Uno

Por fin, regreso al columnismo. Desde que hace unos años tuve una columna semanal en Milenio-Hidalgo, no había vuelto a contar con esta suerte. No recuerdo si es en su novela La región más transparente donde Carlos Fuentes habla de los oficios irrenunciables, con los que uno se va a la tumba: habla de los payasos, políticos, putas y periodistas. Así que no hago otra cosa que aproximarme nuevamente a un ámbito del que solo me había alejado un poco. Pero, a diferencia de mi antigua columna, que llamé “Inventario” en homenaje a la homónima de José Emilio Pacheco en Proceso, esta no será tan romántica como lo fue aquella. Y es que las cosas, a pesar del corto tiempo transcurrido, son notablemente distintas.

Si hace años escribía sobre temas solamente vinculados a la literatura, antropología y artes, ahora lo seguiré haciendo, pero con una preocupación central por lo que ocurre en todas partes, sin excepción de Hidalgo: la escandalosa vejación de los derechos humanos, la discriminación, la ilegalidad, la hipocresía. Por supuesto, fundamentalmente, de nuestra patética clase gobernante; pero también de todas y todos nosotros, cuya insensibilidad a lo que ocurre frente a nuestros ojos habría sido impensable hasta hace muy poco tiempo.

Cuando dejé de escribir “Inventario”, la guerra contra el narco no se había convertido en la peor pesadilla de nuestro país; no había empezado el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad; no se habían dado a conocer historias como las de adolescentes asesinos reclutados por la mafia mexicana; no existía esa tristemente célebre definición de ninis; no parecía que la economía de España podía caer más bajo, hasta llegar al actual nimileurismo; no había empezado el movimiento contra las corridas de toros en México. En fin, cuando dejé atrás “Inventario”, no pensaba que las cosas pudieran cambiar tanto. La realidad, sin embargo, siempre se sorprende a sí misma.

Conmovido por la fascinante explosión de los movimientos sociales del año anterior en todo el mundo, incluyendo nuestro país e Hidalgo, decidí bautizar esta columna con un nombre que puede describir muy bien lo que muchas personas sentimos: impaciencia. Tan pronto como inició el movimiento de indignados de España y el occupy Wall Street, a nivel global los reaccionarios los condenaron, con el argumento de que no basta con indignarse, sino que hay que proponer. Lejos del error que es exigirles soluciones a los manifestantes —para eso los políticos cobran mucho dinero—, este encontronazo entre los indignados y los reaccionarios es la mejor muestra de que, al fin y al cabo, tanto los más desposeídos como los mejor posicionados ya no están muy conformes con el status quo. De modo que el momento actual es precisamente de impaciencia. Me gusta pensar que estamos presenciando el prolegómeno de una eventual transformación.

Al iniciar esta aventura, adquiero por voluntad propia el compromiso de continuar abordando, desde la mirilla de la literatura, la historia, la antropología y las artes, algunos de los temas que nos rodean cotidianamente de la manera más honesta posible. Buscaré objetividad, aunque ya lo dijo Fernando Savater: si fuéramos objetos seríamos objetivos, pero como somos sujetos…

Agradezco sinceramente a la doctora Tania Meza y a cada integrante de Agencia Alternativa Desde Abajo por esta oportunidad. Se trata de una de las escasas organizaciones de la sociedad civil verdaderas de Hidalgo, que busca enriquecer la participación y la conciencia ciudadana a partir de la propia ciudadanía. Desde que hace un tiempo conocí a Tania, supe que tarde o temprano tendríamos que empezar algo. Tuve la fortuna de conocerla, cuando trabajé en la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Hidalgo, bajo la presidencia de Raúl Arroyo, teniendo como jefe al excelente Héctor Cruz. Entre mis mejores experiencias en ese trabajo, sin duda, está haber coincidido con ella. Recuerdo muy bien cuando, en un programa de radio, hablamos sobre la intención del Congreso local para tipificar el feminicidio en el Código Penal de Hidalgo. Sin saberlo, aquel momento iniciaba la coincidencia de temas que hoy cristalizan en esta columna, que es, apenas, la número uno.

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