«¿Quieren ganarse una feria?»: crónica de la operación priísta con tarjetas de Soriana

«Quieren ganarse una tarjeta con una feria?», preguntó una mujer desde un vehículo Pointer que detuvo su marcha en el cruce de Zaragoza y Guelatao, en la Delegación Iztapalapa. Era la tarde del sábado 30 de junio, la víspera de la elección presidencial, y Ulises, Ernesto y José discutían sobre futbol y algún otro tema sin importancia.

 

«¿Qué hay que hacer?», preguntó Ulises, quien al igual que sus compañeros, es comerciante ambulante y joven padre de una niña de dos años.

«Votar por su mejor opción», respondió la mujer mientras descendía del auto, «el PRI y el Partido Verde».

A la mañana siguiente, los tres jóvenes, de 20, 21 y 24 años, estaban en una calle aledaña a su casilla, en la Colonia Ejército Constitucionalista, proporcionando los folios de su credencial de elector a la misma mujer.

«Tarjeta por tarjeta, nos dijeron», cuenta Ulises.

El trato era sencillo: proporcionarían los folios de su credencial de elector, acudirían a su casilla a votar por el candidato del PRI-PVEM, Enrique Peña Nieto, tomarían una foto del voto con su celular y regresarían por un monedero electrónico cargado con 100 pesos canjeables por mercancía en cualquier sucursal de las tiendas Soriana.

El acuerdo incluía también ir casa por casa a pedirle a la gente salir a votar por el PRI e invitar a familiares, amigos y vecinos «de confianza» a ganarse dinero electrónico.

«Después de votar, le pasamos la foto y ya la borró, y ellos la guardaron (la imagen). Estaban en un carro y tenían una terminal. Nada más la pasaron (la tarjeta) y nos dijeron que ya estaba activada, que el saldo era de 100 (pesos)», recuerda el joven.

El lunes 2 de julio, los tres amigos fueron juntos a la sucursal de Soriana ubicada en Calzada Ignacio Zaragoza 1886, en la Colonia Juan Escutia.

La tienda estaba abarrotada, varios de los pasillos ya no tenían mercancía. Después de 45 minutos de fila llegaron a una caja, cada uno con tres bolsas de pañales para sus hijos.

Ninguno de los monederos electrónicos funcionó; los tres jóvenes dejaron la mercancía en la caja.

«Era puro choro, no tenía nada», señala Ulises, burlándose de sí mismo.

Una mujer que también pagó con las mismas tarjetas les dijo que esperaran al miércoles, día en que serían activados los últimos monederos.

Afuera de la tienda, recargados en la pared, los tres amigos esperan a diario que los plásticos reflejen el saldo.

Ernesto dice que a él no «se la aplicaron», porque de cualquier forma votaría por Peña Nieto.

«Neeeee», se burlan sus amigos.

«¿Por qué por Peña Nieto?», se le preguntó.

«Porque es el que tiene más porte de Presidente», argumenta, y sigue su espera.

REFORMA 

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