Hidalgo tras las elecciones: Todo seguirá igual

Hidalgo. Pobreza. FOTO: Agencias
Hidalgo. Pobreza. FOTO: Agencias

PACHUCA – El ex gobernador de Hidalgo, Guillermo Rosell de la Lama (1981-1987) en campaña electoral señaló: un Estado no lo hace un hombre ni lo hace un gobierno, lo hace un pueblo. Un precepto interesante, pero con bastantes lagunas en los ejercicios de planeación pública aplicados por cada administración hidalguense.

En cada ejercicio sexenal de este Estado, el eje rector de la planeación pública es derivado por consultas populares directas; la mayoría de los casos han dejado en el olvido análisis serios de las casualidades de la economía estatal, lo cual se traduce en la re-producción del sistema de acumulación imperante, y por lo tanto, el beneficio a ciertos grupos dominantes, -máxime privados- internacionales y locales

La mayoría de los esfuerzos hidalguenses plantean que por medio de una negociación con el Estado se aminoran las desigualdades regionales; empero, es aquí donde existe una contradicción entre el poder central y cada una de las regiones y municipios de Hidalgo. Por una parte, el gobierno Estatal en turno establece su propia regionalización de acuerdo con la lógica de acumulación de capital predominante y, por otra, los intereses regionales, de acuerdo con sus especificidades históricas, supuestamente validan su voz en la planeación, al permitírseles sumar propuestas.

Parece que por el discurso y la más clara llegada a la administración pública por parte del senador con licencia Omar Fayad, se replicarán los mismos históricos diagnósticos banales en consideración a la internacionalización que vive la economía hidalguense. Diagnósticos limitados en causalidades de la nueva configuración del Estado mexicano, imprecisos por circunstancias históricas y actuales, en las cuales desarrollaba cada región natural.

Es decir, se seguirán aplicando ideas simplistas sin ningún fundamento teórico-científico que promuevan el esperado desarrollo regional al interior del estado de Hidalgo. La mayoría de sus esfuerzos se ubican en el paradigma “abajo hacia arriba”, en donde los actores centrales de los procesos regionales son los protagonistas principales de una región, la cual se concibe como un conglomerado de fuerzas sociales (concertadas) estructurada principalmente con base en las instituciones y en la burguesía local.

Por los diferentes estilos de políticas y desarrollo regional aplicados en la entidad, el principal problema radica no sólo en el criterio de regionalización estratégica propuesta sino en la desvinculación con las políticas regionales del país, así como la falta de continuidad en el largo plazo, y la limitada carga impositiva de ingresos propios, pues pese a los grandes proyectos implementados, la evidencia demuestra el nulo beneficio para la mayoría de los municipios. Para ellos se busca, por medio de transferencias fiscales y subsidios, mantenerlos a flote, salvo la región sur de Hidalgo, histórica franja de crecimiento económico.

Cínicamente, Rosell de la Lama, al final al final de su campaña, indicó: No hay lugar en Hidalgo para autoritarismos sino para la participación de todo hidalguense en su vida pública (sic).

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