Se acabaron los referentes

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Hoy en día existe un fenómeno endémico en la política: la carencia de líderes. Esto es, nos cuesta trabajo como sociedad encontrar personas que propongan las líneas de acción más convenientes en el ámbito público. Esta sequía de referentes nos ha dejado a la deriva en los agitados escenarios políticos que vive actualmente el país.

Por ejemplo, no hace mucho en el ámbito político la principal referencia era el Presidente de la República. Ahora, sin embargo, el primer mandatario es objeto de innumerables descalificaciones, improperios, burlas y cualquier tipo de sornas en redes sociales y medio tradicionales. Ese escenario se estructuró gracias a dos elementos; por un lado, la ausencia de acertadas decisiones por parte del presidente, y por otro, una creciente crítica social en los medios. En otras palabras, nunca antes tuvimos una sociedad tan exigente y colmada de posibilidades para opinar sobre el gobierno; y a la par, un presidente con tantas ineficiencias en el ejercicio del poder.

Estas dos circunstancias nos han llenado de sombras el panorama político. Pero lo más lamentable es que ese escenario representa un terreno fértil para aquellos oportunistas que se alimentan de las desgracias y, que se presentan, como mesías dispuestos a salvar al mundo gracias a su generosa misión en la tierra.

En este desierto de posibilidades nos hacen faltan referentes que visibilicen la luz al final del túnel y propongan el camino a seguir. En ese sentido, nos hace falta un Barack Obama, José Mujica, Hugo Chávez, Fidel Castro, Lázaro Cárdenas, Lula da Silva, Eva Perón, entre otros, quienes independientemente de su tendencia ideológica, marcaron el rumbo de una nación e incluso de la región.

Sin embargo, actualmente los líderes políticos están en crisis. No se encuentran fácilmente y su ausencia deja el camino abierto para los advenedizos.

¿Qué se puede hacer al respecto? Es fundamental invertir en la formación de nuevos cuadros. Crear referentes de éxito en distintas ramas de la vida social. Es importante tener ejemplos actuales (sin aludir al pasado) para que sus aportaciones nos ayuden a vislumbrar caminos y posibilidades.

Tenemos muy marcado en nuestra génesis social que la política debe estar conducida por un tótem (un iluminado). Aquel que tiene facultades distintas y que sobresale del resto. Así nos conducimos por mucho tiempo. Pero en la actualidad podríamos generar condiciones para tener un líder social que se conduzca a la par de una sociedad exigente y crítica. Que camine de la mano con la gente y que sea receptor de las diversas manifestaciones que se presentan en la vida social.

Dicho lo anterior, subrayo lo siguiente; no necesitamos en México a un Secretario de Gobernación que amague con la violencia del Estado y que reconozca que está a punto de “llegar a un límite” con las personas que se manifiestan en las calles, tampoco nos sirve un Presidente que no sea receptivo a los problemas sociales, no nos hacen falta gobernadores que concluyen su administración dejando entidades en la ruina económica y social, no queremos diputados y senadores sumisos en sus propias agendas electorales.

Pero tampoco nos hace bien, tener en las calles a miles de maestros que pretenden recuperar sus viejos privilegios, no nos ayuda en nada que políticos en desgracia se apropien de causas ajenas para logar sus objetivos en 2018, no abonan demasiado aquellos que incendian las redes sociales llamando a la revolución, en fin.

Es justo en estos momentos de crisis cuando un verdadero líder debe emerger y proponer caminos. Pero por desgracia en este momento carecemos de ese referente. No hay alguien que pueda dar un poco de luz o esperanza.

Andrés Manuel López Obrador recorre comunidades de Tabasco de 1977 a 1982 siendo delegado del Instituto Nacional Indigenista en Tabasco. FOTO: Especial
Andrés Manuel López Obrador recorre comunidades de Tabasco de 1977 a 1982 siendo delegado del Instituto Nacional Indigenista en Tabasco. FOTO: Especial

Qué lástima que los rumbos políticos obedezcan a tendencias, modas, lineamientos pasajeros y sexenales que pierden el rumbo muy temprano por ambiciones personales.

Si seguimos así no pasaremos de este círculo vicioso en donde los ciudadanos le achacan todos sus males a los políticos; y a su vez; los políticos lamentan que la sociedad sólo se la pasa quejándose de sus gobiernos.

Bajo esta lógica, nadie tiene certeza de quién se cansará primero y qué pasará en con el futuro inmediato en este país.

@2010_enrique
uam_lore04@hotmail.com

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