Fin de un ciclo, regresa la incertidumbre 2013

Los gobiernos de la alternancia panista, regresan la corona presidencial intacta a sus antiguos poseedores. Pero lo que queda es la insatisfacción popular, la reincidencia a negar a los disidentes, la incredibilidad ciudadana y la falta de consenso social.  

 

por Pablo Vargas González
El 2012 representa el fin de un ciclo político donde se generaron múltiples expectativas democráticas puesto que en el 2000 los ciudadanos llevaron a las urnas a un partido diferente, (el PAN?) al que había gobernado el país de manera hegemónica en más de setenta años. Ni de lejos se cumplieron las demandas que por décadas los mexicanos se habían planteado. En su lugar llega nuevamente el PRI y abre un amplio espectro de posibilidades, dudas e incertidumbre.

A unos pocos días de que terminará su sexenio Felipe Calderón, los medios de comunicación, sobre todo las grandes cadenas monopólicas de radio y televisión fueron abandonando a quién protegieron desde la campaña electoral de 2006, era claro que defendían sus intereses económicos y sus ganancias no a una persona que vistieron y maquillaron como un “demócrata”.
En los mismos medios empezó una competencia por posicionar productos mercadológicos como suelen ser los de carácter político. Uno que se iba y otro que llegaba, la natural transición de relevo del cargo. Ambos pagados por el erario público, léase los impuestos que pagan asalariados y en general todos los habitantes de este país.
Por una parte, la última campaña por posicionar los “logros” y beneficios que se realizaron a lo largo de seis largos y tortuosos años. Pero fueron infructuosos frente a la nueva avalancha del “nuevo producto” ese si cobijado y creado por Televisa, junto con sus edecanes.

Diciembre de 2012 fue incontenible, desde los mismos programas televisivos que enaltecían al gobernante saliente, se produjeron críticas y ataques, desusados apenas unos meses antes. Resultó que no se combatió la pobreza, ni el desempleo, la desigualdad y mucho menos la corrupción. Empezaron a salir incluso estadísticas e informes de organismos internacionales que muestran un mal fin de sexenio.

Según informe de la misma Secretaría de Hacienda (SHCP) se encontró que Felipe Calderón elevó la deuda externa e interna de México en un máximo histórico. Adivinen quién paga este gran equivoco? La deuda interna, que proviene de dependencias del sector público federal, además de PEMEX Y CFE es de 3 billones 567 mil 800 millones de pesos. Y la deuda externa asciende a 123 mil millones de dólares. Seguiremos siendo un país dependiente a costa del desarrollo social y subordinación del exterior.

Un resultado de las “políticas de desarrollo” desde Miguel de la Madrid, Salinas de Gortari y que siguieron Fox y Calderón, es su lucha contra la pobreza y la desigualdad. Mexico en 2012 creció la pobreza y se ahondaron los abismos entre ricos y pobres. Un dato de ejemplo: la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) informó que México “es el segundo país de América Latina con mayor número de billonarios pero a nivel mundial es uno de los que menos recursos obtiene por los impuestos que cobra sobre la propiedad o el patrimonio”.

Lo anterior significa que las políticas y los presupuestos multimillonarios de los gobiernos federales (PRI, PAN) han sido una industria de fabricación de millones de pobres y de elaboración y protección de hombres de negocios muy ricos. Qué bonito país, mantenido por salarios de hambre y vergüenza y votos de grandes clientelas de marginados.
En 2012 concluye un ciclo político, de una alternancia fallida en prácticamente todos los órdenes. Ni hablar de los tremendos resultados de “la guerra contra la delincuencia, sembrada de muertes, sangre y retroceso en los derechos civiles y humanos. Empieza una etapa de estudios e investigaciones de académicos críticos, de instituciones universitarias y de organizaciones civiles que hagan un recuento objetivo del saldo rojo. Pero sobre todo será importante la opinión de la sociedad, sin maquillajes de encuestas pagadas

Los gobiernos de la alternancia panista, regresan la corona presidencial intacta a sus antiguos poseedores. Pero lo que queda es la insatisfacción popular, la reincidencia a negar a los disidentes, la incredibilidad ciudadana y la falta de consenso social. El primero de diciembre pasado es una evidencia de que se requiere el uso de la fuerza y la cooptación de partidos para gobernar. Queda sembrada la duda, y una honda incertidumbre sobre un incierto y lejano futuro democrático.

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