Nueva reforma política: más atole con el dedo

En plena campaña electoral, finalmente se aprobó una reforma política más en México. A punto de que se terminara el periodo de sesiones del Congreso de la Unión, el 30 de abril, diputados y senadores aprobaron medidas de última hora que finalmente nadie salió satisfecho, al contrario muchos quedaron desilusionados de no aprovechar una oportunidad para ser mas gobernable y democrático este país.

Al principio del sexenio, las fuerzas políticas concordaron de que “ahora sí” se haría una reforma política y electoral a fondo. En la primera legislatura de 2006 a 2009 salió mal que bien, digamos a medias la reforma electoral que hoy en esta campaña se está poniendo a prueba, hay que decirlo con claroscuros que todavía están por verse sus mejoras.

Pero en la segunda legislatura 2009-2012 se preveía que se iba ir a fondo con medidas e iniciativas para mejorar la intervención de los ciudadanos en el control del gobierno. Se pensaba en un conjunto de medidas para generar mayor participación ciudadana en un país harto necesitado en movilizar a 100 millones de mexicanos.

A partir de que el presidente Calderón presentó el paquete de diez propuestas de reforma política en noviembre de 2009, al final de su tercer año de gobierno, los grupos parlamentarios posicionaron las prioridades de su agenda. Pero también afloraron las críticas por su parcialidad, limitación y sobre todo por sus rasgos autoritarios: “promueve la concentración del poder y su ejercicio irresponsable. Es un diseño para reforzar el autoritarismo en México y para adicionar obstáculos al equilibrio y a la cooperación entre los órganos del poder”, dijeron algunos.

Fuera y dentro del Congreso (Senadores y diputados) empezaron a tomar distancia de la propuesta presidencial. Sobre todo el PRI, que domina las cámaras, planteó acentuadas diferencias, por lo menos en el discurso. Para empezar se opusieron a las candidaturas independientes ya que pueden “propiciar el autoritarismo”.

La respuesta gubernamental y de los legisladores del PAN no se hicieron esperar, incluyendo la del presidente Calderón. Defendieron la propuesta y cuestionaron al PRI de privilegiar las maquinarias partidistas por encima de los ciudadanos, de beneficiarse del statu quo, de ser un obstáculo para las reformas, y de estafar a la ciudadanía con la inacción legislativa.

Pero el verdadero campo de batalla no fueron los medios de comunicación sino las instancias de decisión de las cámaras legislativas. El grupo del PRI en el Senado tomó la delantera, su líder Manlio Fabio Beltrones era un fuerte precandidato a la presidencia, señaló que modificaría el paquete de la propuesta del presidente.

Una larga contienda de encuentros y desencuentros en las cámaras de enero a abril de 2011, entre los principales partidos, prácticas dilatorias, suspensión de reuniones, vetos, inclusive diferencias del PRI y su grupo parlamentario, entre el Senado, controlado por Manlio Fabio, y la Cámara de Diputados dominada por el gobernador del Estado de México Enrique Peña Nieto, el otro fuerte candidato a la presidencia, frenaron toda posibilidad de llegar a acuerdos sobre la reforma política.

Finalmente después de un “toma y daca” entre las cámaras y entre las fracciones parlamentarias, la propuesta del Ejecutivo que retomó el Senado fue enviada a la Cámara de Diputados. Ahí se suprimió iniciativas polémicas como la reelección de senadores, diputados y alcaldes, y otras medidas relativas al control del ejecutivo.

Entre comedia y opereta, los senadores y diputados de diferentes fracciones parlamentarias se acusaron de obstruir la reforma política. Al final, la semana pasada el 19 de abril los diputados aprobaron una reforma política “mocha” e incompleta. Ponen como grandes logros: las candidaturas independientes, la consulta popular y la iniciativa ciudadana.

Hay que aclarar que esas medidas de “intervención ciudadana” serán a nivel federal, y en los estados deberán aprobarse en cada entidad. Además de que su entrada en vigor será en 2015, es decir esperarán muchos años para verlas en realidad. Con gran insatisfacción y decepción termina una nueva etapa de reforma política.

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