Mamá pro despenalización del aborto

Soy madre y estoy a favor de la despenalización del aborto. Hasta ahora, nunca lo había dicho de manera pública, sin protegerme usando el anonimato, pero antes de ser madre, yo aborté dos veces. Y aunque mi experiencia no es la medida del mundo, debo decir: no siento culpa o remordimiento, mi conciencia está tranquila; agradezco haber podido hacerlo de manera segura y no es un procedimiento horrendo, lo horrendo te lo hace sentir la gente alrededor diciéndote que te vas a ir a un infierno que ni conocen o que te vas a quedar estéril o que te vas a desangrar, e incluso el corresponsable que muchas veces, como en mi caso, brilla por su ausencia.

Así que repito: soy pro despenalización del aborto y me parece sumamente importante que, a la par, haya una súper campaña permanente de educación sexual integral, desde edades tempranas, para niñas y niños, porque el problema viene de ahí en gran medida. Como niña, nunca supe (perdón pa y ma por la balconeada), cómo es que una mujer quedaba embarazada. Recuerdo la explicación y dista mucho de lo real. Mi educación sexual fue tan pobre o nula, que sólo recuerdo las cartulinas del “aparato reproductorrrr” masculino y femenino que elaboré en quinto grado de primaria. Me sentía orgullosa de conocer la información de memoria, pero eso en absoluto significaba que la comprendía ¡Clásico de las escuelas donde se piensa que memorizar es igual que aprender!.


Yo aborté dos veces. Y aunque mi experiencia no es la medida del mundo, debo decir: no siento culpa (…) No es un procedimiento horrendo, lo horrendo te lo hace sentir la gente alrededor.

Desde la primaria di un salto a la secundaria y ahí sólo supe de métodos anticonceptivos, preservativos y ITS que la profesora explicaba con malicia y goce, especialmente las que afectaban a los hombres, porque su marido le había sido infiel. Me daba mucha risa ¡La clase era bárbara! pero  nadie me habló de consentimiento, de emociones, de afecto, de erotismo, de prácticas no coitales, de prevención de violencia sexual, de efectos secundarios de las hormonas sintéticas. Es decir: nunca recibí verdadera educación sexual.

Esto me enfiló en relaciones de pareja de lo más locas. En la más larga, durante  mi primer embarazo, las píldoras fallaron; el segundo fue producto de una de tantas veces en que fui forzada a tener relaciones sexuales. Era mucho más joven, no sabía cómo enfrentarme a esto, no sabía cómo terminar esta relación; no sabía, en un principio, que era víctima de violencia de varios tipos ¡Nunca aprendí! Al final de esa relación, estaba segura de que no quería tener descendencia con aquel hombre ni con nadie en ese tiempo. ¿Imaginan la vida de mi hijo(a), la mía?

Afortunadamente tuve el apoyo de mi padre, médico; conocí mujeres maravillosas que me guiaron en el conocimiento de mi cuerpo, abandoné las hormonas, fortalecí mi autoestima, estudié mucho acerca de las ITS, de prevención, empecé a poner un control de calidad más estricto para los candidatos a pareja, etcétera.

En 2017 resulté embarazada sin planearlo, pero estando con un compañero maravilloso, muy fortalecida, con mis estudios de licenciatura ya terminados, con nuevos vínculos, sueños, trabajo. No era tampoco el momento perfecto, nunca lo es, pero había algo primordial para continuar un embarazo: deseo de hacerlo, disposición para amar y cuidar.

Los(as) hijos(as) no tienen que ser castigo de nadie. Las mujeres no merecen ser castigadas por nadie. Los estigmas de cada cultura son tan arbitrarios, que quizá cualquiera de las personas que creen tener tan claro lo que es ser una buena mujer, podrían no ser “buenos(as)” en otro contexto y esto les valdría la cárcel.


Eduquemos a las niñas y niños, esa es la mejor prevención, no estar vomitando juicios y odio en contra de las mujeres.

Sólo quiero decir que para que un niño o niña nazca, para que una mujer y un hombre se conviertan en madre y padre respectivamente, hace falta plena conciencia de lo que se hace, información completa y deseo, siempre deseo. Ni siquiera el varo, porque ni todo el dinero del mundo haría que una mujer u hombre amara a un hijo(a) ni que un hijo(a) compensara la falta de amor de una madre y un padre. No sé si no les basta con la “vida” que millones de habitantes de este mundo tienen porque todo está organizado en función y alrededor del dinero.

Sé que ya no hay mucho por decir, las compañeras feministas lo han hecho bien. Han echado mano de la ciencia, demostrado lo ridículos que se ven los pseudoargumentos de los grupos provida y cómo se verían si se aplicaran a otras situaciones tan comunes como el aborto.

Soy mamá, amo serlo, amo a mi hijo(a), me cuido, pero si por cualquier situación resultara embarazada y no lo deseara, abortaría. De igual manera, si una niña, adolescente o par necesita mi apoyo para saber más de sexualidad o para abortar, yo la apoyaría sin dudarlo.

Eduquemos a las niñas y niños, hablemos sin pelos en la lengua, esa es la mejor prevención, no estar vomitando juicios y odio en contra de las mujeres que toman la decisión de interrumpir su embarazo, misma que con o sin aprobación, van a tomar.

Comments

Comentarios

You may also like