Transfobia en Hidalgo

por Tania Meza Escorza 

 

Hace dos años, el miércoles 16 de junio de 2010, Fernanda Lavalle desapareció. La trabajadora sexual transgenérica fue desesperadamente buscada por sus compañeras de la asociación civil “Transgénero Hidalgo”, de la cual Fernanda era vicepresidenta. Cuatro días después, su cuerpo se encontró en Actopan. Estaba amarrada, amordazada y con dos balazos en la cabeza.

Justo un mes antes de este nuevo crimen por transfobia, la Organización de la Sociedad Civil “Letra S. Sida, Cultura y Vida Cotidiana”, había presentado los resultados preliminares del informe “Crímenes de odio por homofobia México 1995-2008”, mismos que señalan cinco asesinatos de este tipo en el estado de Hidalgo.

Pachuca, Tenango de Doria, Huichapan y Tepeji del Río son los municipios hidalguenses en donde se llevaron a cabo los crímenes de odio por homofobia encontrados por “Letra S” durante una exhaustiva revisión hemerográfica.

El primer crimen de odio por homofobia en territorio hidalguense aparece en este reporte con el número 112. Se llama José Abelardo. Fue asesinado en su oficina, con un arma de fuego, en abril de 1999 en Pachuca.

En seguida se presenta el asesinato de Agustín, con el número 113. Él fue ultimado brutalmente en su domicilio, con un arma blanca, cortado por el tronco y la caja toráxica, encontrado sin vísceras y con semen en el recto, en Pachuca en abril de 1999.

Con el número 138 aparece Leodegario. Encontrado en una brecha, asesinado por un amigo suyo en Tenango de Doria con arma blanca, ultrajado y con la cabeza casi desprendida a machetazos, en marzo de 2000.

Jorge de 39 años aparece en el reporte con el número 262. Su cuerpo fue hallado en un canal, luego de ser asesinado en Huichapan por dos empleados suyos, hermanos entre sí, en febrero de 2003. El último caso en Hidalgo se presenta con el número 617. Se trata de un hombre desconocido, quien murió apedreado para luego ser tirado en una brecha de Tepeji del Río, en julio de 2008.

A ellos se sumó Fernanda.

El día de su funeral, la agencia de inhumaciones se negaba a publicar su nombre de mujer, pretendían a toda costa escribir en su obituario el nombre masculino porque así estaba registrado en el acta de defunción. Hidalgo no es la excepción respecto del vacío legal para las personas transexuales y transgénero que impera en casi todo el mundo. Al final, la presión de las y los integrantes de la sociedad civil consiguió que, si no en vida, al menos en la muerte Fernanda Lavalle fuera reconocida con el nombre y el apellido que ella eligió.

Una frase recurrente en la vida de Fernanda había sido la compuesta por dos palabras inmisericordes: “Pinche puto”. Pero en el día de su funeral, “pinche puto” cedió su lugar a otra frase discriminatoria: “¡Ay, pobre muchacho!”, decía la gente que por morbo se acercaba a la funeraria. Ni siquiera entonces concedieron el llamarle “muchacha” porque en un país tan atrasado como el nuestro, la identidad genérica aún está determinada exclusivamente por el sexo con el que nacemos (¡Nuestros nietos no podrán creerlo!)

A su funeral no asistieron las autoridades de la Preparatoria número tres, que la echaron cuando ella y sus compañeras repartían condones y folletos informativos en la entrada del plantel, y luego se negaron a ofrecerle una disculpa pública, tal y como se los pidió la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Hidalgo.

Tampoco el personal de la gerencia de C&A, que tres meses antes de su asesinato la echó de sus instalaciones por pretender probarse ropa femenina. Muchos menos los diputados y diputadas locales, cerrados ante la posibilidad de legislar en favor de los derechos de la diversidad sexual porque “eso no es prioritario para Hidalgo”.

Y ni pensar en la asistencia del actual gobernador del estado, Francisco Olvera Ruiz, quien siendo secretario de gobernación estatal cometió discriminación en contra de la diversidad sexual, al no permitir que la marcha del orgullo LGBTTTI concluyera en la Plaza Juárez (principal espacio cívico de la entidad) y negarse a sancionar a concesionarios de servicios públicos que impiden el paso a homosexuales y lesbianas a cafeterías hidalguenses.

La consternación social duró sólo unos cuantos días y se olvidó. La Procuraduría estatal consignó el caso a la mesa de robos, y ésa fue la última novedad.

La homofobia es el odio hacia las personas que profesan una preferencia sexual distinta a la heterosexual. Pero dicha preferencia no resulta ser lo más peligroso, sino la apariencia de tener una identidad sexual diferente a la establecida. La transfobia, es la aversión hacia quienes pertenecen a la comunidad “TTT” transgénero, travesti, transexual.

El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) estima que la discriminación y exclusión social hacia las personas con preferencia u orientación sexual o identidad de género distinta a la heterosexual se sigue practicando. En el caso extremo de los crímenes por homofobia o transfobia, la vejación se incrementa cuando las autoridades consideran estos homicidios como “crímenes pasionales” en lugar de reconocerlos como asesinatos por odio.

En Hidalgo la comunidad transexual, transgénero, travesti no sólo padece la exclusión social y la carencia de derechos específicos, también sufre cada día la transfobia institucional ejercida en su contra por las autoridades estatales, quienes en sus infinitas soberbia e ignorancia sobre diversidad sexual, hacen que ejercer la libre identidad de género cueste literalmente la vida.

@taniamezcor

FB: Tania Mezcor

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