Hidalgo, “tierra de trabajo” y de violencia misógina

De acuerdo con la Procuraduría General de Justicia de Hidalgo (PGJH) de 2005 a 2011 se han registrado 221 feminicidios en el estado . Queda como tarea pendiente solicitar a las autoridades el número de feminicidios esclarecidos y castigados.

Protestas en Tula, Hidalgo contra los feminicidios ocurridos en el lugar. Foto: Milenio Hidalgo

por Raquel Ramírez Salgado

Desde luego que los recientes feminicidios en Tula, así como las legítimas protestas al respecto, no pueden pasar inadvertidas para la crítica y ética feminista, y es que el tratamiento, prevención y erradicación de la violencia de género en el estado de Hidalgo, al igual que en muchas otras entidades, pasa por serias omisiones, manteniendo la naturalización de los estereotipos y roles de género, así como de la misoginia.

Aunque nací en el Distrito Federal, mi origen familiar está en Hidalgo. Crecí con las apreciaciones típicas del imaginario, que supone que la “vida es más tranquila” en comunidades fuera de la acelerada dinámica chilanga; aunado a esto, mi abuelo y mi abuela siempre referían que Pachuca, Real del Monte, Tulancingo o Huejutla eran lugares seguros, ajenos a la violencia. Con el tiempo, y gracias a las enseñanzas de mis maestras feministas, me di cuenta de que la violencia de género contra las mujeres se ejecuta en todos lados, ya que es estructural y no existe sitio alguno, al menos en nuestro país, donde haya condiciones de igualdad entre mujeres y hombres.

Otro punto a tomar en cuenta es que la igualdad entre mujeres y hombres es un detonante para el desarrollo humano, así que el hecho de que Hidalgo esté ubicado como uno de los diez estados más pobres de la República cobra sentido al revisar sus bajos índices de igualdad de género. Según el Informe de Pobreza y Evaluación en el estado de Hidalgo 2012 , realizado por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), Hidalgo ocupa el lugar número nueve en cuanto a población en pobreza y en pobreza extrema, con el 54.9{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} de su población en marginación (un equivalente a 1 468 263 personas de un total de 2 675 883). El Informe sobre Desarrollo Humano en México (PNUD, 2006) estimó que en este rubro, y en el de Índice de Desarrollo Relativo al Género, Hidalgo se situó en el lugar 27 de 32 entidades.

El Sistema Informático para el Registro y Análisis de la Violencia de Género en el Estado de Hidalgo (SIRAVIGEH) indica que el tipo de violencia que prevalece contra las mujeres y niñas es la psicológica, seguida de la física, patrimonial, económica y sexual; sin embargo, la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2006 reveló que el 91.5{9e1ff1bee482479b0e6a5b7d2dbfa2de64375fcf440968ef30dd3faadb220ffd} de las hidalguenses de 15 años o más que fueron víctimas de algún tipo de violencia, han sufrido abuso sexual o algún tipo de intimidación, tanto en el ámbito privado como en la comunidad (violencia familiar y violencia comunitaria, respectivamente, con base en la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia para el estado de Hidalgo).

Y ahora, voy a acudir al párrafo que triste y cotidianamente se utiliza en estos casos: “Pese a todas estas cifras de horror y vergüenza, el Estado no ha actuado para erradicar la desigualdad y violencia de género, a pesar de la figura de los Institutos municipales y estatal de las mujeres y de la promulgación de la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia para el estado de Hidalgo”; y más números para confirmar lo obvio:

De acuerdo con la Procuraduría General de Justicia de Hidalgo (PGJH) de 2005 a 2011 se han registrado 221 feminicidios en el estado . Queda como tarea pendiente solicitar a las autoridades el número de feminicidios esclarecidos y castigados.

La periodista Aída Suárez Chávez, corresponsal de la agencia de noticias CIMAC, documentó que, desde 2008 a la fecha, al menos 20 jóvenes enfrentan juicio penal por abortar, a pesar de que la interrupción del embarazo no está considerada como un “delito” grave en la legislación hidalguense.

Así mismo, no existe un código de ética periodística para abordar los casos de violencia de género contra las mujeres, y los medios de comunicación dan tratamiento a la violencia feminicida de manera morbosa, grotesca, cuestionando o responsabilizando a las víctimas (a causa de su actividad laboral, su relación con el agresor, la ropa que usaba o la hora en la que circulaba por la calle). Incluso, hay periódicos que han denominado a los feminicidios en Tula como “la ola de asesinatos en la región”, evidenciando su ignorancia y falta de sensibilidad para entender que no se trata de una situación fortuita, ni momentánea, sino de factores históricos y estructurales que sistemáticamente oprimen a las mujeres y a las niñas por nuestra condición de género, es decir, no se trata de encontrar a un “asesino serial”, a un “desviado” o a un “loco” que anda asesinando mujeres en Tula nada más por gusto, sino de señalar la responsabilidad y falta de compromiso de cada instancia del Estado mexicano.

Francisco Olvera, gobernador de Hidalgo, declaró que apoyarían “con todo” a las víctimas (sic) de Tula, pero sin “politizar el dolor”, pero, yo le pregunto al mandatario ¿cómo no politizar el dolor, la vergüenza y el coraje si se trata de una cuestión política, o sea, de la ciudadanía y los derechos humanos de las mujeres? Tal vez Olvera quiso decir que no hay que señalar al PRI como responsable de estos crímenes misóginos y yo estoy de acuerdo, no sólo el PRI es responsable, también lo son el resto de los partidos políticos, que, con poquísimas excepciones, sólo repiten y vomitan discursos políticamente correctos a favor de la igualdad de género sin siquiera comprometerse a aprender, a ser sensibles y éticos, a actuar, a cumplir con su funciones.

La diputada Hemeregilda Estrada Díaz (PRD) informó que el próximo miércoles se discutirá en el Congreso local la tipificación del feminicidio en Hidalgo, acción propuesta anteriormente por la legisladora Yolanda Tellería (PAN). Lo importante es que las y los diputados comprendan las causas de la violencia feminicida y que entiendan que ésta no sólo incluye al asesinato de mujeres y niñas (feminicidios), sino a todo el cúmulo de acciones y omisiones misóginas que las torturan, llevadas a cabo por todos los agentes sociales, desde los cónyuges, los padres, los hermanos, las parejas y los amigos de las víctimas, hasta cada funcionario del Estado. Entonces quienes integran al Congreso local deberán comenzar con la deconstrucción de la inferioridad femenina y de la misoginia, para luego crear políticas públicas que propicien en verdad igualdad de género y bienestar.

La violencia de género contra las mujeres y las niñas puede detonar varias emociones, ya sea ira, temor, tristeza o indiferencia; a mí me provoca, además, incertidumbre y empatía porque estoy consciente de que puedo ser violada o asesinada sólo por ser mujer: un día, una tarde de otoño, caminaba a la altura de Matilde, un poblado en la periferia de Pachuca, miraba el cielo, sus reflejos rojizos, por lo que tardé en percatarme de que una camioneta negra avanzaba lentamente detrás de mí; sentí mucho miedo y conforme el vehículo se acercaba, pensaba en alguna estrategia para huir. La camioneta circulaba justo a mi lado derecho, a bordo iban cuatro hombres, quienes me acosaban sexualmente (a través de miradas y palabras lascivas y misóginas), nada les impedía subir mi cuerpo, tomarlo, violarlo y desaparecerlo; pero aquí estoy, asumiendo mi hartazgo por considerar no haber sido desaparecida o torturada como un hecho de suerte. No, ni Hidalgo ni ningún lugar es aún seguro para nosotras.

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