Cruzada contra el hambre: vicios de origen

La política social en México no solo ha fracasado sino que ha sido una fábrica exitosa de pobres, pues en treinta años la población mexicana generó más 50 millones de pobres en el país, gracias a programas electoreros, clientelares y carentes de transparencia y manejo honesto de los recursos.

 

 

por Pablo Vargas González

Cuando el gobierno federal presentó la Cruzada Nacional contra el hambre, en enero de este año como una estrategia de inclusión y bienestar social para abatir de manera masiva la pobreza, la desnutrición y la marginación social en México, generó múltiples expectativas y hubo muchos aplausos, sin embargo en el breve camino ha mostrado facetas que se alejan del objetivo y recicla lo peor de la “política social” que pueden conducir al fracaso.

Desde 1982 México inició una ruta de crisis económica y social que no se ha podido remontar: la de la escasez, la polarización de la riqueza y pobreza, la concentración de ingreso, el desempleo, en general la falta de prosperidad sostenida y también la ausencia de soluciones para enfrentar un flagelo, que en más de dos décadas fue creciendo sin detenerse. Los años ochenta que fueron conocidos como “la década pérdida” en que no hubo posibilidad de rescatar los niveles de desarrollo se extiendo tantos años que ya va a tres décadas, con lo que ello significa en los daños para varias generaciones.

Y La política social en México no solo ha fracasado sino que ha sido una fábrica exitosa de pobres, pues en treinta años la población mexicana generó más 50 millones de pobres en el país, gracias a programas electoreros, clientelares y carentes de transparencia y manejo honesto de los recursos.

Con esa experiencia de política social, lo que hoy se presenta como algo innovador no lo es, la cruzada nacional contra el hambre de la SEDESOL, presenta varios vicios de origen que la hacen peligrar o por lo menos incumplir sus objetivos más preciados. Veamos:

1) Sigue el modelo neoliberal de aplicar un programa de forma “focalizada” es decir inicia solo para atender algunas localidades de 400 municipios, cuando en México existen 2400 alcaldías y no atiende el carácter universal que debe tener una política social de amplia cobertura, en un país donde el hambre es resultado generalizado de la exclusión del modelo económico, desempleo, salarios de miseria y violencia social.

2) Tiene visos de ser una continuación de un programa electorero, como han sido sus predecesores (Solidaridad, Progresa, Oportunidades), curiosamente en esta primera etapa incluye entidades federativas que este año tendrán elecciones locales. Los municipios seleccionados han sido bastiones opositores. 3) La cruzada contra el hambre, a diferencia del Programa “Hambre cero” de Brasil, carece de una estrategia de largo plazo y no tiene mecanismo de ser una política social de estado, permanece la fragmentación de programas y la descoordinación.

4) Presenta características de programas anteriores de carácter paternalista y clientelista que no contribuye a fortalecer a los grupos sociales vulnerables sino a eternizar su dependencia con el Estado y su régimen político, al incorporar instituciones y mecanismos que hacen de la política social una dadiva graciosa del gobierno en turno pero que no contribuyen a la construcción de ciudadanos, de hombres y mujeres que desarrollan sus capacidades y generan el capital social y humano para enfrentar sus adversidades.

5) La intervención de empresas privadas transnacionales en el diseño y operación de la cruzada contra el hambre es el síntoma más evidente y garrafal de que está mal el programa. Son empresas que se han encargado de “chatarrizar” los hábitos de alimentación y nutrición que presenta la población mexicana: obesidad y desnutrición.

6) La falta un blindaje y reglas de operación autónoma. En 2009 el PRI pedía la “desaparición” de la SEDESOL “por falta de autonomía”. Se siguen operando programas alimentarios con fines de operación electoral. 7) la yuxtaposición con otros programas federales y locales, la ambigüedad y discrecionalidad de los gobierno locales y 8) las campañas mediáticas que generan falsas ilusiones y que ponen al Estado como “salvador” prevén la reedición de un nuevo traspiés anunciado con el dinero del pueblo.

La pobreza y marginación en que viven grandes sectores de población constituye un freno para el ejercicio pleno de los derechos sociales e impide la construcción de una sociedad democrática, ya que la mayoría de mexicanos no puede ejercer sus derechos políticos plenamente. La construcción de ciudadanía es hoy un proceso inconcluso. La Cruzada contra el hambre en México es un reto para el gobierno en turno y todavía puede convertirse en una política insignia y cumplir a los mexicanos. Aun es tiempo de corregir fallas y deficiencias, que tiene a mares.

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