Denisse Valverde: La magia por vocación

Viernes

 

Has cambiado el despertar con el canto de un gallo, por el de tantos ladridos de agradecimiento.

Te levantas, caminas entre animales de peluche y otros tantos de carne y hueso.

Y entre ellos, te reflejas doble en las pupilas del troll verde que simboliza la magia de tu vida.

El momento en el cual pasaste de ser egresada de psicología de la UNAM en la década de 1980, a ser Denisse Valverde, la astróloga, la lectora de cartas de Tarot, la sobreviviente de la primera década del 2000.

Te bañas, te maquillas y caminas hacia la mesa donde te esperan las cartas simbólicas.

Detrás de ti ‘Foxy’, la perrita a la que le cortaron la garganta para que no ladrara, te sigue junto con otros pequeños y dos gatos más que también rescataste de la calle.

Siempre desayunan juntas. Tú, tus compañeras de otras especies y tu magia.

Suena la puerta, caminas al lado de una pared en la que un hombre parecido a ti te observa desde un reconocimiento académico.

Hasta que llega la primera clienta del día.

Despliegas tus cartas como arcoíris, como si la vieja mesa café fuera el cielo que haces cruzar por soles, lunas, ángeles, demonios, estrellas, hadas.

Sábado

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‘Mini Mi’, un perrito de una extraña mezcla de razas que nunca creció más allá del tamaño de un cachorrito, se acomoda entre tus manos mientras viajas en taxi al tianguis.

Aquí no eres la esotérica, eres la amiga que vendía baratijas hace años. Eres querida y lo sabes mientras navegas entre saludos y platicas.

Hace años que dejaste de poner tu puesto y aún te recuerdan.

No falta quién te busca platica sólo para verte reír, con esa sonrisa automática que te hace nunca rechazar una conversación.

‘Mini Mi’ sólo acierta sacar su mini cabeza para recibir caricias y buscar tu mirada, también con admiración.

Quien te espere en casa desesperara sin remedio.

Quien te acompañe entenderá por qué, si vas a comprar verduras para preparar una comida, te pasas más de dos horas antes de llegar a los pasillos de la venta de alimentos.

Y la espera se desvanece.

Domingo

 

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Son las tres y estás parada ante un gigantesco caldero de arroz para tus amigas vegetarianas, y sartenes con bisteces para las carnívoras.

Es un «Domingo de Denisse», una de esas celebraciones en las que convocas a amigas trans de todas las generaciones a comer a tu casa, para propiciar un casi imposible diálogo intergeneracional o, al menos, intentar que el enfrentamiento entre las generaciones «histórica» y «millenial», no sea tan violenta.

Pues conociste la violencia cuando tenías la edad de esta nueva generación «millenial».

«Duele tanto cuando las jóvenes nos dicen a las viejas que nos retiremos, que somos ‘adultocéntricas’ e insisten en ‘diálogos intergeneracionales’ que se reducen a ‘dejar de estorbarles’. Ahora pueden ir a la universidad vestidas de mujer, cambiar sus nombres y tener apoyo de sus familias», dices con un suspiro.

Lo sabes. Tu papá que no te aceptaba vestida de mujer cuando tenías que ir a estudiar «de hombre» a la Facultad de Psicología de la UNAM, pero te ha aceptado pues eres su compañera de vejez, su guardiana, la que lo cuida y lo mima, es ahora tu amigo.

«A finales de los setentas e inicios de los ochentas éramos como veinte que nos reunamos afuera del metro Bellas Artes. Y no nos movíamos de ahí para que no nos fueran a agredir. Incluso los gays nos llamaban «Vestidas». Una tarde un gay que se arriesgaba a ser nuestro amigo nos invitó a una marcha para protestar contra los abusos policiacos y así fue que nos involucramos.»

Los mitos urbanos, religiosos, han enseñado la idea de las brujas como mujeres malvadas, horribles, deshumanizadas que buscan la destrucción y la miseria.

Quien te conozca, sabrá que no siempre es así.

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