los de la Franja de Gaza, no tenían ningún otro lugar adonde ir.

A diferencia de los refugiados palestinos en los Territorios Ocupados, Jordania, Siria y el Líbano, los que vivían en Iraq no estaban bajo la jurisdicción de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos en Oriente Medio (UNRWA, por sus siglas en inglés). Iraq le negó el permiso a la UNRWA para que actuara en su territorio cuando la Agencia se estableció a finales de la década de los cuarenta. A los palestinos en Iraq se les dotaba de documentos especiales de viaje, tenían derecho a trabajar y total acceso a la atención sanitaria, educación y otros servicios gubernamentales. También vivían en casas propiedad del gobierno o pagaban alquileres subvencionados en casas de propiedad privada. Ciertamente esto era mucho mejor que las terribles condiciones de vida en los campamentos, pero no se les ofreció la ciudadanía ni se les permitió tener la propiedad de una casa o de la tierra. Para determinados segmentos de la población iraquí, que creían que los palestinos recibían un trato preferencial, se convirtieron en una fuente de resentimiento larvado en las décadas de los ochenta y los noventa. Ese rencor siguió aumentando con la política del régimen iraquí, especialmente tras el comienzo de la segunda Intifada en 2000, de enviar dinero a las familias de los mártires en Palestina, a pesar de la dureza de la situación económica en Iraq.

Los palestinos en Iraq, al igual que el resto de la sociedad iraquí, se vieron entonces sometidos al más amplio régimen de sanciones de la historia. Introducido por las Naciones Unidas en agosto de 1990, Dennis Halliday, el ex Coordinador Humanitario de las Naciones Unidas para Iraq, describió como “genocidio” la situación del país en el año 2000. También sufrieron junto a los iraquíes cuando los EEUU continuaron bombardeando el país durante todo el período que fue desde el fin de la I Guerra del Golfo hasta el comienzo de la invasión en 2003.

La Nakba actual: 2003

La precariedad de la situación de los refugiados palestinos se deterioró mucho tras la invasión de 2003 dirigida por EEUU. Mientras la sociedad iraquí sufrió bajo el peso de décadas de guerra, sanciones y sus propias condiciones de desplazamiento interno, el resentimiento ante el trato preferencial percibido les convirtió en objeto de venganzas. La comunidad palestina era extremadamente vulnerable, no contaba con grupo armado alguno que la protegiera y, a diferencia de los ciudadanos iraquíes, a los palestinos que disponían de documentos de viaje iraquíes no se les permitía buscar refugio en los países vecinos. La consecuencia fue que miles de refugiados huyeron y se instalaron en campamentos inhóspitos en las zonas fronterizas con Jordania, donde tenían la posibilidad de permanecer bajo la guarda de la policía jordana en campamentos cercados, o volver a Bagdad para que les persiguieran. A algunos palestinos con conexiones familiares en Jordania se les permitió entrar en el país, pero se les prohibió trabajar

. La Autoridad Palestina afirmó repetidamente su voluntad de acomodar en la Franja de Gaza a los palestinos que huyen de Iraq, pero Israel lo ha venido impidiendo debido a su control de las fronteras de Gaza.

En los campos de refugiados de Al-Hol, Al-Tanaf, Al-Ruweished y Al-Walid, situados en una zona desértica infectada de escorpiones, la salud de los refugiados no deja de deteriorarse debido a la imposibilidad de acceder a servicios médicos. José Riera y Andrew Harper, del ACNUR, informaron en 2007: “Han huido de las amenazas de muerte y del asesinato de sus familiares solo para tener que enfrentarse a un entorno terrible con un calor abrasador y tormentas de arena”. Los palestinos de Iraq han completado el círculo, viviendo de nuevo en tiendas de campaña, al igual que tuvieron que hacer tras la limpieza étnica de 1948.

Siria aceptó finalmente a cientos de los desplazados bajo los auspicios de la UNRWA. Jordania aceptó a un pequeño número que demostró tener algún vínculo con el país, por ejemplo estar casado/a con un ciudadano jordano/a, pero a la gran mayoría solo se les permitió permanecer en la zona desértica fronteriza en “condiciones de reclusión”. Muchas de las familias fueron finalmente reasentadas en lugares tan lejanos como Brasil, Canadá, la India y Nueva Zelanda.

Los palestinos que quedan en Iraq viven en las barriadas de At-Tweija, Al-Za’faraniya, Al-Dura y Al-Hurriya. Según el embajador de Palestina en Iraq, Dalil al-Qassus, están “viviendo en la extrema pobreza debido al alto coste de la vida y a la falta de trabajo. La ONU les proporciona algunos servicios pero su situación es de una gran miseria”.

Tras el derrocamiento del régimen baazista, los propietarios de las casas ya no estaban obligados a alquilar casas subvencionadas a cambio de pequeños pagos del gobierno como había sucedido bajo el régimen de Sadam Husein. Esos propietarios echaron a cientos de familias palestinas. Los palestinos en Iraq tuvieron entonces que soportar una burocracia hostil mientras el ministerio del interior decidía tratarles como extranjeros no residentes en vez de cómo refugiados reconocidos, que era la situación que tenían con Sadam. Como consecuencia, a los palestinos se les exigió que obtuvieran permisos de residencia de corto plazo, de un mes o dos de duración. La mayoría de los refugiados palestinos en Iraq habían nacido en el país y habían vivido toda su vida allí, pero tuvieron que pasar a solicitar regularmente la residencia sin garantía alguna de que se la concedieran. La carencia de documentos de residencia válidos en el actual Iraq pone a los refugiados en riesgo de que les arresten en los puestos de control. Como su estatus ha cambiado tras la invasión (teniendo que renovar regularmente su residencia), cada vez son más vulnerables y cada vez están más sujetos a acoso y humillación.

Según la situación política en Iraq iba deteriorándose cada vez más bajo la ocupación, los palestinos se han visto cada vez más perseguidos y amenazados por las milicias armadas que les consideran como residuos del régimen baazista. Y mientras crecía la insurrección sunní, algunos sectores de los medios de comunicación iraquíes intentaban conectar a los palestinos con los atentados. Eran un objetivo fácil para aquellos que buscan un elemento “extraño” a quien culpar.

En Iraq, decenas de palestinos han sido asesinados, torturados, tomados como rehenes y encarcelados principalmente por grupos militantes chiíes. Muchos de ellos fueron expulsados de sus hogares y tuvieron que refugiarse inicialmente en tiendas de campaña en el estadio de Haifa en Bagdad. Para los que permanecieron en sus hogares, su situación se ha hecho desesperadamente insegura tras el rebrote en 2011 de los ataques contra las fuerzas de seguridad iraquíes.

En septiembre de 2011, mientras la atención internacional se centraba en la maniobra de Abbas en las Naciones Unidas, se incrementaban los ataques contra los palestinos por parte de milicias desconocidas y agentes del ministerio del interior. La violencia fue tal que muchos estaban tan desesperados que intentaron escapar a un país ahora inseguro: Siria. En coordinación con el ACNUR, el gobierno sirio acordó concederles refugio temporal en su campamento de Al-Hol a principios de 2010, mientras la UNRWA se esforzaba en conseguir reasentamientos más adecuados en otros países.

Los principales invasores de Iraq, EEUU y el Reino Unido, no se han ocupado en absoluto en mantener unos principios democráticos básicos y defender a los palestinos. La seguridad para los palestinos en Iraq se ha ido degradando cada vez más, incluso después de la llegada de un nuevo gobierno, para dejar aún más clara si no lo estaba ya la debilidad de las proclamas de EEUU y el Reino Unido acerca de “promover la democracia” para justificar su invasión y posterior destrucción de la sociedad iraquí.

Ha habido algún intento de reducir el sufrimiento de los refugiados y, para ello, diferentes elementos de la sociedad iraquí y dirigentes religiosos de las comunidades chiíes se han reunido con el embajador Al Qassus para intentar encontrar una solución. Entre esos dirigentes se incluía el Gran Ayatollah Ali Sistani, el religioso chií de más alto rango en Iraq.

A pesar de esos gestos de buena voluntad, la realidad es que los refugiados palestinos de Iraq están en una situación extremadamente vulnerable. Ellos, al igual que todos los refugiados palestinos de la diáspora, no tienen voz alguna en las políticas y decisiones de la Autoridad Palestina. Los dirigentes palestinos han estado más que dispuestos a abandonar el derecho al retorno, salvo en una cifra simbólica. De esa debilidad siempre sacarán ventaja política las partes más fuertes. Sin voz y sin poder económico, los refugiados no podrán adquirir su justo lugar en los medios o en las agendas políticas en Occidente a menos que se adopten serias medidas, desde los niveles de base a los gobiernos para destacar su grave situación y comprender la importancia de ofrecerles justicia.

En Iraq, al igual que en los Territorios Ocupados, Israel, Jordania, Líbano, Siria y la más amplia diáspora, la Nakba no es un acontecimiento histórico sino una realidad diaria y continua. Empezando con la limpieza étnica de Palestina en la década de los cuarenta, los refugiados palestinos se han visto atrapados en un círculo vicioso. La violencia y la intimidación provocan la expulsión y el reasentamiento temporal. Esto va seguido de aún mayor violencia y mayor inseguridad sin solución alguna a la vista. Este modelo solo puede terminar mediante la implementación del derecho al retorno. Seguir esta lógica vía llevaría simultáneamente al fin del sueño sionista de un único estado judío en la Palestina histórica. Esta es una realidad muy inconveniente para muchos. Pero cualquier intento de solucionar el conflicto en Oriente Medio que no tenga en cuenta esta realidad, e ignore una estrategia clara que otorgue los derechos debidos a los refugiados para poder volver a su tierra, está condenado al fracaso.

Autor: Tom Charles para Jadaliyya.com / Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.Tom Charles es un activista londinense que formó parte de la delegación de Londres que se desplazó al Líbano. Pertenece al comité ejecutivo de Labour Friends of Palestine and the Middle East y es editor adjunto del Journal of Palestinian Refugee Studies .

Fuente: OICP

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